Cuando el tiempo se pone maya

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    Los mayas fueron quienes mejor midieron el tiempo. El cómputo sistemático, laborioso y metódico que lograron de los movimientos de los astros, les sirvió para crear efemérides precisas y complejos calendarios.
    La necesidad de seguir patrones de vida regidos por un tiempo exacto, los inspiró a crear varias cuentas calendáricas: las de 260 y 365 días son de las más importantes.
    “Esta proeza matemática y astronómica, para la cual solo utilizaron sencillos instrumentos, les permitió predecir fenómenos como el anunciado para el solsticio de invierno del año 2012, que será el fin de su cuenta corta y de su cuenta larga”, señala el físico Durruti Jesús de Alba Martínez, adscrito al Instituto de Astronomía y Meteorología (IAM), de la Universidad de Guadalajara.
    “Ambos calendarios coincidían en ciertas fechas. En este caso, el solsticio de invierno de 2012 marca un nuevo inicio, el último que los mayas calcularon. Hay que entender que sus calendarios son eminentemente cíclicos, por lo que sorprende el nivel de precisión alcanzado. Pudieron graficar y contar con efemérides científicas calculadas hace más de mil 500 años”.
    A siete años de distancia de 2012, han surgido diferentes interpretaciones y grupos que estudian lo que pudiera ocurrir en esa fecha. Para algunos no representa ningún cambio; para otros, en cambio, es el anuncio de una nueva etapa para la humanidad.

    Internacional
    El Tzolkin (cuenta corta de los días), calendario astrológico de 260 días con 20 meses de 13 días cada uno, regía la vida del pueblo. El Haab (cuenta larga) tiene como base el recorrido anual de la Tierra alrededor del Sol, con 365 días repartidos en 18 “meses”, llamados Winal, de 20 días cada uno y cinco días sobrantes, a los que se les denominaba Wayeb. Esto les permitía conocer la ubicación de la Tierra en su órbita alrededor del Sol.
    La exactitud de sus cálculos era tal, que su calendario es más preciso que el Gregoriano (en uso desde 1582). Al entrelazar los dos calendarios obtenemos la “rueda calendárica”, ciclo de 52 años en los que no se repite ninguno de los nombres de ninguno de sus días.
    Tan solo en la página electrónica de José Argí¼elles (www.tortuga.com), quien es considerado el primer divulgador masivo del calendario con base en el tiempo maya, hay ligas para conectarse con grupos en 25 países.
    “En Japón hay más de 50 mil personas que estudian y practican con asiduidad el calendario maya propuesto por Argí¼elles, y lo mismo sucede en Brasil, Chile, Argentina, Estados Unidos, Perú, Venezuela. Hablamos de que debe haber más de un millón de personas que siguen el calendario de las 13 lunas y 20 kines planetarios”, explica Luis Zavala, uno de los representantes de Argí¼elles en México.
    El fenómeno ha rebasado las fronteras. Para la ceremonia de consagración realizada por José Argí¼elles en la pirámide del Sol en Teotihuacan, el 21 de diciembre del año pasado, la cual dijo, sería “una preparación del advenimiento del Sexto Sol en 2012”, asistieron más de dos mil personas de diferentes partes del planeta.
    “Encontré amigos de Europa, Asia y de toda América, que asistían todos con el mismo propósito: prepararse con conciencia a siete años de distancia para recibir el Sexto Sol”, explica el periodista Víctor González Quintanilla, director del canal interno de televisión RCU, de la UdeG, presente durante la ceremonia.
    “En clases, son numerosos los alumnos que me preguntan y están interesados en conocer el calendario que promueve José Argí¼elles. Tengo alumnos que no les interesa el tema o se mantienen distantes, pero en cuanto escuchan su propuesta les parece interesante”, señala la maestra Lourdes Hernández Armenta, quien imparte literatura prehispánica en el Departamento de Lenguas Indígenas, adscrito al Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH).
    “Los alumnos saben que nuestros antepasados tenían bastante respeto por la que consideraban la Madre Tierra, por lo que muchos de los que estudian estos calendarios han encontrado en este movimiento un compromiso con la defensa del ambiente, y hasta son vegetarianos”.
    Por su parte, el doctor Conrado Ulloa, quien imparte clases en la maestría en antropología latinoamericana, adscrita al CUCSH, explica que el hecho de que los jóvenes se interesen por este tipo de fenómenos se debe a que “están decepcionados del sistema y de la religión, y buscan hasta ir en contra del autoritarismo del gobierno y de sus padres.
    “Quizá muchos que siguen estos calendarios sean un tanto esnobistas y no lleven a la práctica con toda disciplina y rigor el sincronario de vida que propone José Argí¼elles, pero es indudable que en todos esos conocimientos que a muchos les parecen nuevos, hay un trasfondo de gran seriedad”.

    El origen
    El estudio de los calendarios mayas comenzó a cobrar importancia masiva cuando el méxico norteamericano José Argí¼elles anunció lo que llamó la “Convergencia armónica”.
    La fecha: 16 de agosto de 1987. ¿Qué sucedía en ese momento? La profecía del retorno de Quetzalcóatl: el inicio de un nuevo ciclo que marcaba la apertura de los 13 cielos de Quetzalcóatl y el fin de los nueve infiernos de Tezcatlipoca, etapa que comenzó en 1519 con la llegada de los españoles a México Tenochtitlan.
    En su libro El factor maya, escrito en 1987, Argí¼elles pregunta: “¿Será acaso Tezcatlipoca, el Señor Oscuro del Tiempo, la contraparte embaucadora de Quetzalcóatl, quien, disfrazado de Cortés, llegó a México en 1519, para anunciar el ingreso al actual ciclo infernal de 468 años?”.
    El fundador de la Mancomunidad de la América India Solar (MAIS), Domingo Días Porta, en su libro Aquí Amerrikúa explica: “Los aztecas del México antiguo recibieron una profecía de boca de una de las primeras encarnaciones de Quetzalcóatl, divinidad relacionada con la paz y la sabiduría. La profecía hablaba de un largo periodo que empezaba en 843 después de Cristo, que marcaba el fin del periodo Maya Clásico, y que fue dividido en lo que se denominó los trece Cielos y los nueve Infiernos”.
    Explica que cada cielo y cada infierno había de durar 52 años, o sea un ciclo menor del sistema calendárico mesoamericano. El cielo decimotercero terminaba el 22 de abril de 1519, el día en que Cortés y los invasores españoles desembarcaron en las costas de Yucatán, presagiando el fin de ese ciclo.
    La profecía continuaba con la predicción de que cada uno de los sucesivos nueve infiernos sería peor que el anterior (el último más caliente aún, como ocurrió en 1945 con la explosión de la bomba atómica en Hiroshima y Nakasaki), no solo para México, sino para el mundo.
    “Finalmente, en el día último del noveno y último infierno, Tezcatlipoca, el dios de la muerte y la destrucción, removería su máscara de jade para revelar su verdadera naturaleza subyacente: Quetzalcóatl, el dios de la paz. Los infiernos terminarían, y un nuevo periodo de Cielos amanecería para el mundo. Al realizar la cuenta del tiempo de los Nueve Infiernos, nos encontramos que el primer día del Nuevo Cielo, para el calendario actual, sería el 17 de agosto de 1987.”
    En otro de sus libros, El encantamiento del sueño, Argí¼elles explica que el 16 de agosto de 1987 la distorsión del tiempo tridimensional de la proporción 12:60 llegó a su final. Con el encantamiento del sueño de la historia resquebrajándose, el don de la proporción 13:20 ha vuelto una vez más. Este momento es el giro del tiempo.
    De 1987 a 2012, sería la etapa de transición para despedir el Quinto Sol y prepararnos para el advenimiento del Sexto Sol, “lo que Argí¼elles llama el nacimiento del superhombre, es decir, una nueva humanidad que apostará por una mayor conciencia, una auténtica hermandad planetaria”, señala González Quintanilla.
    “Vivimos un tiempo muy emocionante. Siempre hemos estado en la noche. Nunca hemos visto el amanecer de la galaxia, porque esto ocurre cada 525 mil años. Argí¼elles asegura que van a suceder cosas extraordinarias, como la creación de la nohósfera: la mente colectiva del planeta aportará lo necesario para la evolución de la conciencia de la especie y en la que el hombre vivirá sin afanes ni ataduras materiales”.

    La ciencia dice
    “Nosotros no hemos encontrado nada relevante que pudiera ocurrir para ese año”, señala el investigador del IAM, ingeniero Rubén Aguirre Salas. “Las predicciones de lo que pudiera suceder para el año 2012 quedan a la libre interpretación de cada quien”, revira De Alba Martínez.
    Sin embargo, Conrado Ulloa señala que “debemos tomar en cuenta que los mayas llevaban cuentas distintas y desconocidas para muchos estudiosos de la actualidad. Ya no solo se trataba de medir el año de 365 días, sino de contabilizar las llamadas eras cósmicas”.
    Agrega que ahora hay suficientes datos para considerar importantes y dignas de estudio las fechas y pronósticos que plantea Argí¼elles para 2012. “Tal vez hace 20 años lo sentía bastante soñador, y su información no me animaba a catalogarla, pero ahora las investigaciones al respecto han avanzado mucho como para no tomarlo en cuenta”.
    Subraya que si Argí¼elles y sus pronósticos “fueran pura charlatanería, yo no le dedicaría ni medio segundo en clases a revisar esos temas. Cuando analizamos las antropologías prehispánicas, en la maestría de antropología filosófica, son puntos de vista que debemos estudiar y considerar”.
    Añade que quizá esos temas parezcan “demasiado locos” para la mentalidad positivista de algunas autoridades, “pero si se salen de esos cánones, verán que hay investigadores serios que están jugándosela a fondo”.