Ayudar a los amigos

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    Durante el ciclo escolar comprendido entre agosto de 2015 y julio de 2016, estudiantes del Centro Universitario de la Costa (CUCosta) apoyaron a través del Programa Peraj-adopta un amig@ a un grupo de niños en situación vulnerable que cursan el nivel de educación básica en Puerto Vallarta.

    Se trata de 25 alumnos de sexto año de la Escuela Primaria Solidaridad de la colonia Los Tamarindos, en la delegación Ixtapa, a quienes se brindaron tutorías personalizadas.
    Los prestadores de servicio social del CUCosta apoyan en la formación integral de los niños en edad escolar que provienen de entornos socioeconómicos vulnerables, explicó el Jefe de la Unidad de Servicio Social del CUCosta y Coordinador del Programa Peraj-adopta un amig@, Éric Ramos Gómez.

    “Llevamos trabajando en la Escuela Primaria Solidaridad desde el año 2012. El requisito es que se trate de niños vulnerables que vivan en los alrededores del Centro Universitario, como por ejemplo en Ixtapa, Las Juntas y Mojoneras. Y, a la fecha, son 66 niños de sexto año de primaria que se han visto beneficiados con el programa de tutorías universitarias”, explicó el funcionario.

    A través de actividades extraescolares académicas, culturales, deportivas, recreativas y de fomento de valores, se establece y desarrolla una relación de confianza entre los “amigos” (niños participantes), los “tutores” (universitarios) y los padres de familia.

    Este año fungieron como tutores 17 jóvenes universitarios de las licenciaturas en Psicología (cinco), Administración (tres), Contaduría (tres), Ingeniería Civil (cuatro), Abogado (uno) y Turismo (uno). Cada uno de ellos tiene la responsabilidad de apoyar, acompañar, escuchar y orientar a sus “amigos”, de acuerdo a una preselección realizada con base en la trayectoria académica del menor, su entorno social y familiar, las autoridades escolares y los padres de familia.

    Los estudiantes se presentan con los niños y sus padres de familia, y llevan a cabo dinámicas de convivencia e interacción “para construir las bases de confianza entre ‘tutores’ y ‘amigos’ a través del conocimiento mutuo”, según detalló Ramos Gómez.

    Gracias a las tutorías universitarias y a las actividades extraescolares realizadas durante el año, los niños participantes consiguen —entre otros logros— mejorar su nivel académico, aumentar su autoestima y adquirir hábitos y habilidades tales como la afición por la lectura, la práctica de algún deporte o promover su integración familiar, social y afectiva.

    A menudo, la relación entre “amigos”, “tutores” y padres de familia llega a estrecharse al punto de continuar una vez que el programa ha concluido. Incluso, se han presentado casos en los que los niños beneficiarios y sus familias siguen en contacto con sus “tutores” hasta el nivel secundaria o bachillerato.

    “En lo personal, me ha dejado muchas experiencias muy satisfactorias. Que tú, como ciudadano, le aportes a un niño un mínimo, eso es una gran satisfacción. Cuando es el cierre del programa, se acercan los papás y me dicen: ‘Muchas gracias, mi hijo mejoró en calificaciones’. A final de cuentas, los niños tienen un desarrollo satisfactorio”, concluyó Ramos Gómez respecto a su experiencia como coordinador del proyecto en los últimos cuatro años.