Todos estamos enfermos de Tirisia

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La tirisia llega, profunda y repentina, cuando la mujer menos se lo espera. Eso dicen en muchos pueblos del país que aún viven inmersos en las tradiciones y las creencias antiguas. La tirisia es una de esas, y es peculiarmente femenina: una honda tristeza que cae súbita, cuando en aparencia todo se encuentra bien, sobre las amas de casa, las madres, las esposas; llega, irremediable, y el cuerpo pierde el alma, y en su lugar sólo quedan las penas.

Jorge Pérez Solano quizá escuchó la expresión alguna vez, en un pueblo de su orginario Oaxaca, y muchos años después decidió hacer una película que no sólo tratara ese particular fenómeno, sino más en general del papel marginado de la mujer mexicana en la sociedad, y que se hace más visible en la provincia.

Así nació La Tirisia. Un filme en que los personajes, en particular las mujeres, quedan atrapados entre la desolación de un paisaje hecho de caminos irregulares, calor y polvo, por un lado, y la pobreza y las tradiciones de su pueblo del otro.

Zapotitlán Salinas es una comunidad mixteca ubicada en la Sierra de Puebla. Lo primero que aparece en la película, es una impactante fotografía de los montes que rodean sus salinas, sus paisajes desérticos. Luego los personajes: ocho o nueve, con cuyas historias el director quiere mostrar las dinámicas que prevalecen en pequeños lugares de provincia, condicionados por el abandono y la miseria.

Pero las mujeres son el centro de esta cinta: sus dilemas y emociones a partir de la maternidad y sus impulsos sexuales contrastados con la moral y el deber ser de su situación, de su futuro limitado en un lugar tan pequeño, castrado por lo que los demás esperan de ellas.

Este film, ganador del Alejandro de Oro, máximo galardón del 55avo Festival Internacional de Cine de Thessaloniki, Grecia, habla de la tristeza de la mujer que abandona a su hijo por la presión social a la que es sometida, que tiene que vivir las consecuencias de sus deseos sexuales. Y lo hace a través de dos historias: la de Cheba (Adriana Paz), que tuvo un hijo de otro hombre mientras su esposo se encontraba trabajando en Estados Unidos; y la de Ángeles Miguel (Gabriela Cartol) una niña embarazada de su padrastro y rechazada por su propia madre, quien prefiere quedarse sin hija antes que quedarse sin esposo. El progenitor, en ambos casos, encarna la misma figura masculina: despreocupada e imponente, que sí puede satisfacer sus deseos sexuales sin complicaciones.

Esta profunda tristeza, la depresión de esas mujeres, para Pérez Solano es la muestra de muchas situaciones que se viven en el país a causa de la desigualdad y el machismo que impera en casi todos los núcleos sociales: “Quise explorar el lado más sexual de la mujer. Me interesaba retratar a esta mujer que tiene una necesidad y que no puede satisfacerla tan fácilmente”.

Uno de los própositos creativos que motivaron al director era profundizar de manera quizá cruda, el papel que las mujeres en el país tienen que asumir: “A pesar de que la sociedad mexicana santifica a la madre, son personas con deseos, y las mujeres también se pueden comportar con toda la libertad con la que el hombre lo hace, sin embargo las consecuencias son distintas. Cheba se embarazó por relacionarse con otro hombre, pero yo no quise recriminar su comportamiento, sino verla insertada en esta sociedad tan machista que no le va a permitir nunca hacer lo que quiere. La mujer no puede tener hijos fuera del matrimonio con otro hombre. Dentro del filme quería representar la desventaja en que se encuentran las mujeres, que no vivimos en una sociedad igualitaria como deberíamos, eso me genera bastante tristeza y eso generó, a su vez, La Tirisia”.

Este filme ha tocado fibras emocionales de miles de espectadores en los diversos festivales de cine en el mundo donde ha sido presentado, por sus personajes detallados, la fotografía y el retrato de las mexicanas que esbozan las historias. Entre los premios en que ha participado se encuentran el Seminci de Valladolid, el Premio Roger Ebert en el Festival de Chicago y obtuvo seis nominaciones, incluyendo Mejor actriz, en los Premios Ariel. Además, es la representante de México en la 58 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional, y será proyectada en el Cineforo de la Universidad de Guadalajara del 21 al 23 de marzo.

El abandono como temática
La Tirisia además de representar el papel de la mujer en la sociedad machista, también aborda al abandono, desde diferentes perspectivas. La primera es la figura del padre ausente, que Pérez Solano considera como muy significativa, por “como he visto que trastoca muchas bases de las familias” y “es una consecuencia de la migración, que los padres están fuera del núcleo familiar y esto, en la mayoría de los casos, genera una ruptura. Hay pocos que sí juntan su dinero, crean un patrimonio y vuelven con sus familias o regresan por sus orígenes”.

La mayoría de los hombres que se van, continúa, “dejan a la mujer aquí con los niños y rehacen su vida en otro país, dejan de mandar dinero y la mujer tiene que trabajar y buscar otra pareja. Esto cambió el concepto de familia que se tenía en la provincia mexicana, en específico en la zona mixteca de Huajapan y Oaxaca, lugares que yo conozco, e incide directamente en la formación de los niños. Por eso me parece importante, que esto determine un camino que deben seguir y cómo se van a formar a partir de entonces las familias, lo que también podría causar la tristeza de una mujer, de tantas que tienen que vivirlo”.

El segundo eje es el de los partidos políticos, las fuerzas de seguridad y la iglesia, que, dentro del filme, utilizan a la comunidad para sus intereses y la abandonan sistemáticamente cuando necesitan de ellos para encontrar una respuesta.

“Todos hacen lo mismo que hizo Cheba con su hijo: nos abandonan. En la película estos poderes abandonan a la comunidad, y se les olvida que su principal trabajo es garantizar las mejores condiciones para que la comunidad viva, al menos, tranquila. Creo que eso está pasando en nuestro país, creo que el estado en el que vivimos es de completa indefensión y abandono. Estamos enfermos, todos, de tirisia”.

El propósito de Solano es sencillo y fundamental: reflejar la crisis en la que por años se ha visto envuelta la sociedad debido a los esquemas ideológicos que imperan en casi todas las clases sociales: “Quise poner a pensar a los mexicanos sobre nuestra situación diaria. A pesar de estar ambientada en una parte de la provincia mexicana, y que creemos que sólo pasa ahí, esta situación en esencia está pasando en todo el país, en las ciudades, en los pueblos medianos, en los pueblos más pequeños, es una situación de género, de la mujer”.

El director agrega: “Yo quería darle al espectador elementos para la reflexión y para tratar de dar soluciones a una situación que debería embargarnos de tristeza, si bien hay situaciones en específico que trato de darle felicidad”.

Quien contribuye a crear esos momentos de alegría, es el personaje de “Canelita”, interpretado por el mexicano Noé Sánchez, un homosexual declarado del pueblo. Él vive de manera muy cercana la tristeza de las mujeres que protagonizan el film, y su figura ha sido comentada de manera favorable en varios festivales de cine Queer por su sensibilidad.

“Este papel forma parte de los momentos de felicidad de la película, Canelita es un personaje chispeante que al principio de la película, junto con Cheba, llevan un hilo de carisma importante que, si bien acompaña las tragedias, también abona con estas escenas luminosas”.

Esto contrasta con la ambientación de la película, que “está llena de conflictos, de momentos muy duros en los que traté de que el público odiara al personaje del padre que trata mal a su hijastra, y a su mamá cuando le dice que se vaya porque su esposo tiene un vicio por ella. Busco que el público sienta esa injusticia y se vaya a casa pensando en la historia que vio y que muchas mujeres seguro viven en nuestro país”.