Claroscuros de los Panamericanos

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    Ante el lucimiento de algunos deportistas en lo que va de los Juegos Panamericanos, queda en claro que su organización deja mucho que desear, y más el nulo desempeño de los organizadores. Pero lo que podría ser pecata minuta, hace más evidente que para el gobierno de Jalisco lo importante fue que cantaran los Fernández en la inauguración y no mostrar que existe capacidad para transformar en verdad a una ciudad anfitriona.
    Las huellas indelebles de la pobreza de visión es una marca ya registrada del gobierno panista, pues Guadalajara parece una ciudad no de tercer mundo, que lo es, si no una geografía devastada y pobre en toda la extensión de la palabra, pues su aspecto es deplorable y es y será una herencia para muchos años.
    Las calles y avenidas, las arterias de alta velocidad y sus espacios, no lograron nunca una modificación reparadora que los habitantes de esta ciudad podrán presumir, ni por asomo, pues es increíble que pese a la celebración internacional poco mejoraron los espacios sociales y públicos: resaltan por su destrucción y por continuar tan empobrecido como si aquí no pasara nada.
    La gente se dejó engañar por el espectáculo de la apertura, donde se gastaron millonadas, la gente no repara en el despilfarro que se irá a la basura sin traer beneficios claros a la ciudadanía… en realidad los Juegos Panamericanos se volvieron un lugar “aparte” y su realización fuera del beneficio ciudadano que, en otras ciudades de Latinoamérica, hubiera sido de otro modo.
    Es una exigencia social que este tipo de eventos traigan beneficios a las ciudades sedes, pero en cambio en Guadalajara lo que se nota es la misma pobreza local, aunque se dé una apariencia de riqueza y bonanza ante los gastos que se hicieron.
    Nada ha dejado, ni dejarán estos juegos, la misma pobreza y devastación es lo que quedará. Unas medallas, sí, pero eso solamente traerá cambios a los ganadores, porque los tapatíos, la sociedad jalisciense, es la Gran Perdedora: sin oro, ni plata, ni bronce, únicamente queda en todos el mal sabor de boca de haber pagado con nuestros impuestos algo que nunca nos trajo ni buen aspecto en la ciudad, ni derrama económica.
    Tal vez se maquillarán las cifras de las “ganancia”.

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