Denisse Corona

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Denisse Corona es actriz. Ha participado en cinco puestas en escena. Entre éstas, Cama caliente, Círculos en el jardín  y La Prudencia. También en cortometrajes, como Amores ridículos y Some kind of love, además del largometraje Llamando un ángel. Actualmente es una de las actrices que caracteriza a “la Princesa” en la obra El saxofonista, que presentan en el Teatro Estudio Diana, una comedia oscura y de enredos, escrita, dirigida y protagonizada por Marco Pérez.

 

Escena
La vida es como el teatro. Tienes sólo una oportunidad para dar esa función, y si no la diste bien, se pasó tu momento. Cuando uno está actuando, no existe nada más. Si a uno se le ocurre pensar en otras cosas, todo se va al carajo. Para mí el teatro significa estar en el presente y tratar de vivirlo: por eso me encanta actuar. De cada personaje descubro cosas de Denisse Corona. Cada vez que leo otro personaje, me doy cuenta que soy un poquito de todo. Es como un viaje. Hace unos días participé en un cortometraje y salía de mamá. En el proceso descubrí lo mucho que me agradaba el niño y encontré ciertas características maternales que juraba que no tenía. Fue muy interesante.

 

Olga Valencia
Ella fue mi maestra de teatro en la Preparatoria 4, de la Universidad de Guadalajara. Esa mujer me inspiró muchísimo. Cuando la veía, pensaba: “¡Guau, quisiera ser como ella!” Me impresioné con su pasión y entrega por lo que hacía. Empecé a decirle: “Oye, Olga, me quiero dedicar a esto, ¿qué tengo que hacer?”. Me aconsejó que estudiara artes escénicas. Yo argumentaba que faltaban dos años para terminar la preparatoria y que ya quería comenzar. Entonces me recomendó un taller de teatro con Eduardo Villalpando. Con él hice mi primera obra: Cama caliente, durante los años 2006 y 2007.

 

Vocación
Estudié Ingeniería industrial en el Centro Universiario de Ciencias Exactas e Ingenierías (CUCEI), pero no pienso continuar con esa carrera. No cursé Artes escénicas, porque cuando supieron mis padres de mi deseo, fue como si hubiera dicho: ”Mamá, quiero ser narcotraficante y voy a vender órganos”. Para ellos fue horrible. De hecho, hace dos semanas fui a caminar con mi papá al parque Metropolitano. Me dijo: “Sólo le pido a Dios que descubras tu vocación”. Yo le respondí: “La descubrí hace ocho años. Más bien yo le pido que tú aceptes la mía”. Ignoro el porqué de su oposición. No lo sé. Imaginaban que iba a ser prostituta, que iba a hacerme drogadicta. Lo mío es el teatro. No veo mi vida como ingeniera. Me gustaría decirle a la gente que tiene que ir en pos de sus sueños. La mejor carrera no es con la que más dinero se gana, sino la que una es feliz. Al mundo le hacen falta personas felices, no personas ricas. Ricas ya las hay, felices muy pocas.

 

Personajes raros
Me gustan los personajes raros, que salen fuera de los arquetipos, porque lo que ellos viven no se puede experimentar en otro contexto. De hecho, en La Prudencia había dos personajes súper psicóticos. Yo amaba a Trinidad, una de las dos locas. Terminaba sudada de la función y me moría de risa. Me divertía muchísimo dándome cuenta de lo idiotas que podemos llegar a ser las personas y también de que es peligroso tener miedo. Hay que temerle más a una mosca con miedo, que a un elefante.