Más papaya mami

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Nueve días bastan para enamorarse de la música colombiana, advierte Richard Blair, líder del proyecto Sidestepper. A quienes les fascine, como le sucedió al productor británico, la celebración que los colombianos proyectan en el programa musical de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) de este año, puede ser catalogado con uno de los cantos del productor barranquillero Humberto Pernett: “Pensamiento óptimo, positivo. Buen voltaje y amor, vaganería total”.
El programa que se desarrollará del 24 de noviembre al 2 diciembre incluye 14 proyectos –agrupados en pares los primeros cinco días–, que van de lo folclórico y lo tradicional, a lo electrónico, sin olvidar la salsa, el jazz, el pop y la canción latinoamericana.
Las noches compartidas ofrecen estilos diferentes: variedad contra disparidad. Colombia es cuna de un sinfín de ritmos. En el programa sobresale la aportación de la región caribe (norte del país), con géneros como la cumbia, el vallenato y la vena electrónica (la champeta). Dos ciudades son ancla: Barranquilla y Valledupar.
En todos los géneros, la “tradición celebratoria” es patente en el baile, en los ritmos trepidantes del arpa o el acordeón o en la desfachatez e ironía de la tradición oral cantada. “El hecho de existir es una fiesta, estar aquí, quitarse las ataduras. Eso nos cuesta trabajo”, opina Pernett. Desde el lado amable se cuentan las veleidades de la migración, la violencia, los desamores, la pobreza. “Queremos rumba. Ya no más ráfagas”, es uno de los estribillos de Palenque Estéreo.

Que la felicidad nos atropelle

Habrá que empezar por el final. En el último día Aterciopelados vuelve a Guadalajara después de seis años de ausencia. La banda, con 17 años de historia y siete discos producidos, tiene un legado dentro del rock latinoamericano, equiparable en tiempo a Café Tacvba o Babasónicos. Actualmente giran con su último disco, Oye, editado el año pasado. En él afianzan su tono aleccionador: el amor redime, el dinero no es la respuesta, la mujer debe hacerse respetar, viva la paz. El terciopelo está más suave que nunca: mariposas rosas vuelan en su página de internet y en el video Don Dinero, cantan frente a un grupo de niños sobre el verde pasto del bosque. Es probable que los “embajadores del rock colombiano” receten sus éxitos “Bolero falaz” o “Florecita rockera”.
La vocalista Andrea Echeverry viene con una exposición sobre su oficio de ceramista, titulada Entre casa. Estará en la galería del Teatro Diana (avenida 16 de Septiembre 710, a una cuadra de Niños héroes). La inauguración será el 29 de noviembre. Esperan que esa noche establezca un diálogo con los asistentes. Cita probable: 20:30 horas.

Otros géneros

Completan el programa musical una serie de proyectos de géneros variopintos. Fonseca tiene una noche exclusiva para su propuesta pop, de considerable éxito en su país. La nueva generación de la canción latinoamericana, detrás de Shakira y Juanes.
De la región más pobre de Colombia llega Chocquibtown. Hip hop, rumba, raga, funk, folclor y demás. Reivindican la autenticidad de expresar todas sus influencias. Escuchan Gutan Klan, Kris Kross, Public Enemy. Kilombo es música afrocolombiana a la que agregan elementos latinos. Son, como Chocquibtown, de la región Pacífico, la de mayor presencia negra de Colombia. Puerto Candelaria es una joven agrupación de jazz. Músicos con estudios clásicos que han optado por dar un toque latino.

Torcer la cadera

Si su afición es el baile y la fiesta, hay dos vertientes a seguir. La primera está con Sidestepper, el proyecto con más prestigio del movimiento en Colombia que desde hace 10 años mezcla los sonidos tropicales con la electrónica.
Sidestepper es un viejo conocido de la ciudad. Su última visita fue en mayo del año pasado. Tal vez usted pueda recoger algún testimonio. Su mezcla sonora genera una discoteca tropical. El beat de la computadora agrega continuidad a las secuencias de tambores y trompetas, que dura lo que el cuerpo aguante.
Lo simple es sabroso, la algarabía es la forma de ver la vida, asegura Blair, quien desde hace ocho años radica en Bogotá, ciudad a la que llegó con la intención de producir un disco de la cantante Toto la Momposina, y no ha partido.
Blair opina que el estilo de vida europeo, en el que la serenidad de suponer que todo está bajo control y la conformidad de creerse sociedades más avanzadas, tiene mucho que aprenderle a la espontaneidad y el gozo latinoamericano.
Sidestepper está por lanzar su sexta producción discográfica, The buena vibra. Sound system. Blair adelanta que la presentación dentro de FIL será un repaso de sus discos, con algunas remezclas como novedad.
El jueves 29, en solitario, el productor británico pinchará en el Bar Calavera (avenida Hidalgo e Ignacio Ramírez, a tres cuadras de Chapultepec). Pernett, colaborador en algún tiempo de Sidestepper, presentará su proyecto personal, emparentado con este movimiento. Estará acompañado por los Caribbean Ravers, entre los que se encuentra el percusionista Kike Gurrola, muy cercano al reconocido Batata.
“Esto ha sido un proceso de años, en el que vinculamos instrumentos distintos a los tradicionales”. Pernett cuenta que haber agregado a la escuela tradicionalista de la que proviene –su padre pertenece al grupo de tradición barranquillera Cipote Garabato– sus influencias de new wave, rave, tecno y dance, al principio no fue bien recibido. “La gente me gritaba que estaba acabando con la cultura. Lo que estamos haciendo es música nueva, pensando en otras herramientas, pero con el mismo pensamiento que labraron nuestros ancestros. Sin embargo, la gente enloqueció, me dijo que era tenaz. Ya hemos ganado respeto con mucho trabajo”.
En la misma línea se podría mencionar a Palenque Estéreo/Malalma, quienes agregan a sus presentaciones elementos como el performance.
La otra vertiente está con La 33, un combo de 11 músicos venidos de la tradicional “salsa dura” de los setenta. Sin novedad, misma efectividad. Colombia tiene la denominación de cuna de la salsa. La banda, con seis años de experiencia, tendrá una noche exclusiva para el baile.
El Gran Silencio es parte de esta otra vertiente para sacudirse. Toca a este grupo de Monterrey ser el representante mexicano que en las últimas ediciones de FIL ha tenido presencia en el programa musical, a título de “hermanamiento”. Poderío sonoro, tambora, sound system, ska, de lo más propositivo. Llegan a 15 años de existencia, y son un clásico.

Raíz viva

En palabras de Hugo Carlos Granados, el folclor en Colombia ocupa una posición similar a la de México. A la mayoría no le interesa, se escucha y práctica en regiones determinadas. Por ello son opciones únicas, muy probablemente. Granados es Rey de reyes del Vallenato, título obtenido a principios de año, que lo cataloga como de lo mejor del mundo del tradicional género. Acordeón a toda velocidad.
De la misma región norte del país proviene el grupo Tambó. Hablar de las raíces musicales de Colombia es hablar de ífrica, en presente. El grupo étnico afrocolombiano es el 10.62 por ciento de la población, es decir, cuatro millones 311 mil 757 personas, de un total de 41 millones, según el censo de 2005. Tambó ha hecho un trabajo de investigación amplio por 15 años antes de sacar su primer disco, el año pasado. En su música también recupera la raíz indígena. El disco tiene matices que van de lo tribal, lo religioso, a lo latino. Su instrumentación incluye cajas, maracas, quijadas, caracoles, tambores, gaitas. “Mitos, leyendas, canciones, danzas, costumbres, y todo lo que se pierde en la prehistoria de un pueblo, aviva nuestras inquietudes”, dicen.
Una última mención es para Orlando “Cholo” Valderrama. Representante de la música llanera, región del oriente que limita con Venezuela, transmite la tradición oral de la vida campesina. El arpa es el instrumento que acompaña sus composiciones, sus personitas, como él las llama. Ya le ha dado vida a más de 300.