Círculos de confianza favorables para las dinámicas de las ciudades

Los grupos de autoayuda abren un espacio para compartir experiencias y hacer retroalimentación entre personas que tienen necesidades comunes o que viven la misma problemática

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En la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) hay cada vez más círculos de confianza o grupos de apoyo para ayudar a sus integrantes a superar diferentes problemas. Estos son necesarios y favorables por la propia dinámica que tienen las ciudades grandes, afirmó Isabel Rodríguez Sáinz, psicoterapeuta y académica adscrita al Departamento de Ciencias de la Salud, del Centro Universitario de los Altos (CUAltos).

Los círculos de confianza y de apoyo son los grupos de autoayuda que abren un espacio para compartir experiencias comunes y hacer retroalimentación. Es un nivel de intervención no necesariamente dirigido por psicólogos.

Estos círculos están conformados por personas que tienen una necesidad o características comunes, los miembros deben tener deseos de afrontar el problema, encontrar soluciones o la sanación.

En la ZMG hay grupos de víctimas de agresión sexual, de violencia familiar, familiares de alcohólicos, personas con depresión; Alcohólicos Anónimos (A.A), Tragones Anónimos y Neuróticos Anónimos, entre otros círculos de apoyo.

Los círculos de confianza son muy socorridos puesto que no requieren al profesional que los dirija. Muchas veces cuando hay un profesional al frente, ya sea médico, psicólogo o trabajador social, las personas pueden sentir que va a hablar el que sabe o conoce, pero sin una conexión muy empática, y el hecho de que alguien vea que la que coordina al grupo es una persona que vivió y sufrió lo mismo, provoca que haya más confianza.

En estos grupos es importante el trabajo desde la empatía, el respeto y desde el crecimiento, si un espacio no funciona es recomendable buscar ayuda en otro.

En algunos casos se requiere también terapia

Rodríguez Sáinz destacó que hay personas que se quedan sólo con este tipo de ayuda, que en sí puede ser positiva, pero no profundizan en sus situaciones de vida, que implica el sanar heridas emocionales más profundas. En algunos casos se sugiere un proceso terapéutico individual que acompañe su proceso en los círculos de confianza o grupos de autoayuda.

La terapia puede ser necesaria para las personas que por ejemplo han tenido una historia sistemática de violación por parte de algún familiar o pareja, aunado a violencia u otras situaciones conflictivas o disfuncionales de la familia, y en ocasiones por periodos de tiempo muy largos. Hablamos de heridas más complejas para afrontar o sanar. Hay otras situaciones, como familiares de alcohólicos, donde no hay una historia de violencia o disfuncionalidad, para los cuales puede ser suficiente un círculo de confianza.

Para crear un círculo de confianza debe tenerse un esquema de funcionamiento. Hay modelos internacionales de trabajo, con temáticas específicas, por ejemplo A.A o los grupos de apoyo en casos de violencia familiar o sobrevivientes de abuso sexual. Estos esquemas o modelos sustentan el trabajo o la forma de funcionamiento, además el facilitador o terapeuta debe tener un camino ético, moral o profesional, según sea el caso, sustentado para evitar caer en situaciones de malos manejos o charlatanería.

Son necesarios, además, esquemas de respeto, de confidencialidad o de profesionalismo, sea o no el facilitador un terapeuta. Algunas personas forman círculos de confianza desde la buena voluntad y partiendo de las necesidades se va formando en la marcha la estructura.

A veces los grupos se convierten en asociaciones civiles, ya que estructuran de tal manera el espacio y las actividades que muchas veces se consolidan en esquemas legales con un espacio físico y ciertas características que dan vida a lo formal.

Destacó que hay que poner atención en elementos como perder de vista el objetivo que reúne al grupo, lo que podría ser un síntoma que genere poca confianza.

Si en el grupo dan alguna instrucción con la cual no está de acuerdo la persona o si hay rituales en los que no hay un esquema lógico y la persona no quiere participar en ciertas acciones, son focos rojos que pueden ser suficientemente válidos para calificar al grupo como no confiable.