Comunitarismo

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El modelo de globalización neoliberal continúa siendo foco de discusión en el ámbito mundial. En todas partes y desde sectores distintos, el debate acerca de los desequilibrios, injusticias y la filosofía del neoliberalismo, está vigente.
En México, mientras el gobierno del presidente Fox defiende la economía abierta sin regulaciones, el PRD y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) critican a este sistema que ha profundizado la desigualdad y la pobreza, en aras de un individualismo egoísta.
Si analizamos el debate en otras latitudes, podremos darnos cuenta que existen miles de voces que se han dado a la tarea de buscar alternativas al proceso de globalización económica y su paradigma cultural. La discusión es plural e intensa, con aportaciones de carácter histórico, provenientes de partidos políticos, así como de corrientes de pensamiento que han criticado la lógica económica y la estructura político-filosófica que sostiene al capitalismo.
Desde el siglo pasado, las críticas al liberalismo provienen tanto de los partidos socialistas, como de socialdemócratas, socialcristianos y de una infinidad de expresiones académicas, sociales y religiosas, incluido el actual movimiento altermundista, el pensamiento de liberación latinoamericano, la doctrina social católica, movimientos ecologistas y de derechos humanos, entre muchos otros.
Dentro de este mosaico de corrientes propositivas podemos ubicar al comunitarismo, que si bien no tiene una estructura organizada de corte partidista, es un movimiento que agrupa a intelectuales, académicos y representantes de organizaciones no gubernamentales de España, Estados Unidos y América latina. Desde esos lugares se debate, a partir de hace 10 años, la necesidad de construir una opción capaz de configurar un nuevo orden mundial, donde el protagonismo de la sociedad resulta esencial ante el predominio de los mercados y los Estados nacionales.
El comunitarismo critica el carácter individualista del modo de producción liberal y se presenta como una filosofía política que sustenta a la llamada socioeconomía de la solidaridad. Dicha doctrina, según sus autores, pretende reconducir la ciencia económica en el seno del contexto social y moral, con criterios de racionalidad, para lograr la justicia y la solidaridad, y no solamente la maximización de las ganancias.

Investigación y orden moral
Es importante decir que los comunitaristas han priorizado la investigación académica, para argumentar sus postulados, a diferencia de muchos partidos políticos cuyas proposiciones ante el capitalismo contemporáneo parten de discursos ideológicos poco sustentados. Al respecto, la Sociedad Mundial de Socioeconomía (Sase), uno de los espacios convergentes del pensamiento comunitario, fundada por Amitai Etzioni, señala que uno de sus propósitos es “promover una mayor comprensión del comportamiento económico a través de una amplia y variada selección de disciplinas académicas”, con lo que dejan claro que sus elaboraciones teóricas no son ocurrencias ni simple ideología.
Sobre la cuestión moral, los comunitaristas resaltan la importancia de colocar el asunto de los valores como el centro de todo proyecto económico-político. Etzioni refiere que el orden moral con base en valores compartidos, puede dar estabilidad a la sociedad, porque éstos regulan el pensamiento social.
En su libro La nueva regla de oro, precisa que el camino hacia una buena sociedad implica asumir el bien común, y no el individual que los teóricos del liberalismo sugieren. Por ello propone, desde una perspectiva comunitaria, construir una sociedad en armonía, siempre y cuando se formulen los conceptos sociales del bien.
José Pérez Adán, otro de los intelectuales de la teoría comunitarista, indica, refiriéndose al tema de la desigual distribución de la riqueza, que en nuestros tiempos es necesario el diálogo moral por sobre la legislación positiva, aunque no descarta la importancia de ésta. Es decir, reafirma la trascendencia que tiene en la era global el asunto ético. Menciona que en el contexto mundial y en la vida interna de los países, “la legislación y las políticas solas están mostrando su ineficacia”.
Este sociólogo español, al insistir en el tema, aclara que los enfoques comunitaristas no intentan imponer códigos morales a las personas, sino que a través de los diversos sistemas educativos se vaya dando paso a “entendimientos” que procuren actitudes y aptitudes óptimas de cara a la vida en sociedad.

Protagonismo social
Tanto Etzioni como Pérez Adán resaltan la importancia de buscar el equilibrio entre mercado, Estado y lo que ellos denominan Tercer sector (sociedad). Se trata, dicen, de permitir el protagonismo de la comunidad, para que participe tanto en el desarrollo económico como en las decisiones gubernamentales.
Esta visión tiene especial relevancia en la sociedad mexicana, caracterizada por estar sometida históricamente a las fuerzas del mercado y la política partidista.
Los autores del comunitarismo refieren que una buena sociedad y su correspondiente modelo de socioeconomía de la solidaridad, busca que los intereses económicos no estén separados de los intereses humanos, llámense éticos, sociales, culturales o políticos, ya que precisamente la lógica individual de acumulación distanció a la economía de la sociedad, fenómeno que ha profundizado las desigualdades y la pobreza social en el mundo.
En contrapartida, la socioeconomía toma como referente práctico a la solidaridad, como la vía de construcción de un mercado social cuyos beneficios alcanzan a todos los sectores de la población. Como dice el uruguayo Pablo Guerra, “las economías solidarias son alternativas concretas al capitalismo”, cuyas prácticas se caracterizan “por distribuir en base a relaciones de reciprocidad, por consumir en base al reconocimiento de plurales necesidades, y por acumular con sentido comunitario”.

A manera de conclusión
El comunitarismo es una opción que viene interpelando al modelo global desde los noventa, y al igual que otras alternativas, intenta construir una propuesta que haga contrapeso al fenómeno capitalista y su entramado político-filosófico. Como bien afirma Pérez Adán, la política y las leyes no resultan suficientes para edificar sociedades fraternas y prósperas, por lo que es necesaria la discusión en el campo de la ética.
En este sentido se puede afirmar que el mundo requiere de una profunda reforma moral que valore al ser humano como la creación más importante en la Tierra. La persona no puede ser nunca objeto o mercancía en los procesos económicos.
De este modo, la disyuntiva que tenemos por delante es: o seguimos en el camino liberal del individualismo o pensamos el futuro en sociedad para dar paso a un nuevo paradigma cultural, en que los valores, la comunidad, educación, familia, ecología y la libertad sean lo más importante.
La respuesta sigue abierta.

* Investigador del Departamento de Estudios de la Cultura Regional.

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