Napalm literario

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Un proyecto chileno, realizado por el colectivo Casa Grande, busca resarcir la trágica experiencia de habitantes de poblaciones que padecieron bombardeos en alguna guerra. Ahora, en lugar de bombas, les caen del cielo miles de poemas impresos en separadores de libros.
Cristóbal Bianchi explica cómo inició la idea, surgida hace 10 años, que consiste en subirse a un helicóptero y dejar caer desde el cielo 100 mil poemas impresos en ciudades que en el pasado fueron atacadas desde el aire.
“En 2001 bombardeamos el Palacio de la Moneda, que fue atacada por Pinochet el 11 de septiembre de 1973. Para mí, y la mayoría de mi colectivo, nacimos en 1973. Entonces el castigo de la Moneda ese año se transformó en un símbolo del inicio de la dictadura. Nosotros, 29 años después, en 2011, bombardeamos de nuevo ese mismo edificio, pero ahora con poemas, como una manera de resignificar ese lugar y gestar una nueva idea hacia el futuro”.
Agrega que después decidieron hacer este proyecto en distintos lugares. Así que fueron a Dubrovnik, Croacia, que fue bombardea durante la guerra de Los Balcanes, en 2002. Después lo hicieron en Guernica, en el país Vasco, en 2004. En 2009, luego de cinco años de trámites y gestiones con el gobierno polaco, lo hicieron en Varsovia, Polonia, y en 2010 fue en Berlín, Alemania.
“A veces resulta difícil organizarlos, sobre todo para conseguir los permisos. Tuvimos que esperar cinco años para hacerlo en Polonia. Son arduos los trámites, sobre todo porque el evento principal tiene que hacerse en un lugar céntrico y de noche. Es decir, comienza al atardecer y termina por la noche. Invitamos a 40 poetas locales y otros 40 son de chile. Se hacen 80 poemas diferentes de los autores de ambos países y todos son traducidos al idioma local.

¿Cuál ha sido la experiencia de la gente que recibe los poemas?
―En realidad nunca he estado abajo. Siempre he ido en el helicóptero. Pero se genera entre la gente una experiencia lúdica y universal, que es mirar al cielo y luchar por algo que cae de arriba. Hay una especie de regresión colectiva a la infancia, como cuando vemos que nieva por primera vez. Se genera una lectura masiva de poemas y luego la gente los intercambia por otros. Son años de trabajo y el evento sólo dura 40 minutos, pero los efectos permanecen mucho tiempo.

¿Cuál es el sentir de quienes vivieron los bombardeos?
―En Guernica nos juntamos con quienes en 1937 experimentaron los bombardeos, y estaban muy contentos. Resulta que a ellos la gente los busca para sacarles siempre un relato y platiquen lo que vivieron en esos años; nosotros, en cambio, los reunimos no para que nos platicaran su experiencia, sino para regalarles un poema, algo diferente. Hay una suerte de catarsis. Se integran niños y jóvenes con los adultos. Hay una violencia positiva, porque la gente se pelea por los poemas. Algunos hasta los venden. Es un libro abierto al aire. Son 80 poemas distintos, pero pueden intercambiarse.
Luego, continúa Cristóbal Bianchi, caminamos por el pueblo, una comunidad de alrededor de 16 mil habitantes. Vimos unos niños, les preguntamos si habían visto el helicóptero, y nos dijeron que sí, que habían visto varios helicópteros lanzando las octavillas, como allá les llaman. Ellos seguro van a recordar ese acontecimiento, la misma edad que tenían aquellos niños que vieron caer las bombas. Creo que en ese sentido, el proyecto se acerca al tema de la guerra con mucha sencillez y busca en el fondo cuestionar cómo acercarse al mismo fenómeno, pero ahora de manera distinta. Es un tema delicado lo que hacemos, porque no queremos sacar a la luz esas heridas.
Bianchi agrega que no cuentan con recursos económicos, salvo los que aportan el gobierno de Chile y el de los países donde se lleva a efecto el evento. No quieren patrocinadores, para que los poemas no lleven marcas de productos, porque no desean que se rompa la pequeña línea que separa lo cultural de lo comercial. “Este año queremos hacerlo en Londres, antes de los Juegos Olímpicos. Y una de nuestras metas principales es realizarlo en Japón, en las poblaciones de Hiroshima y Nagasaki”.