Mexicaltzingo a pie
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Como vestigio de un tiempo remoto, indígena y virreinal, quedan en Guadalajara los barrios de Analco y Mexicaltzingo, cuyos espacios aún narran de algún modo el tiempo sin tiempo y parte de la historia de la Perla Tapatía

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Caminar por las calles de Mexicaltzingo es un viaje a la historia, que se remonta al pueblo de indígenas que ahí se estableció en 1542. Son muchos años los que convergen en estas calles, así lo delata también su arquitectura, las fincas antiguas que han sobrevivido a la vorágine inmobiliaria. La calle Manzano y aledañas, por ejemplo, fueron la primera zona industrial de “La ciudad de las rosas”, cuando todavía podía presumirse esa cualidad.

La calle de Pavo forma parte del barrio y para el anecdotario comparto lo que escribe Ramiro Villaseñor en su libro Las calles históricas de Guadalajara, y es que esta calle fue bautizada en 1917 con el nombre de Jesús Carranza, pero como en uno de los puntos de dicho lugar estaba un tendejón famoso por vender los mejores pavos y además no se puso pronto la placa, la gente siguió llamándola como la calle Pavo y así se le quedó. Hace un par de años se restauró El puente de las damas, sepultado bajo la calle Colón, entre Montenegro y La Paz.

Aún sobreviven algunas casas de cantera al estilo del porfiriato. Ahora, sobre la calle de Mexicaltzingo lo que más encontrarás desde Niños Héroes hasta La Paz, son tiendas de reparación de lavadoras, microondas y venta de refacciones para licuadoras, cafeteras, hornos o enfriadores de agua. Sobrevive una tienda de telas para tapicería y La Colonial, esa tienda de juguetes que a más de alguno nos proveyó de algún deseo de infancia. También está una tienda de deliciosas nieves de garrafa, una marisquería.

Pero también sobre la misma calle de Mexicaltzingo, entre Colón y Donato Guerra, está una finca hermosa y antigua que han nombrado como “Palacete”, el cual ha sido remodelado y actualmente se renta para pasar ahí algunos días de descanso o vacaciones.

Sin duda el corazón del barrio es la Parroquia de San Juan Bautista, un ejemplo de arquitectura de transición del Barroco al Neoclásico (Camacho, 2018). Enfrente está el jardín que ha sobrevivido gracias a la defensa de los vecinos, pues según la historia este espacio fue construido por los propios habitantes después de la reubicación definitiva del mercado.

En el jardín, desde el atardecer comienzan a prepararse las delicias nocturnas: los tacos de tripita dorada, los lonches de pierna, las papas a la francesa, salchitacos, salchipulpos, biónicos, chocomiles, licuados, hot cakes gigantes y molletes. También puedes encontrar hot dogs y hamburguesas.

Si lo tuyo es trasnochar y no eres quisquilloso, quizá después de cenar o gusguear algo puedes tomarte unos tragos en una cantina a unas cuantas cuadras (una y media para ser exactos) sobre la calle de Epigmenio González, el Morelia’s Bar, decorado con viejas tangas, a donde suelen acudir choferes del 101 y empleados de las tiendas de azulejos que abundan por el barrio.

Mexicaltzingo es movimiento de trabajadores durante el día, en el mercado conviven a la hora del desayuno y de la comida los que s emplean en la carga en las tiendas de reparación o de las de azulejos y muebles para baño, pero también coinciden los empleados o asistentes del Teatro Diana, los de las oficinas del INEGI, de Secretaría de Economía, de Cultura o del Sears. Para comer también están otros lugares de famosas tortas ahogadas fuera del mercado y los puestitos callejeros de la calle de Epigmenio y Manzano, donde venden mariscos, tacos o, ya más tarde, afuera del Sears los elotes o verduras cocidas con queso y crema o sal y limón, o con todo eso revuelto.

Hace unas décadas, en Mexicaltzingo se establecieron las primeras fábricas o pensiones de caballos y se dio paso a la construcción de casas habitación en donde vivían los dueños. Con el paso del tiempo varias de ellas se convirtieron en casas de citas, esta vocación del barrio sigue viva, pues basta con dar un paseo para encontrar los locales de “masajes” o estéticas masculinas y ya más entrada la medianoche, por Niños Héroes antes de Federalismo, sexis travestis ofreciendo sus servicios.

Después de las 8 de la noche, la desolación invade el barrio, el movimiento cesa, las calles descansan de la algarabía y sólo Donato Guerra, entre Epigmenio y Mexicaltzingo, brilla bajo la blanca luz del Hospital Español.

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