No están solos

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Fue celebrado por primera vez el festival dedicado a los derechos indígenas en la Plaza Fundadores, como una iniciativa para dignificar y defender las tradiciones de este sector, además de poner énfasis en sus condiciones sociales y culturales, por parte de la Unidad de Apoyo a Comunidades Indígenas (UACI), de la Universidad de Guadalajara, en conjunto con el DIF Jalisco, la Comisión Estatal de los Derechos Humanos Jalisco (CEDHJ), la Comisión Estatal Indígena (CEI) y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
Las instituciones se reunieron para recordar a la ciudadanía el respeto que debe tener el niño indígena.
Ramón Chivarras, representante de la Comisión Estatal Indígena, comenta que “muchos de los niños indígenas que han emigrado a la ciudad, se ven en la necesidad de trabajar vendiendo fruta o en las esquinas, y la mayoría no va a la escuela.”
Al pretender dar cumplimiento a los derechos de la niñez, surge el análisis de las condiciones precarias en las que en muchas ocasiones viven los indígenas.
Este primer festejo fue realizado para hacer conciencia de la importancia de políticas públicas que garanticen el pleno desarrollo de los niños y las niñas indígenas, así como del fortalecimiento de su lengua, tradiciones, educación, integridad y seguridad.
Este año el festival llevó el nombre de la niña Liliana López Hernández, indígena tzotzil del paraje Tojchotic, de Chiapas, quien falleció tras haber sido atropellada el pasado 16 de febrero de este año, en la Glorieta del Charro, de Guadalajara, mientras trabajaba en dicho crucero.
El Comité de los Derechos de los Niños, de las Naciones Unidas, en 2009, emitió la observación general número 11, llamada “Los niños indígenas y sus derechos”, en la que especifica las dificultades que los niños indígenas afrontan para ejercer sus derechos.
En la Convención sobre los Derechos del Niño, los Estados partes tienen “debidamente en cuenta la importancia de las tradiciones y los valores culturales de cada pueblo para la protección y el desarrollo armonioso del niño”, indicó Chivarras.
De acuerdo a la información proporcionada por la Unicef (Fondo de Naciones Unidas para la Infancia), las niñas, niños y adolescentes indígenas en México constituyen la población con mayores carencias y el menor grado de cumplimiento de sus derechos fundamentales.
Según el Consejo Nacional de Población (Conapo), hay alrededor de 13.7 millones de personas indígenas en el país, de los cuales 6.7 son hombres y 6.9, mujeres, pertenecientes a 62 diferentes grupos étnicos. Las agrupaciones mayores son los nahuas y los mayas. El 76.1 por ciento de la población de habla indígena vive en pobreza.
El 33.2 por ciento de los niños indígenas menores de cinco años sufría de baja talla en 2006, en comparación con el 12.7 por ciento de los niños de esa edad. La tasa de mortalidad infantil de la población indígena es 60 por ciento mayor que la de la no indígena.
El incumplimiento de los derechos básicos de los niños indígenas también se refleja en su bajo nivel de logros educativos. Muchos niños y niñas indígenas dejan de ir a la escuela porque tienen que comenzar a trabajar a una edad joven. Según un estudio del Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI) sobre el trabajo infantil, 36 por ciento de los niños indígenas entre 6 y 14 años de edad, trabajan el doble que el promedio nacional.