Aumenta el ruido en la ciudad

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El gaaaass ¡Tuuuuu! ¡Tuuuuu! Ruido. Vuelta de costado, almohada sobre la oreja. Tensión. Ojos cerrados. Visiones. Sueños. Imágenes brincan una sobre otra. Destiempo. Luego, el motor hinchado de un carro activa la secuencia alarmante de otro automóvil ¡pi, pi pi pi pi! Ojos abiertos. Buenos días.
Las 7:00 de la mañana. Despertar en la ciudad es amanecer con el ruido encima. Tan temprano. Los altibajos ya chocan contra el tímpano auricular. Las campanas llaman a misa. ¡Pum! Cohetes al santo. Más ruido. La alarma del reloj en punto para distraer la modorra.
Si con la ayuda de un programa computacional de audio pudiéramos ver las ondas que produce un instrumento musical, veríamos una ondulación parecida a la de las olas marinas. Placentero.
Por el contrario, el ruido del centro de la ciudad mostraría más bien un conjunto de relieves escarpados, con picos y caídas estrepitosas. Telúricas.
Encima de todo el colchón ruidoso de la urbanidad, está la moda automovilística. Desde hace meses algunos conductores del orbe empezaron a adquirir un suplemento para llevar al extremo el ruido de sus coches: las balas o headers.
Con la mentada bala, los carros suenan como si fueran a sacar lumbre. Y los automovilistas andan como si trajeran un coche de carreras, con un súper motor.
Las balas pueden conseguirse en casi cualquier tienda de accesorios automovilísticos en Guadalajara. El precio es variable. Hay desde 400 pesos. Su única utilidad es extremar el ruido del mofle cada que el conductor pisa el acelerador.
De acuerdo con la especialista en ruido, del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA), Marta Georgina Orozco Medina, la normativa de la Secretaría de Vialidad y Transporte “ya no le concede tanta importancia al ruido”.
Indicó que la responsabilidad de multar a los ciudadanos que produzcan un ruido excesivo en las vías urbanas, “se diluye”.
“No existen los instrumentos legales, como serían los reglamentos a detalle, que apoyen la normatividad. Queda a libertad del ciudadano y de la autoridad.
“La norma ecológica refiere que la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, así como los gobiernos del Distrito Federal, estados y municipios, de acuerdo con sus competencias, serán los encargados de vigilar el cumplimiento de la propia norma”.
La investigadora del Instituto del medio ambiente y comunidades humanas, Orozco Medina, sostuvo que accesorios como las balas o headers pueden producir más de 10 decibeles.
Dichos ruidos, sumados a los del resto de la ciudad, afectan el sistema nervioso, circulatorio y digestivo de los habitantes, dificultan la concentración para realizar tareas y vician la comunicación. Estos efectos “generan un estado de sometimiento”.
Un espacio saludable incluiría el paisaje y las áreas verdes como parte de la infraestructura urbana. Con el paso de los años “se ha visto alterada la ciudad. Es menos agradable al humano. Hay basura en las calles, graffiti en las paredes, más asfalto, menos árboles. Todo eso degrada la salud del ciudadano”.