jueves, junio 25, 2026
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De los cuadernos a Cannes: la historia de Héctor Bruno Silva

Originario de Guadalajara, el estudiante de Ingeniería en Animación y Tecnologías Creativas de CUChapala encontró en el cine la inspiración para transformar su pasión por el dibujo en una vocación profesional, lo que lo llevó a colaborar en película presentada en el Festival de Cannes

Hay historias que comienzan en un salón de clases. Pero la de Héctor Bruno Silva Íñiguez inició mucho antes, entre hojas llenas de bocetos, personajes imaginarios y horas dedicadas a dibujar.

Lo que inició como una pasión de infancia, a este joven originario de Guadalajara, Jalisco, terminaría llevándolo a colaborar en una producción cinematográfica profesional y a descubrir el camino que hoy recorre como estudiante de Ingeniería en Animación y Tecnologías Creativas de CUChapala.

“Dibujo desde que recuerdo. Es lo que más me gusta hacer”, comparte.

Desde pequeño encontró en el dibujo una forma de expresar ideas, emociones e historias. Sin buscarlo, aquello que realizaba por gusto comenzó a abrirle puertas hacia un mundo que hasta entonces parecía lejano: la industria cinematográfica.

Hace algunos años recibió la oportunidad de colaborar en el desarrollo de storyboards de la película La marca del jaguar: el despertar del fuego, dirigida por Víctor Mayorga, la cual fue presentada en el prestigioso Marché du Film del Festival de Cannes. Para muchos, un storyboard puede parecer una serie de ilustraciones; sin embargo, dentro del cine y la animación representa una de las etapas más importantes del proceso creativo, ya que permite visualizar escenas, movimientos de cámara, expresiones y secuencias narrativas antes de que lleguen a la pantalla.

Para Héctor, participar en ese proyecto significó mucho más que dibujar.

“Me emocioné mucho por tener la oportunidad. Me sentí parte de una comunidad artística”.

Durante aproximadamente dos años colaboró desarrollando escenas y propuestas visuales que posteriormente enviaba al director como parte del proceso de producción. Aquella experiencia le permitió observar de cerca cómo una idea puede transformarse poco a poco en una película gracias al trabajo conjunto de artistas, creativos y especialistas.

Pero también le mostró algo igual de importante.

Conforme avanzaba el proyecto, comenzaron a surgir nuevas exigencias técnicas y creativas. El director solicitaba procesos, herramientas y conocimientos que iban más allá de lo que dominaba en aquel momento.

“Me pedía más cosas, pero yo ya no sabía hacerlas”.

Lo que para algunas personas habría representado una limitación, para Héctor se convirtió en una motivación.

Por primera vez comprendió que quería seguir formando parte de proyectos de esa magnitud, pero también entendió que necesitaba prepararse para alcanzar ese objetivo.

“Ahí entendí que necesitaba aprender más.”

Esa reflexión marcaría el inicio de una nueva etapa. Impulsado por el deseo de desarrollar sus habilidades y ampliar sus conocimientos, decidió ingresar a la Ingeniería en Animación y Tecnologías Creativas de CUChapala, donde encontró las herramientas necesarias para transformar una pasión en una profesión.

Uno de los mayores retos fue adaptarse al trabajo digital. Acostumbrado al dibujo tradicional, tuvo que aprender nuevas metodologías y software especializado utilizado dentro de la industria de la animación.

“Trabajé por primera vez en formato digital. No tenía experiencia previa y aprendí Toon Boom específicamente para realizar el trabajo”.

Durante el desarrollo del storyboard, uno de los aspectos que más disfrutó fue trabajar en las emociones y expresiones de los personajes.

“Busqué que la gente disfrutara visualmente la historia y encontrara sentido en lo que se estaba contando”.

Aquella experiencia también le permitió comprender que la animación y el cine no se construyen únicamente con talento artístico. Detrás de cada escena existe planeación, trabajo colaborativo, disciplina y una profunda capacidad para comunicar emociones.

Con el paso del tiempo, la película de animación dirigida por Víctor Mayorga continuó avanzando dentro del ámbito cinematográfico y alcanzó espacios de exhibición y festivales, como el de Cannes, que reflejan el esfuerzo colectivo de quienes participaron en ella. Para Héctor, haber aportado una parte de su trabajo a un proyecto con ese alcance representó una experiencia invaluable y una muestra de hasta dónde pueden llegar las ideas cuando se convierten en trabajo creativo.

Más allá de cualquier reconocimiento, el proyecto le dejó una enseñanza que hoy considera fundamental: confiar en sí mismo.

Si pudiera regresar al inicio de aquella aventura y hablar con el joven que comenzaba a enviar sus primeros dibujos para la película, tendría un mensaje muy claro.

“Que confíe un poco más en su trabajo.”

Actualmente, Héctor continúa construyendo su camino dentro de la animación con la misma pasión que lo ha acompañado desde la infancia. Sus aspiraciones son sencillas, pero profundas: seguir aprendiendo, seguir creando y continuar participando en proyectos que le permitan desarrollarse profesionalmente dentro de la industria audiovisual.

“Solo quiero seguir haciendo este tipo de trabajos de manera profesional y constante”.

Quizá esa frase resume mejor que cualquier otra quién es Héctor Bruno Silva Íñiguez.

Porque detrás de cada artista existe una historia. Y detrás de cada historia existe un momento que cambia el rumbo de una vida.

Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.

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