Migración propicia relaciones igualitarias

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Migrant workers tend to lettuce crops in Salinas, Calif. on Friday, March 31, 2006. Congress is embroiled in an intense debate over immigration legislation. At issue on the immigration controversy is a debate over a proposal that would legalize an estimated 11 million illegal immigrants in the United States and expand guest worker programs for an estimated 400,000 immigrants each year. (AP Photo/Marcio Jose Sanchez)

Las mujeres latinoamericanas de pueblos y comunidades aprovechan la migración para generar relaciones más igualitarias con su pareja, afirmó Patricia Arias, profesora investigadora del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades.
La académica de la Universidad de Guadalajara participará como ponente en el próximo Encuentro internacional en ciencias sociales, dentro de la mesa Cultura, migración y género, que tendrá lugar dentro de la próxima edición de la Feria Internacional del Libro.
La investigadora, especialista en temas de género, está interesada en responder porqué luchan las mujeres, para qué les sirve la migración a ellas. Los motivos pueden ser distintos a los de los hombres.
Patricia Arias aclaró que el empoderamiento de las mujeres se conceptualiza como una lucha dentro de la pareja. En realidad puede no ser con el marido, sino con el entorno social, ya que su pareja también está expuesta a las mismas presiones por parte de la comunidad. A los dos los someten los estereotipos, normas y jerarquías de género. Y los buscan romper.
Ellas cuestionan las normas tradicionales. La educación y los medios de comunicación han incidido en un cambio en las maneras de pensar. En la medida que las mujeres buscan salir de sus pueblos, el control moral sobre ellas para detenerlas se agudiza por parte de los suegros, cuñados y la comunidad en general.
“Las mujeres en algunas regiones de Jalisco llevan más de un siglo quedándose solas, porque los maridos van a trabajar a Estados Unidos. Nunca se había dado esa exacerbación en el cuestionamiento de la moralidad femenina, sino hasta ahora. Incluso les llegan a prohibir salir de compras a la tienda de la esquina”.
La investigadora explicó que una de las formas de garantizar que los hombres volvieran al pueblo y enviaran dólares, era tener ahí a sus mujeres. De ahí que la comunidad defendiera tanto la endogamia, incluso si él se hacía novio de una mujer de otro pueblo. Todos conspiraban para traerlo de vuelta y se casara con alguien de ahí, pero ahora también ellas se van.
La migración está ocasionando que las poblaciones de Sierra de Amula y Sierra Occidental, tengan un crecimiento negativo. Habló de algunos municipios: “Hay algunos que tienen menos población que una colonia de Guadalajara. De hecho, las únicas partes donde la población crece, es en Puerto Vallarta y la zona metropolitana de Guadalajara. Las demás no. En muchas comunidades del estado, las personas de la tercera edad son las que se quedan”.

En busca de una relación más justa
Hay mujeres de pequeñas comunidades latinoamericanas que logran un trato más igualitario de parte de sus maridos cuando emigran a Estados Unidos. Tan cómodas se sienten que no quieren regresar.
Estudios hechos sobre dominicanos que viven en Nueva York, plantean que fuera de sus comunidades de origen los hombres colaboran en los quehaceres de la casa, ayudan a sus hijos a hacer la tarea. Las mujeres se sienten cómodas cuando sus maridos anuncian que quieren regresar a República Dominicana. Antes ellas compraban utensilios caros y le decían a su pareja: “No podemos regresar hasta que paguemos”, como una estrategia para prolongar su estancia en la Unión Americana.
En los pueblos e incluso en las ciudades, las mujeres que se quedan solas con los hijos mientras el marido trabaja en Estados Unidos o Europa, son mano de obra barata para los hermanos o el papá. “La peor condición para la mujer en América Latina es estar sola, porque significa que está expuesta a todo tipo de injusticias por parte de los parientes y de todos los hombres, ya que sienten que pueden acosarlas sexualmente”.
Cuando llegan a perder a su pareja, la situación prevaleciente empeora: el acoso aumenta, las arbitrariedades de la familia orillan a muchas a buscar otro marido, para que las dejen de fastidiar. Otras no descartan la migración para cambiar de ambiente.
Incluso las parejas que deciden vivir de manera independiente y no con los padres o suegros, registran cambios importantes. Las mujeres posponen el nacimiento del primer hijo y buscan un intervalo mayor entre los embarazos, para tener la oportunidad de trabajar. Eso es resultado de la lucha de las mujeres para ganar más poder.
En cambio, si viven en casa de los suegros, hay presiones para que ellas se embaracen, las cuestionan si no procrean hijos y porque se esperan para tenerlos. Las presiones son fuertes. Por eso las mujeres deciden alejarse de los contextos familiares e incluso de las comunidades, y ven la migración como una manera de salir de estos espacios.

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