Pueblos indígenas, entre el abandono y la desigualdad

México tiene una riqueza cultural y étnica que, en lugar de ser valorada, es en muchos casos motivo de discriminación y falta de interés por parte de la sociedad y los gobiernos. En esta situación de marginación, marcada por analfabetismo y pobreza, son las mujeres las que sufren las peores condiciones

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El próximo 9 de agosto, la Organización de las Naciones Unidas conmemora el Día Internacional de los Pueblos Indígenas. En México, estos representan las raíces de nuestro pasado; sus costumbres y tradiciones forman parte de una cultura milenaria reconocida a nivel nacional e internacional y, sin embargo, se ubican entre la población más marginada del país.

¿Qué ha provocado que este sector siga en un estado de discriminación, rezago y desigualdad? Quizás muchos factores expliquen la situación de los pueblos indígenas, desde la globalización en la que estamos inmersos y cuya consecuencia es la adopción de otras culturas, el poco interés de gobierno y sociedad para justipreciar la riqueza de estos pueblos, la protección de ellos mismos para sobrevivir en un entorno distinto al de sus antepasados con identidades étnicas esencialmente comunitarias y locales y su ubicación en zonas de poca accesibilidad (el 50 por ciento de la población indígena vive en zonas rurales en localidades con menos de 2 mil 500 habitantes), entre otras causas.

La situación de pobreza de este sector de la población evidencia el grado de marginación en el que han subsistido, de acuerdo con el CONEVAL, en 2018, el 69.5% de la población indígena tenía una condición de pobreza (8.4 millones de personas), el 41.6% presentaba pobreza moderada y el 27.9% pobreza extrema; el 31% se encontraba en rezago educativo; el 78.2% carece de acceso a la seguridad social y un 57.5% no cuenta con el acceso a los servicios básicos de vivienda.

Sin embargo, las condiciones de las mujeres en este entorno son aún peores, al formar parte de una cultura básicamente patriarcal. De acuerdo con los datos del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), más de 7 millones hablan una lengua indígena y de éstos 9.2% son monolingües (652 mil 238). Es decir, solamente tienen el dominio de su lengua materna. Pero, en términos de género, 11.8% son mujeres monolingües y 5.6% son hombres que están en dicha condición, lo cual pone al género femenino en desventaja para incorporarse a los ámbitos educativo y laboral, o para atender cualquier otra situación de la vida cotidiana que esté fuera de su entorno.

Basta con citar que de la población indígena analfabeta con 15 años y más, el 22.3% son mujeres y 13 por ciento son hombres, o que en 2017 de la población entre 25 y 29 años con algún grado de educación superior, el 20%  eran hombres y 6.1% mujeres, aunque con relación a las mujeres no indígenas la brecha es aún mayor, porque éstas representaron el 29.1% del total de personas en la educación superior. Por tanto, la desigualdad no es solamente por género, sino también respecto a la población no indígena del mismo sexo.

Otra situación que enfrentan las mujeres en algunas comunidades es la discriminación en la vida política, económica y social, que se justifica bajo el argumento de los usos y costumbres. De acuerdo con el reportaje de De la Cruz (2019), realizado en comunidades indígenas en los Altos de Chiapas, el abuso físico y sexual en contra de las mujeres indígenas es cotidiano, ellas no denuncian por distintas circunstancias: temen que la comunidad las castigue, la autoridad está coludida con los agresores, la lengua es otro obstáculo, por tanto, normalizan la violencia en sus vidas. Además, tampoco pueden participar como autoridad, este cargo solamente está destinado para los hombres, entre otros privilegios que han sido asignados al sexo masculino.

El Día Internacional de los Pueblos Indígenas es un llamado urgente a la atención de sus necesidades, al desarrollo de su bienestar y al reconocimiento y protección de su cultura, pero también a la defensa de los derechos de las mujeres indígenas. Este año, el interés se ha enfocado en el impacto del COVID-19 para estas comunidades, en donde ni siquiera se tienen datos válidos de enfermos y fallecidos por esta enfermedad.