Cambio de aires cambio de gobierno

558

El cambio de estafeta en el gobierno de Jalisco se da entre la desilusión y el desencanto. En la historia de las sucesiones en esta entidad se recuerdan diferentes circunstancias, pero la más emblemática es la de 1995, cuando un carismático Alberto Cárdenas alimentó la esperanza de un pueblo jalisciense que tenía las heridas frescas por las crisis económicas y las explosiones en el sector Reforma.
La ilusión se fue marchitando ante la falta de resultados y 18 años después sobrevino la decepción: la paciencia de los jaliscienses terminó. Ahora hay quienes ven en la salida del panismo una oportunidad de enmendar el camino y una renovada ilusión. Sin embargo, hay otros sumidos en el desencanto, porque la clase política, sea de cualquier partido, no ha resuelto los grandes problemas de la población, explican expertos consultados por La gaceta.
“Después del desgarriate de los últimos 18 años, sobre todo el primer gobierno panista y este último, que fue una calamidad en todos los frentes, con el cambio de gobierno se respira una ilusión, un anhelo de que quienes vienen puedan hacer las cosas mejor”, considera el historiador José María Muriá.
El escritor rememora que este clima de ilusión no se parece al de 1995, sino más bien al de 1988, cuando postularon a Guillermo Cosío, luego de los períodos de Flavio Romero y Enrique Álvarez del Castillo.
“No es un buen antecedente. Recuerdo que había un entusiasmo parecido cuando Guillermo Cosío Vidaurri fue postulado. La diferencia es que Cosío venía de funciones en la capital y este es un movimiento local, un grupo político que crece aquí, se desarrolla aquí y llega a la gubernatura desde la perspectiva de la oposición y es una diferencia importante”.
Para el investigador del Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas, Andrés Valdez Zepeda, Jalisco vive una sucesión inédita: “Es histórica, porque un partido político que fue desplazado hace 18 años, regresa al poder. Eso habla por un lado de la alternancia en el ejercicio del poder público. Por otro lado es preocupante y triste observar la situación en la que la actual administración deja las finanzas públicas”.
¿Advierte algún clima de ilusión con el ocaso del panismo? ¿Desde una perspectiva histórica, se parece este clima a otro que se haya dado en Jalisco? Este es distinto. Hay un desencanto de la ciudadanía hacia los políticos. No existe efervescencia, ni esperanza, ni la gente está esperando que las cosas cambien para bien. Esperan que más allá de las anécdotas, lo que haga el próximo gobierno sea ayudar a los más necesitados.
¿Qué esperaría del nuevo gobierno? El PRI debe entender que son nuevos tiempos. La ciudadanía no les entregó un cheque en blanco. Es oportunidad de generar políticas públicas que beneficien a los ciudadanos, que eliminen los excesos y los errores que en su momento los hicieron salir del gobierno. No más autoritarismo, no más corrupción, no más ejercicio indebido de la función pública. Los nuevos tiempos implican mayor transparencia y rendición de cuentas, comunicación con otras fuerzas políticas, gobernar para todos y siempre dar resultados.
El investigador de la Universidad de Guadalajara considera que aún siguen sin respuesta las penurias que azotan a los jaliscienses, como la pobreza, la marginación, el desempleo y la inseguridad.
José María Muriá destaca que esta nueva generación del PRI debe entender y asumir la responsabilidad histórica que tiene en sus manos: “Ojalá esta muchachada joven y entusiasta recupere muchos de los principios validísimos que había ejercido el PRI durante muchos años, pero que también destierren muchos de los vicios que tanto daño le hicieron al PRI y a la propia patria. Que en eso enfoquen su entusiasmo y su juventud”.

Vigor desde la movilización social
Para el doctor Jorge Alonso Sánchez, del Centro de Investigaciones y Estudios en Antropología Social (CIESAS) occidente, la alternancia no ha sido la solución y por ello las sucesiones son lo de menos: “Hubo un tiempo en que creíamos que se necesitaba la alternancia por la vía electoral para propiciar que otros partidos que no eran como el que había predominado largamente, tuvieran la oportunidad de abrirse a los ciudadanos y propiciar que los puntos de vista cívicos intervinieran en las decisiones de las políticas. En lo particular yo era bastante iluso e ingenuo. La realidad ha sido una maestra dura, que me ha sacado de mis errores”.
Apunta: “Eso no se ha dado, ni se dará, porque es imposible. Por eso todos los partidos viejos y nuevos y de cualquier color que tengan, no resuelven los problemas fundamentales de la mayoría de la gente”.
Alonso Sánchez sostiene que el impulso debe venir desde abajo y no desde arriba: “La democracia está compuesta de dos términos: demos y kratos. Algunos tienen ese kratos y lo utilizan en su beneficio y en contra de los más de ese demos (…) Lo que deberíamos buscar no es que haya una verdadera democracia, porque las que lleguen estarán corrompidas por el kratos. Lo que habría que buscar es la demoeleutería, la libertad del pueblo. Hay que buscar esa dinámica que nos libere de todos los poderes, para poder en nuestros ámbitos, debatir, dialogar, llegar a acuerdos y tratar de cumplirlos, y si eso no resulta, volver a reunirnos y cambiar”.
Complementa: “Más que ver los recambios de los de arriba, ahora me interesa atisbar las búsquedas y encuentros de los de abajo”.
Por separado, Andrés Valdez considera que lo más importante es que haya diálogo y comunicación con los ciudadanos. “Lo que se necesita es un gobierno diferente, de contacto con la gente, y que finalmente se cumpla lo que necesitan los ciudadanos que pagamos impuestos para que la función de gobierno se ejerza en razón del bien común y no del bien partidista ni del bien particular”.
Dentro de esa dinámica, explica, la ciudadanía espera que los nuevos gobiernos sean tolerantes a la crítica: “Que entiendan que ayuda bastante a mejorar la cuestión gubernamental y a tener lecturas diferentes. La democracia reclama la existencia de críticos y los críticos no necesariamente tienen una intencionalidad política, sino sobre todo una intencionalidad para el mejoramiento de la función pública y del ejercicio de gobierno. No deben ver enemigos en ellos”.