Orgánica e inorgánica

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El 17 de mayo es el día del reciclaje, pero en nuestro estado hay poco qué celebrar. Falta de organización, de recursos, trabas políticas y un desinterés general han contribuido a que la norma NAE 07 para el manejo de los residuos sólidos en Jalisco, haya fracasado a cinco años de su entrada en vigor, de acuerdo con especialistas.
Sofía Chávez, presidenta de la asociación Ecovía, dice que existen problemas de fondo sin resolver: “Muchos municipios, sobre todo de zonas no urbanas, tienen problemas de logística en la recolección de los residuos que pudieran tener valor para el reciclaje”.
Faltan recursos e infraestructura para implementar programas de reciclaje, y sobre todo gestión política. Agrega: “Entonces hay que impulsar una industria de reciclaje local, lo que requiere de incentivos fiscales y de gestión para que esto sea posible para las empresas y los propios municipios”.
Chávez explica que “hay que entender que una norma de esta naturaleza, por el simple hecho de existir, no puede de la noche a la mañana cambiar esquemas si no hay apoyos que la acompañen, tanto de gestión como económicos y técnicos”.
Afirma que el reciclaje de los materiales será posible si se cumplen tres premisas básicas: “Si es técnicamente posible, socialmente aceptable y económicamente viable. Y yo añadiría una cuarta, que es: políticamente gestionable”.
Miguel Magaña Virgen, profesor investigador del Departamento de Ciencias Ambientales, del CUCBA, opina que la ley para el manejo de residuos presenta vicios de fondo: “primero refleja una visión impositiva y vertical del sistema gubernamental. Una ley tendría que ser facilitadora, presentar fundamentos técnicos para que la gente cumpla, y no ser sancionadora”.
La norma tendría que tomar en cuenta la participación social para el cumplimiento de la ley general. “No se hizo de manera consensada con los responsables, que son los dos grandes grupos generadores de residuos: las áreas sociales y la industria”.
La Semades (Secretaría de Medio Ambiente para el Desarrollo Sustentable) estima que en la separación y clasificación de la basura en el estado se está cumpliendo con un 32 por ciento. En los municipios de la zona metropolitana este porcentaje disminuye hasta en un 8 por ciento.
Según Magaña Virgen, “los municipios no preparan adecuadamente la recepción de la basura separada. No hay la suficiente infraestructura para promover el reciclado”, no hay planes claros que incentiven a la gente a seguir separando su basura, sobre todo si en la mayoría de los casos vuelven a revolverla en el vertedero.
Agrega que la basura tiene valor: “Podemos clasificarla en basura y materia prima. Del ciento por ciento de lo que tiramos, aproximadamente el 20 por ciento es basura. Lo demás es materia prima que se puede reciclar”, pero asegura que los gobiernos no tienen la visión de una economía ambiental que involucre mayormente a la sociedad a través de estímulos, que pueden ir desde otorgar las bolsas para tirar los residuos, a incentivos económicos.
Su propuesta, que incluiría tanto a la sociedad como a los gobiernos y los pepenadores, es “poner lugares en todos los barrios que compren a la gente materia prima, dejando en mano de los pepenadores la selección de los materiales reciclables”, y luego en coordinación con los ayuntamientos organizar la venta de los residuos a las empresas de reciclaje. Así no se necesitarían basureros, que ya son pocos y saturados, porque los productos se venderían a compradores previamente acordados.
Lo anterior involucra a los residuos inorgánicos. Para los orgánicos se tendría que mejorar el servicio de recolección y luego utilizarlos para hacer composta.
En cuanto a estos últimos, que constituirían el 50 por ciento de los residuos, Sofía Chávez advierte que “los municipios necesitan presupuesto, pero más que eso, requieren de un mercado para venderla. Si no hay una demanda, no hay empresa ni gobierno que quiera hacer composta”.
Añade que “habrá que trabajar en esquemas legislativos para tener una demanda, y esto sucederá solo si se crea un mercado cautivo a través de legislación o si es posible producir composta a precios suficientemente competitivos con relación a los otros fertilizantes y si se garantiza una calidad adecuada para los agricultores”.
Ambos expertos coinciden en que la separación y reciclaje de la basura es un tema que necesita de la responsabilidad y la colaboración de todos los niveles involucrados en el proceso, desde la ciudadanía a los gobiernos y a las empresas, y de un proyecto más integral: “Esto se pude resolver con una gestión ambiental permanente, más allá de trienios y sexenios, a través de un plan maestro que efectivamente funcione con el concepto intersectorial”, dice Miguel Magaña.
“La ciudadanía está dispuesta a hacer la chamba y lo ha demostrado en múltiples ejercicios, pero requiere de programas permanentes y atención continua. No se pueden abandonar los proyectos a cada cambio de gobierno o de parecer”, concluye Chávez. “También requiere de programas a largo plazo, para hacer cambios en su cultura ambiental. De otra manera solo sucede el desaliento y eso es grave, porque mina la disposición ciudadana”.