Alfredo Cortés Sánchez

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Los colores del arcoíris representan para Alfredo Cortés Sánchez dos significados concretos: la diversidad y la variedad. Justamente eso es lo que puede definir la colección de diecisiete cuentos que comprende el libro. Historias que nacieron de la oportunidad de conocer personas en su labor docente, misma que está por cumplir veintiún años, y que sigue realizando en la escuela Preparatoria de Zapotiltic de la Universidad de Guadalajara. Su libro Los colores del arcoíris fue ganador del concurso de publicaciones literarias del Sindicato de Académicos de la Universidad de Guadalajara (STAUdeG) y se presentará próximamente en Guadalajara y en la propia Preparatoria de Zapotiltic.

¿Qué tanto encontramos de ti en estos cuentos?
En realidad, todos los cuentos que encontramos en este compendio son mera ficción. Algunas historias digamos que son prestadas por algunos amigos o alumnos, pero en términos generales es resultado de que he tenido la oportunidad de conocer a mucha gente durante mi carrera docente y este trabajo tiene mucho de compartir historias con personas.

¿Pero no hay algo en lo que te sientas identificado?
En la historia de “Ángeles y serpientes” sí hay algo en lo que me identifico; pero sería como una especie de visión a futuro. De hecho, en ese relato nos damos cuenta de que los personajes son personas mayores, pero también es una especie de homenaje a un profesor que tuve hace más de treinta años cuando estudié el bachillerato; de hecho esa frase de “nunca empieces un cuento con la palabra nunca”, es frase de él.

¿Qué reflejo hay de tu trabajo docente en tu literatura?
Afortunadamente, el trabajo de docente me ha dado la oportunidad de conocer diferentes tipos de historias, son historias de vida cotidiana que normalmente te las encuentras en cafés, en el camión… Yo me considero un escritor sumamente visual y auditivo. Escucho y todo lo que me llama la atención lo escribo, y puede que en algún momento se transforme en una historia.

A simple lectura pareciera que existen diferentes elementos que te inspiran. ¿Hay algún tipo de circunstancia o musa que cumpla esa función en ti?
Yo no creo en la inspiración ni creo en las musas. Igual cuando fui adolescente sí escribía poemitas para la muchacha que nunca me peló, y en ese momento quizá sí tuve musa. Ahora ya no. Fíjate que afortunadamente tuve una excelente maestra de literatura, ella me insistió mucho en escribir lo que uno siente, no en lo que uno se inspira, es por eso que yo rescato muchas cosas de la vida cotidiana.

¿Cómo se desarrolla tu proceso creativo y cómo surge en este libro?
Yo siempre cargo con una libreta. Todas las ideas que se me van ocurriendo ahí las voy anotando, yo siempre digo que son ideas sueltas, son ideas mínimas que allí llegan, para después irse trabajando. A veces me da por escribir de manera temática. La segunda parte del libro sí tiene que ver con diversidad sexual, y esto en ninguna manera para denostar, sino todo lo contrario. Hay un cuento que se llama “Polvo de hadas”, de hecho es el único cuento que tiene una dedicatoria y esa persona a la que lo dedico es un antiguo alumno, quien me dio la autorización de compartir su nombre y de compartir su historia por medio de este cuento.