Chichis y mota para sobrevivir al sexenio

456

Al final de cuentas, El Santos contra la Tetona Mendoza es una película en la que triunfa el amor y la mariguana, como debe ser. Dos cosas indispensables para sacudir las conciencias en un país atestado por los Zombis de Sahuayo: los mediocres, los sin personalidad propia, los que nunca cambian, los autómatas de sus relaciones y sus trabajos que no se autocuestionan, pero a la vez la masa que alimenta a los que no están como ellos atados a su servidumbre social. “Pare de mamar”, diría El Santos mientras se imagina acurrucado entre las chichis de La Tetona, consumiéndose en su interminable chora. Lo malo es que cuando despierte, Las Poquianchis del Espacio habrán venido a cortarle sus güevitos por no saber comportarse como hombrecito educado y tapatío, como Jis y Trino, chingado.
La animación de los personajes de El Santos, que nacieron a finales de los ochenta como tiras cómicas en diarios, es un filme que termina por ser necesariamente esperado, ya no digamos por su aportación cultural a la guarrez, sino al menos por premiar la tenacidad de sus creadores. Fue en 1999 cuando la productora Lynn Fainchtein, luego de algunos acercamientos con Trino, decidieron hacer una película de sus monos. Huelga decir que transcurrieron más de 12 años sin que pasara mucho con el proyecto, aunque Jis prefiere olvidarlo para evitar las quejas constructivas de sus admiradores, pues el guión no se obtuvo sino hasta 2008. Pero, a pesar de que ya se había presentado en el Festival de Cine de Morelia y en el DF, llegó finalmente la premiere en el Teatro Diana, la noche del 28 de noviembre. Demasiado importante la ciudad de Guadalajara para exhibirla previa a su estreno comercial, pues para Trino aquí son más “críticos y más cabrones, y están nuestra familia y amigos”.
Obviamente los organizadores de la presentación en el Diana, no quisieron perder la oportunidad esa noche para tender la alfombra roja sobre la que desfilaron algunas “personalidades” invitadas a la premiere. Lamentablemente para cuando arribaron los que realmente importaban, ya todo el público estaba dentro del teatro, impacientes por el inicio de la película. Aparecieron en el escenario los productores, los actores Regina Orozco y Héctor Jiménez; entiéndase La Tetona Mendoza y el Cabo, y luego Jis y Trino, que abrió la noche con la frase que durante seis años cualquiera deseaba escuchar: “En estos momentos un pendejo está despidiéndose como presidente, pero todo mundo está aquí”. Mientras tanto en cadena nacional, se transmitía el ególatra mensaje de Felipe Calderón diciendo adiós como mandatario, y asegurando que dejaba un país mejor y más fuerte. Justo como en las primeras escenas de la cinta, cuando El Santos dice que lo que necesitan los oprimidos y jodidos es un video que los reconforte.
Si hay algo que abunda en los cartones de Jis y Trino, y por supuesto en su película de El Santos, es un soberano desmadre de personajes y acciones absurdas y vulgares, pero dentro de un contexto de referencias a la cotidianidad social, política y cultural. Dice a propósito Guillermo Sheridan: “Esa última ratio de nuestra idiosincrasia, esa mezcla de tara y tarea, de accidente y empeño, en la que los mexicanos solemos hospedar (y aumentar) nuestro desconcierto”. Quizá por la magnificación que a ese desconcierto da el celuloide, es que Trino teme que después del tiempo transcurrido en la realización del filme la gente pudiera decir “y tanto para esta chingadera”, y esto a pesar de que ni los dibujos ni el guión fueron hechos por ellos, ya que “dejo de ser un producto íntimo […] le entregamos nuestro hijo a un equipo”, dice Jis, sabiendo que confiaron en desprenderse de sus creaciones, pero para que con la mirada de otros se respetara la esencia y los elementos de sus ideas originales. Para la animación,  Jis y Trino pidieron a los dibujantes que se “pachequearan” para que pudieran reproducir la “malhechura” de sus creaciones. En la película algunos personajes menores fueron doblados por la voces de Jis y Trino, y además aparecen algunos cameos de ellos.
Incluso tratando de conservar el desorden “controlado” de las historietas, no es igual de fácil mantener la tensión de la trama que se logra en unas cuantas viñetas, que durante hora y media de animación. Jis mismo ha dicho que aunque es parte de su original encanto, le resulta un tanto deshilachada y dispersa, con chistes que quizá a veces no cuajen del todo, que preferiría no seguir viéndola –aunque esto se pueda deber a una saturación de su parte–, para no seguir encontrando errores, y aunque Trino admite también que peca de ser un “collage de miles de cosas”, no deja de calificarla de divertida, pero también de “pacheca y puerca”. Lo que preocupa es que Jis diga que en partes la percibe escatológica en exceso y en otras, gratuitamente grosera, pero a la vez sabe que las caricaturas actuales pueden ser tan fuertes que El Santos parecería “guango con sus pataletas”. En fin, que ni él mismo podría definirla, ya que “a ratos es infantil, a ratos hardcore, pero también naca y hasta experimental”.
De todo, resulta un hecho que en México sea nuevo contar con este tipo de animación, que para Trino aquí se constituya incluso en un underground y que no se propusieran hacerla más comercial o suavizada, cosa que defiende Jis, pues al crear la tira cómica “nunca se nos ocurrió el ablandamiento del personaje (El Santos), ni éste se dejó mangonear”. En todo caso el que perdió la voluntad fue Daniel Giménez Cacho, ya que prácticamente fue poseído por el espíritu del también conocido como Sanx o Panzón, entre otros nombres, para conseguir el papel e interpretarlo, de acuerdo a mi lectura de los “cuentos” de los caricaturistas, pues según ellos, fue el ideal al ser él mismo en su propio desmadre, y ni qué decir de Regina Orozco, que en el caso de la Tetona Mendoza, “nació para ser ella”. Por eso Regina no podía haber hecho mejor cuando en el Diana tomó el micrófono para dirigirse al auditorio con un “lo único que puedo decir es: chichis power”.
He aquí el cuadro de la película: El Santos fumando mota, y caga a cada rato. Zombis atraídos por la Rondalla de Saltillo, que interpreta “La Bikina”. Las banderas del Atlas en las astas de las plazas públicas. Zombis cortados en rebanadoras de jamón y otros con el cerebro cocinado en “sesadillas”. El Santos comiendo torta ahogada y hablando con su gamborimbo. Ponquianchis en naves espaciales armadas de secadoras de pelo y batidoras, sometiendo a los machos a los campos reeducamiento masculino. Medidas sanitarias con tapabocas para evitar la propagación del virus de la zombiosis. Sexo y mocos. La Tetona convertida en Señora Presidenta Vitalicia, el Cabo –que es genéticamente medio zombi– con sus mariconadas pidiéndole al Sanx que se ponga sueter para el sereno, y el Peyote caído en desgracia a causa de un aguacate. Si en verdad en algún momento se llevara la película al extranjero, habría que pensar que la broma de Jis de que Rusia sería lo ideal, porque se reirían sin entender nada, no suena después de todo algo tan descabellado.
Al termino de varias entrevistas que un día antes de la premier, concedieron Jis y Trino en la FIL, los acompañé (casi perseguí) unos minutos por los pasillos de la Feria, mientras se dirigen a la última cita de la tarde. Trino parece un poco estresado, pero Jis sigue con su permanente mirada y sonrisa pachecona de buena vibra. Aún así, ante las prisas de su agenda, sólo alcanzo a comentarle que esto ha de parecerle una chinga, y él sin perder su aletargada alegría me contesta que empieza a sentirse como un “zombi de la hilaridad”. Empiezo a creer que estaba más preocupado de lo que parecía, sobre todo cuando leo parte del epígrafe que deja en el libro que se ha hecho a propósito de la cinta: “Estaremos con la frente en alto, la mirada clara y los huevos arrugados”.