Sin validación científica uso de Ivermectina contra COVID-19

Aunque se hicieron pruebas en vitro tratar al coronavirus, no hay experimentación sobre dosificación y efectividad en seres humanos para este medicamento que en la actualidad se emplea en el tratamiento de la oncocercosis

731

Ivexterm cuyo principio activo es la Ivermectina, es un fármaco cuya efectividad todavía no se prueba de manera concluyente en el ser humano para casos de COVID-19. El medicamento es eficaz para el tratamiento de la oncocercosis, pero la dosis que se recomienda para esta enfermedad podría no ser la misma que se requiere para el coronavirus, afirmó César Ricardo Cortés Álvarez, investigador del Centro Universitario de Ciencias Exactas e Ingenierías (CUCEI).

Para lograr la pérdida de efectividad del coronavirus en estudios in vitro (en cultivos celulares) se utilizó una concentración de cinco μM (micromolares) de Ivermectina, medida que corresponde a una millonésima de peso molecular por litro, para reducir cinco mil veces los niveles del ácido ribonucleico (RNA) del coronavirus.

Trasladando los cálculos a los seres humanos, y tomando sólo en cuenta los números, se requeriría de cincuenta a cien veces la concentración máxima en sangre que se logra con la dosis utilizada comúnmente para el control de la oncocercosis, y es donde está la incertidumbre porque no pueden recomendarse dosis no autorizadas hasta el momento para lograr el efecto deseado.

La complejidad del sistema biológico, del organismo humano, tal vez ayude a que con menor dosis se logren las concentraciones en sangre adecuadas y los efectos deseados, aclaró el investigador en farmacología.

Explicó que en la búsqueda de nuevos efectos terapéuticos para el caso de COVID-19 podrían descubrirse algunos adversos, sobre todo si la dosis es mayor a la ya investigada para la oncocercosis.

“Se han realizado investigaciones que incluyen dosis mayores hasta diez veces a las que se requieren para combatir al gusano Onchocerca volvulus, que provoca la oncocercosis, y aparentemente hay seguridad, pero no son todavía aprobadas por la Food and Drug Administration (FDA), de Estados Unidos porque hace falta hacer estudios más contundentes”.

La concentración que se recomienda para la oncocercosis es segura porque así lo avalan casi 3 mil millones de dosis aplicadas y más de cien millones de personas beneficiadas, pero si dentro de las investigaciones se llegaran a aplicar dosis más altas a los pacientes, habría que verificar si son todavía seguras.

“Hace falta hacer estudios para llegar a un resultado concluyente que indique que el medicamento podría tener una historia de éxito contra el COVID-19”.

Ya se verificó que el medicamento no provoca mutaciones en animales, ni muerte. En mujeres embarazadas hay restricciones en su uso porque se ha encontrado en estudios de farmacología preclínica que hay posibilidades de malformaciones de tipo congénito en ratas, ratones y conejos, a grandes dosis.

Los efectos adversos que puede tener la gente con las dosis que se recomiendan han sido mínimos: menos del uno por ciento llega a presentar constipación, diarreas, náuseas, vómitos, algo de fatiga, somnolencia, y casi tres por ciento, comezón o prurito. No se recomienda para niños que pesan menos de 15 kilogramos, ni para mujeres embarazadas o que estén amamantando.

https://www.fda.gov/animal-veterinary/product-safety-information/preguntas-mas-comunes-el-covid-19-y-la-ivermectina-prevista-para-animales

https://iris.paho.org/handle/10665.2/52379

Historia de la Ivermectina

Hay una historia de más de cuarenta años en cuanto a la Ivermectina, que es el principio activo que contiene el medicamento Ivexterm. Su uso se recomienda para la oncocercosis, una enfermedad parasitaria provocada por el gusano Onchocerca volvulus, que se transmite por la picadura de moscas negras infectadas (Simulium spp.), y de la cual México ya está libre desde el 2015, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS)

La oncocercosis puede llegar a dañar los ojos hasta dejar ciegas a las personas. A este efecto se le conoce como “ceguera de los ríos”. La enfermedad era un problema muy serio en África, además de algunas áreas de Centroamérica; y México no estaba exento, en el sur del país.

La Ivermectina fue resultado de un esfuerzo conjunto entre Satoshi Omura, investigador del Instituto Kitasato en Japón, y los laboratorios de investigación de Merck Sharp & Dohme (MSD). Los estudios iniciaron durante los años setenta, del siglo pasado, y cuando se comprobó su seguridad, inició el uso de la medicación en humanos, en 1982.

En 1987, el medicamento fue indicado para uso humano vía oral, y después inició el Programa de Control de la Oncocercosis en países africanos, con prescripción del medicamento una vez al año, durante doce años.

Un programa enfocado al control de la enfermedad fue implementado en 1993, para las zonas fronterizas entre México y Guatemala, entre Colombia y Ecuador, además de Venezuela.

La Ivermectina está indicada también para el tratamiento de la estrongiloidiasis (infección causada por un tipo de parásito que entra al organismo penetrando la piel, llega a las vías respiratorias y se aloja en el intestino delgado). En el caso de esta enfermedad, la Ivermectina actúa destruyendo los parásitos presentes en el intestino, y para la oncocercosis, destruye los parásitos en desarrollo.

Se han realizado investigaciones del uso de la Ivermectina para diferentes virus como el que provoca el zika. La investigación se realizó en ratones, y no hubo eficacia, y fueron recomendadas más experimentaciones.