Pasarela por la vida

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Y la moda se volvió un asunto de vida. Una cena de gala en un salón de eventos exclusivos a las afueras de la ciudad, la alfombra roja, los invitados especiales y el glamour de una pasarela con las vestimentas que marcan la temporada otoñal, parecieran superfluos, pero ha podido hallarse también en esto un sentido humano: permitir que mujeres que han sido mutiladas por una inevitable mastectomía debida al cáncer de mama y que han sido intervenidas quirúrgicamente para su reconstrucción, puedan retomar la plenitud de sus vidas, con un evento que las pone de frente a la sociedad, y que logra que las vacuidades se insuflen con la seguridad y confianza en creer —de nuevo— en sí mismas.

La noche se adornó para dar la lucha. Quienes han asistido a la que es la tercera edición de la cena de gala a beneficio del Programa de Reconstrucción Mamaria de los Hospitales Civiles, saben, tal como lo ha dicho la representante del Voluntariado del Hospital Civil de Guadalajara, Esther Cisneros Quirarte, que esto “no es un acto de beneficencia, sino un acto de justicia”, y que “no se reconstruyen mamas, sino vidas”.

Momentos antes, Héctor Raúl Pérez Gómez, el director general de los Hospitales Civiles, ha dado a los medios los datos imprescindibles: que a la fecha cincuenta y siete mujeres fueron sometidas a cirugías para su reconstrucción mamaria, que cada intervención cuesta cerca de veinticinco mil pesos tan sólo en materiales, que se pretende ayudar a cerca de cuarenta más con lo que se recaude aquí (ninguna paga un peso) pero, sobre todo, que las campañas por el éxito de su difusión, han dejado un saldo positivo: la detección oportuna y así su pronta atención, han hecho que del año pasado a la fecha bajara a la mitad la letalidad para las mujeres por el cáncer de mama.

Y he aquí la presencia de veinte modelos que son sobrevivientes a este mal, mezclándose ya no se diga sin temor alguno entre las modelos profesionales que completan el desfile, sino llevando bajo las ropas el pecho lleno de orgullo, y el deseo de compartir su experiencia y ayuda a quienes como ellas pudieran ser víctimas de un infortunio que las ha hecho más fuertes.

Una de ellas es Fernanda García Ríos, a la que le detectaron el cáncer hace cinco años, y que ahora está embarazada —lo cual le ha impedido iniciar su reconstrucción—, y que recuerda que su proceso fue difícil porque la preocupación no sólo “es por tu salud, sino también por la familia”. Aquí, ante la pregunta de en qué medida ayudan estos eventos a las mujeres que padecen esta enfermedad, más allá de lo económico, dice que para los sobrevivientes es un “cerrar el ciclo” y sentirse completas de nuevo, y acompañadas de otras mujeres con las que “se teje una red de apoyo”.