Salvador Allende a 100 años de su natalicio

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Salvador Allende nace el 26 de junio de 1908 en Valparaíso, en el seno de una familia de clase media. Desde sus estudios en la Universidad de Chile acrisoló una convicción de compromiso, de servir a su patria con una visión latinoamericana. Ocupó distintos cargos públicos antes de asumir finalmente la presidencia de la República.
Para Salvador Allende servir a su país fue su pasión, convenció que América Latina no era un simple ramillete suelto a las especulaciones históricas, en el que los hechos consumados en el pasado recuerdan que es imposible construir sin mirar desde el presente del ayer.
En su corta visita de Estado a nuestro país, en diciembre de 1972, dejó una huella imborrable, no solamente por su especial simpatía, cariño y respeto a México, sino por sus vigorosas participaciones llenas de ideales y de emoción. Primero en el Congreso de la Unión, donde enunció una histórica disertación, poniendo de manifiesto su gran calidad de orador.
Recuerdo con emoción la visita del presidente Salvador Allende a mi universidad, la Universidad de Guadalajara, en la cual pronunció un vigoroso y memorable discurso improvisado, hablándole a la juventud con tal franqueza que llenó de emoción el auditorio que aún conserva su nombre (en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades).
El brutal golpe de Estado al gobierno legítimo de Salvador Allende fue repudiado y condenado por la juventud estudiosa de aquel tiempo, con la convicción de que no era un hecho aislado ni para Chile ni para Latinoamérica. Fue un golpe que desnudó no sólo la fragilidad del entorno democrático regional, sino que descubrió los viejos mecanismos de injerencia vulgar que los emisarios del exterior siempre han utilizado para derribar gobiernos legalmente constituidos.
El golpe al gobierno de Unidad Popular reclamó posiciones enérgicas, tanto por parte de los chileno, como también de los países que habían otorgado su apoyo sin cortapisas. Fue la hora de la verdad, de verificar la congruencia entre el discurso, la acción y voluntad política, la cual tuvo su marco el 11 de septiembre de 1973.
México, consciente de su responsabilidad, actuó de inmediato, sin titubeos, y conviene señalar que no fue casualidad, sino decisión del jefe del Estado mexicano en ese momento, Luis Echeverría ílvarez, quien se inspiró en la diplomacia mexicana, heredera del legado de Benito Juárez y la tradición revolucionaria, plasmada en la doctrina Carranza, la doctrina Estrada y en hombres de enorme estatura como don Isidro Fabela, los embajadores Manuel Tello, Rafael de la Colina, Padilla Nervo y muchos más.
La acción de México, en el entorno inmediato al golpe, fue instrumentada con la muy atinada valentía de un hombre excepcional en suelo chileno: el embajador Gonzalo Martínez Corbalá. Dada la caída técnica de comunicaciones entre la embajada mexicana y el presidente de México, lo guió el instinto y la sabiduría. Ante la circunstancia tan delicada que vivía ese país hermano, no dudó en recibir en el edificio de la embajada a más de 500 ciudadanos chilenos que buscaban salvaguardar su integridad física.
El apoyo de la mayor parte de los mexicanos y su cálida bienvenida a los chilenos que arribaron a México, fue una muestra de ello. Nombres como el de la propia viuda de Salvador Allende, doña Hortensia Busi de Allende (doña Tencha, como cariñosamente se le llama en México), Luis Mayra, José Miguel Insulza, Alejandro Wilker y toda una pléyade de personalidades de alto valor que contribuyeron en la academia, las artes, el periodismo y la técnica; México se enriqueció con sus aportaciones.
Así como Carlos Fuentes fue cobijado por la magia chilena en su niñez, cuando su padre era diplomático mexicano en Santiago, México protegió a muchos hombres y mujeres chilenos que después regresarían a su país para engrandecer su patria y continuar con el legado de hombres libres como Salvador Allende.
Dichos países no son muy distintos en su esencia de lo que fueron en 1973. Se han transformado instituciones, la democracia se ha reinstalado en Chile. Asimismo, México vive un proceso inminente de maduración en su democracia. Ambas naciones al ser economías emergentes se perfilan como instancias claves en la vida internacional; un ejemplo es su membresía en el Foro de Cooperación Asia-Pacífico y, en los próximos días, la entrada de Chile a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, con lo que las dos naciones serán hasta el momento los únicos miembros latinoamericanos de esa instancia global.
Los iconos no están inmovilizados en el presente, son la continuación de procesos históricos dinámicos. Así lo pueden consignar las de más de dos mil 400 familias que se acogieron al derecho de asilo diplomático y que arribaron a su “segunda patria” mexicana, que los recuerda con admiración y respeto, y que además ha visto nacer a una nueva generación de ciudadanos y jóvenes mexicanos de padres y abuelos chilenos.

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