Un viaje por los sueños de Víctor Manuel Pazarín

El escritor materializó en su nuevo libro relatos surgidos en sus noches más agitadas, donde las pesadillas, el terror y la locura se hacen presentes y tangibles

510
Victor Manuel Pazarín
Foto: Abraham Aréchiga

VÍCTOR RIVERA

Departir sobre los sueños es preguntarse sobre el qué o el cómo de algo posiblemente sucedido. Posiblemente. Es como adentrarse en un tiempo indeterminado: de algo que puede tener antecedentes y formas explicativas de un pasado —olores, colores, sabores, texturas, sentimientos— pero sin concretarse en un momento preciso.

Es traer algo de algún lugar, un lapso, que no se acomoda en una realidad cronológica; conversar sobre los sueños es llevar ese algo de un plano onírico a uno material. Algo que quizá nunca pasó a un contexto donde pudo haber pasado o que está sucediendo.

Víctor Manuel Pazarín es un hombre que dialoga con el espacio y la rutina para convertirlos en pasajes que bien podría recrear la mente durante la somnolencia de la noche. Ha tratado de hacer un libro que le resultó —como en Rayuela de Julio Cortázar— en muchos, editado en un solo compendio y que tituló Viajes inesperados (Keli ediciones, 2019); hay quien le ha dicho que es un ensayo, alguien más lo leyó como novela; él dice que es algo muy “loco” que mezcla diversos géneros literarios, buscando hacer cuentos (que unen prosa, poesía y vida), pero culminando en relatos.

Viajes inesperados, de Víctor Manuel Pazarín

¿Hay pesadillas y la desesperanza de ese mal sueño en estas historias?

Claro que hay pesadillas aquí. En lo personal, recuerdo mucho a Kafka cuando hablo de sueños. Todo fue ocurriendo por medio de sueños. Curiosamente ésos que se convirtieron en relatos no los olvidaba como puede suceder con otros, los recordaba con detalle extremo. Con olores, si había frío yo lo sentía en ese momento, sentía las plantas, las personas que casi son invisibles y que parecen envueltas en la bruma porque nunca se les ve el rostro. No fue intencional de ninguna manera. Simplemente yo los reproduje hasta donde me fue posible. Resulta un tanto simbólico también esto. Me parece que en el arte, la escritura y en la poesía —sobre todo en la poesía— todo el lenguaje se convierte en asidero de símbolos o creador de símbolos. Lo queramos o no. Seamos literales o llanos en la escritura, el símbolo hará que una escritura perdure.

¿Qué te llevó a contar sueños recurrentes, y muy propios, en algunos de estos relatos?

Creo que también es un homenaje a estos autores, a la Metamorfosis, a la obra de Thomas Bernhard, por ejemplo, el propio Sigmund Freud y su libro La interpretación de los sueños; escritores en cuya obra la locura es permanente. De algún modo el sueño es nuestra pequeña locura nocturna y nos angustia alejarnos y quedarnos en esa locura. Supongo que uno quiere despertar de un sueño o una pesadilla porque entre sus elementos se produce miedo, temor, horror, pero también es un mundo al cual aspiras, casi invariablemente, porque me parece que los sueños son la parte humana más inteligente y por eso busqué compartirlos. Es decir, vemos, miramos, decimos ahí dentro… y eso ocurre directamente con nosotros. Por eso me parece que nos da miedo. Si en el libro se refleja este Todo (lo íntimo, la desesperanza, el sueño) es un triunfo de la escritura. En un sueño somos libres pero estamos oprimidos. Somos libres sí, pero lo guardamos en secreto. Mucho de lo que soñamos no lo compartimos con otros, porque son asuntos que tienen que ver con que nos da pena esa locura, porque sabemos que el otro siempre juzga la locura.

¿Entonces hablamos de que los sueños son parte de la existencia?

El sueño es un asunto que nos preocupa, pero que nunca tomamos en cuenta y lo compartimos (cuando lo hacemos) como una anécdota de nuestra vida. Por eso al momento en el que la gente afirma que sólo lo que se puede imaginar existe, es verdad. Hace poco cumplí un anhelo que yo tenía desde hace alrededor de treinta años, que era conocer Nueva York. Quería comprobar si realmente el hombre araña podía transportarse a través de los edificios de Manhattan y me di cuenta que sí se puede. Entonces, ir a comprobar algo que está en el imaginario o en la imaginación es mucho de locura, y lo digo con toda claridad y me apena, porque cuando lo compartí se rieron de mí. Pero para mí el hombre araña existe porque lo concebí desde niño. Todo lo que uno puede imaginar existe. El sueño también existe. Algunos de los propios están en estos libros que es un libro: Viajes inesperados.