Una ronda por San Luis blues

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El paisaje de Ojuelos a San Luis, con sus altas cordilleras, me recuerda el trayecto realizado, no hace mucho, de Ciudad Obregón al puerto de Guaymas, en Sonora. Hay una significativa diferencia en los desiertos: los sahuaros pueblan los límites de la línea carretera en el otro recorrido; aquí el nopal, descrito por Jorge Negrete en su canción, es lo visible. Ya en los oídos se desliza la voz del charro cantor y retorna hacia lo mirado, increíblemente.
¿Cuándo fue que escuché los versos (“Yo soy de San Luis Potosí /donde el águila paró / y su estampa dibujó / en el lienzo tricolor…”)? ¿Cuándo la vez primera que conocí San Luis?
Dormía cuando un tropel de caballos me despertó. Estaba en el quinto sueño cuando di oídos a una balacera. Casi estaba despierto cuando la voz de Porfirio Cadena, el Ojo de vidrio, se escuchó en el radio. Escapaba de la antigua cárcel de San Luis. Acto seguido, fue al galope por la Calzada de Guadalupe, luego dobló a su derecha por la estrecha calle de Zaragoza –por la que ahora caminamos (es el mediodía del 20 de enero)–, hasta llegar al centro de la ciudad. En seguida, Porfirio Cadena tocó con fuerza una puerta y yo acabé por despertar definitivamente, hace al menos treinta y cinco años.
“Por esa escalinata bajó Francisco I. Madero –acaba de decir hace un instante el ingeniero Ramón Ortiz Aguirre, nuestro súbito guía, quien nos describe a Bernardo y a mí cada espacio–, vestido de garrotero para ir a la estación del tren, donde partió de manera furtiva hacia San Antonio, en Texas…”
La casona antes fue un banco y ahora alberga una tienda de telas. En el interior sobreviven delgadas columnas de hierro traídas de París, y se encuentra en contraesquina de la Caja Real, que sobrevive intacta desde la Colonia.
“San Luis –vuelve a hablar el ingeniero–, mantiene una arquitectura sobre todo española y francesa… esta ciudad es muy afrancesada”.
San Luis es señorial. Una bellísima ciudad cosmopolita y provinciana. De cierto modo el tiempo se detuvo en cada esquina. Si se hace una comparación: Guadalajara es una ruina basurienta. Hace un instante salimos de la casa donde nació el poeta Manuel José Othón. Bellísima y bien conservada arquitectura, donde la luz entra en cada espacio y uno imagina que a cada movimiento se aparecerá la figura del vate potosino y, sí, allí está su efigie en bronce y sus fotografías y libros, de donde surgen de pronto sus versos escritos en 1875, cuando apenas contaba diecisiete años:
Entonces, en el aire que murmura,
en el aura que tímida suspira
y en el murmullo de la fuente pura
y en los acentos de mi triste lira…
todo, mi bien, repite con ternura
tu nombre sin cesar: ¡Elmira,
Elmira!

Barrio de San Miguelito
Al comienzo del barrio de San Miguelito está la casa de Ramón López Velarde. Se conserva –impecable– su fachada, pero salimos disparados porque ahora está convertida en bodega y oficinas. De aquí resurgía cada mañana Ramón para ir a estudiar Derecho. Desde este espacio escuchaba las campanas de la iglesia cercana. Dos barrios se disputan sus coplas. Dos antiguas panaderías se contienden su verso “el santo olor de la panadería”.
El barrio es el corazón de San Luis. La antigua cárcel donde estuvo preso Madero (1910), la volvieron Centro de las Artes; es allí donde la estación del tren le dio movimiento al mártir de la Revolución mexicana; fue en San Luis donde se comenzó a redactar el Plan de San Luis, en el cual la escritura de López Velarde realizó su papel fundamental. Bullicioso, San Miguelito es la vida, pero todo San Luis es vibrante: mantiene sus espacios públicos, sus añosas tiendas, sus callejuelas impecables. Por esas calles caminé con el compositor Alberto Escobar, con el novelista Bernardo Fernández, Bef… y realicé una ronda nocturna con amigos ahora entrañables. De la elegante cantina La Tampico y hasta la Pinin, donde supuraba la pus, la prostitución y el baile. Probé el sabroso mezcal potosino en un espacio nice. Y en una esquina me encontré la imagen de Jorge Negrete, y escuché por enésima vez a manera de colofón del viaje:

Yo soy de San Luis Potosí,
es mi barrio San Miguelito,
del centro de México soy,
soy por Dios corazón solito.