Adultos mayores deprimidos

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    Con ocasión del Día Mundial de la Salud, este año la OMS invita a prestar atención al problema de la depresión que, según estima, ha ido en aumento constante en los últimos 10 años, de manera que actualmente existirían en el mundo más de 300 millones de personas que viven con depresión. Pero pienso que es importante mirar a un grupo de la población especialmente vulnerable: los adultos mayores. La depresión es considerada el trastorno psicogeriátrico más frecuente y una de sus consecuencias más graves es el suicidio. En esta población la prevalencia de depresión en nuestro país va desde un 7 por ciento de los adultos mayores que viven en comunidad, hasta aproximadamente un 40 por ciento de los que tienen múltiples enfermedades o viven en asilos.

    A pesar de estas altas cifras, la depresión en adultos mayores es un tema que ha sido poco reconocido, pues se llega a pesar que es normal que a mayor edad las personas comiencen a deprimirse y esto impide que se dé un tratamiento adecuado. Causas hay muchas, el tener problemas familiares y económicos, tener enfermedades, ser dependientes, vivir en asilos, sufrir pérdidas o maltrato, discriminación, pero sobre todo vivir en soledad y carecer de redes de apoyo.

    Por ello es sumamente importante fomentar desde programas de prevención que los adultos mayores se mantengan integrados a la sociedad y en su familia, que cultiven vínculos afectivos con otras personas, convivan y tengan redes de apoyo, se mantengan activos realizando actividad física o  recreativa en grupos. Sin embargo, no es sólo responsabilidad de los adultos mayores, sino un problema estructural, pues en un contexto en el que ser adulto mayor es sinónimo de pobreza, en el que se les discrimina, excluye y maltrata, en el que tienen cada vez menos cabida en su familia, en el que tienen barreras para acceder a todo tipo de servicios, se incrementan las posibilidades de desarrollar trastornos emocionales.