David LaChapelle

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La cita era a las 16:30 horas en un hotel boutique de Tlaquepaque. Pero el sol siguió su curso y se volvió oblicuo. Los fotógrafos de los medios que para entonces seguían esperando su turno, reunieron sus lentes para aprovechar la última luz del atardecer.
En la libreta, las preguntas esperaban: 1. ¿Consideras cierto el sobrenombre de “el Fellini de la fotografía”? 2. El mentado kitsch de tu trabajo, ¿radica en el objeto o en tu estilo?…
La representante de 212 Productions, responsable de la presencia de David LaChapelle y su exposición Delirios de la razón en Guadalajara, interrumpe nuestras digresiones: “David quiere compartir con ustedes su comida”, dice. Y se sirven el guacamole y la salsa que ni el fotógrafo ni su musa y acompañante, la transexual Amanda Lepore, terminaron de ingerir.
La horda de periodistas aprovecha el ambigú y la digresión continúa: 3. Has dicho que titulaste uno de tus libros Artists & prostitutes porque todos tenemos algo de lo uno y lo otro, ¿qué es lo que hay de prostituta en ti? 4. En los ochenta tratabas de vender tus fotografías por 400 dólares y ni así se vendían. Ahora, ¿cuánto cuesta un LaChapelle?
Se encienden las lámparas. Los reporteros esperan la cerveza prometida por el staff cuando se anunció que las entrevistas tendrían que posponerse hasta las nueve de la noche, pues se haría un enlace en vivo con el Sistema Jalisciense de Radio y Televisión. “Lamentamos el retraso, pero ustedes tienen que aprender que así son las cosas cuando se entrevista a una celebridad”.
La cerveza llega para algunos. Revisamos nuestras preguntas una y otra vez, las susurramos en inglés, las memorizamos: 5. Tu idea del cuerpo como una creación divina es un concepto renacentista, ¿cómo mezclas lo contemporáneo con algo antiguo? 6. Dices identificarte con los muralistas mexicanos, ¿por qué? 7. Te has convertido en una especie de celebridad, aunque has declarado estar cansado de retratar famosos: ¿es una contradicción?
El programa de radio finaliza, y es el turno de La gaceta. David LaChapelle está tranquilo, no parece cansado. Por el contrario, sus 46 años apenas asoman en un par de arrugas, y en la suave retirada del cabello de sus sienes. Es un hombre bello, muy americano. Tras cinco horas de entrevistas y fotografías, ni su buen humor ni su amabilidad han variado un ápice. Saluda sonriente, con sus dientes y bronceado perfectos. Amanda está a su lado, vestido negro que se une a unos larguísimos guantes y escote inmenso. Él: mezclilla, suéter ligero arremangado, pies descalzos y una gorra de la NASA. 8. ¿Por qué? ¿Te atrae el espacio?
Las respuestas fluyen con facilidad:
1. Yo nunca dije eso. Es algo que alguien dijo sobre mí. Pero me gusta Fellini por su mirada a la cultura y a la sociedad contemporánea de un modo cinematográfico. Yo trato de hacer lo mismo con la cultura americana de los últimos 15 años a través de la fotografía: mostrar el humor, la ironía e incluso la tragedia en sus obsesiones y convulsiones.
2. No lo sé. Yo trato de decir historias y conceptos. En realidad no estoy pensando en el estilo, ni siquiera sé qué es lo kitsch. Yo sólo fotografío las cosas que encuentro interesantes o a veces absurdas, como Las Vegas: es un lugar absurdo y surrealista…
3. No hay nada de malo en la prostitución, de hecho puede ser una forma de arte, ya que se trata de dar placer. A veces hice trabajos en los que realmente no creía, o hice publicidad de productos que no usaba ni me gustaban, pero necesitaba subsidiar mi trabajo. Afortunadamente ahora puedo elegir productos que me gustan y trabajar con clientes que me dan libertad creativa absoluta. Desde que Ronald Reagan empezó a cortar el presupuesto para el arte, y dada la situación económica, los artistas dependemos del sector privado. Así que prefiero obtener dinero de XX Lager, por ejemplo, que de un gobierno que financia una guerra en la que no creo.
4. Se da demasiado énfasis a los precios del arte. Me parece que no es sano que un artista se preocupe demasiado por las subastas, pues termina por convertirse él mismo en un valor mercantil. Trato de no poner demasiada atención en ello. Sé que se está vendiendo bien mi obra, y eso es lo único que necesito saber.
5. La fotografía es un medio muy nuevo, así que el solo hecho de usar la fotografía hace mi trabajo moderno. Pero tomo las ideas del Renacimiento y las reinterpreto hoy, en esta era oscura en la que el cuerpo es referido inmediatamente a la pornografía. Estoy tratando de cambiar esas ideas al mostrar el cuerpo de un modo diferente. Es un concepto interno. Es en lo que yo creo.
6. Lo que me gusta de los muralistas mexicanos es que hicieron arte que cualquiera puede entender. Hay muchos artistas hoy que no hacen ningún intento por comunicarse con el público, sólo se suman a la confusión general, e intimidan al espectador. Yo no quiero tener que leer páginas y páginas para entender una instalación. Quiero conmoverme con una pieza, emocionarme, comprenderla. El rol del arte contemporáneo es ser un reflejo de la sociedad, pero aún más: ayudar a la gente a entender nuestro tiempo.
7. Bueno, sé cómo se han difundido esas ideas y puede ser cierto un día, pero al otro ya no. Lo sé porque lo he visto. Así que no le doy importancia. Para mí, la creación es lo fundamental y lo más importante.
8. Pues mis maestras siempre decían que estaba en la Luna. Pero en realidad estaba pensando en mis propias ideas, y no en lo que estaban diciendo. Así es que sí, siempre he parecido estar como perdido en el espacio.
Muchas gracias David. La siguiente entrevista es para televisión y les ha gustado la lavandería del hotel para ambientar. LaChapelle y su musa desaparecen en la trastienda. Tres revistas más esperan su turno. Salgo a la calle: la noche ha caído, cerrada y oscura.

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