Amenazados bosques y selvas

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La tala inmoderada de árboles en México podría ocasionar que en medio siglo no existan bosques y selvas, aseveró el investigador del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA), Juan Espinoza Aréchiga.
Además del impacto ambiental, este fenómeno ocasionaría daños a la calidad de vida del ser humano, los recursos naturales y el paisaje del país y el mundo, por ser la ecología un sistema global.
El académico del Departamento de Producción Forestal, del CUCBA, comentó que en el territorio nacional, cada año cerca de 400 mil hectáreas experimentan un cambio de uso de suelo, en la mayoría de los casos en forma injustificada, porque la deforestación fue clandestina o ilegal, o bien porque mucho de lo legal no está razonado desde el punto de vista técnico.
“El problema es grave. Un periódico publicó una nota en torno a que había un decremento en el cambio de uso de suelo y en la cantidad de zonas deforestadas. Yo no me alegro de esa noticia, pues si analizamos las cifras con puntualidad, podemos suponer que en 50 años no habrá cambios de uso de suelo, puesto que ya no existirá nada que cambiar”.

Continúan los factores de desequilibrio
Espinoza Aréchiga recordó que en el gobierno de Luis Echeverría hubo grandes programas de desmontes, pues llegaban a 40 o 50 mil hectáreas anuales en estados como Veracruz, Oaxaca y Tabasco. La meta era el desarrollo. Sin embargo, se llevaron entre los pies al equilibrio ecológico.
En Jalisco, a partir de la década de los setenta, la construcción de carreteras (obras devastadoras), los programas de producción de granos, los distritos de riego, la creación de rancherías y el desarrollo urbano anárquico comenzaron a diezmar los bosques y selvas.
A esto hay que añadir la deforestación para uso doméstico y semi-industrial, así como los incendios, fenómenos que persisten en Jalisco.
“Son pellizcos de media o de una hectárea, pero que en la sumatoria general dan cientos o miles de hectáreas desmontadas, como sucedió en la época de Echeverría”.
De acuerdo con la Cámara nacional de la industria de derivados de la silvicultura, en la entidad hay cerca de 100 aserraderos.
“Ningún delito es justificable, pero a veces las autoridades, por el exceso de trámites, la burocracia o la negligencia, hacen que algún permisionario se brinque las trancas por la necesidad de sacar más madera”.
De acuerdo con el jefe de la organización Ciudadanos por el medio ambiente, Jaime Eloy Ruiz Barajas, existen aserraderos que procesan con permisos caducos o que extraen más metros cúbicos de los autorizados. “Si no existe control de las actividades registradas, menos de las clandestinas”.

Bandas organizadas
El académico e integrante del Comité universitario desarrollo sustentable, de la UdeG, coincidió en que es fuerte la tala clandestina e inmoderada en nuestros bosques y selvas.
La entidad vive esto de manera constante. Los ecosistemas más afectados son los bosques de pinos, las selvas medianas, de baja caducifolia y baja espinoza, en tanto que las zonas con mayor daño, la costa y el norte.
Ruiz Barajas aseveró que la deforestación experimenta un agravamiento por la existencia de bandas organizadas en todo el país.
“Acaparan algunas áreas forestales, y ni las autoridades locales, estatales o federales tienen la fuerza para detenerlos, aunque también puede ocurrir que se hagan de la vista gorda o sean cómplices”.
Comentó que las organizaciones criminales hacen de las suyas, pues en Jalisco han bajado grandes cantidades de madera de la sierra.
“Esto constituye una burla a las autoridades, ya que es el estado con mayor presencia en la Comisión nacional forestal y de donde es originario el secretario de Medio Ambiente”.

Bosques, asunto de seguridad nacional

Los bosques deben ser convertidos en un factor de seguridad nacional, para que el ejército sea responsable de su cuidado, aseveró el ambientalista Ruiz Barajas.
Por el contrario, hay casos de asesinatos a campesinos defensores de bosques en Oaxaca o Guerrero. Las autoridades carecen de capacidad, mecanismos, recursos humanos y económicos para monitorear las áreas forestales, además de que falta una política integral y eficaz para su conservación.
“Hasta hace unos años las cifras indicaban una pérdida anual de 700 mil hectáreas de bosques y selvas. En este sentido, ha transcurrido poco tiempo para que el secretario de Medio Ambiente hubiera reducido 50 por ciento esa cantidad. En otras palabras, eso es falso, ya que predominan los factores relacionados con la explotación de esas áreas naturales”.
Los especialistas coincidieron en que falta voluntad política para resolver el problema, pues carecemos de proyectos apoyados por las autoridades y que permitan el desarrollo de actividades productivas en los bosques.
“México carece de recursos científicos para investigar más en torno a la forma de aprovechar y conservar los bosques, además de que falta un programa de educación ambiental”.