Los sonidos de un nuevo orden

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¿Cuáles son las opciones de desarrollo para los involucrados en la música? ¿Cómo romper con los antiguos vicios de una industria que privilegia los intereses de determinados grupos? ¿Cómo aprovechar los cambios tecnológicos y crear un equilibrio entre empresarios y artistas? Estos cuestionamientos tienen una respuesta incompleta.
Desde hace más de una década las transformaciones en la cadena productiva de la industria musical, son continuas. Diariamente surgen iniciativas y proyectos que intentan establecer un nuevo orden en la producción, distribución y consumo de la música, algunas con resultados positivos, pero lo cierto es que aún permanecen numerosos cabos sueltos y, por consecuencia, también existe desequilibrio.
El escenario apunta hacia direcciones distintas. Dentro de los servicios para el consumo legal de música, ejemplos como Spotify resultan “alentadores” en la relación entre músicos y trasnacionales. Se estima que hasta marzo de este año, el registro de usuarios que pagaron por el servicio de Spotify –reproducción de música vía streaming– era de más de tres millones.
Otros efectos en este contexto son las acciones legales contra sitios como el extinto Megaupload, que causó una alerta sobre la necesidad de poner especial atención y claridad en la instauración de leyes que realmente protejan los derechos de autor.
Recientemente, el portal The Piratebay, uno de los sitios más populares, recibió un ataque de denegación de servicio; Reino Unido y Holanda emitieron órdenes para que los proveedores de servicio de internet suspendieran el acceso a la web a los usuarios, todo en un intento para ejercer presión legal.
El desarrollo del mercado internacional es un asunto de leyes y voluntades, e igualmente, de indispensable atención al valor de la música y sus consumidores. En este circuito, Iberoamérica genera distintos espacios que funcionan para medir la temperatura del mercado musical. Festivales como el Primavera Sound, en España, significan una muestra de la convocatoria a este tipo de encuentros de gran formato. Lo mismo sucede con Rock in Rio, festival que nació en Brasil, y que también tiene como sede otros países. Rock al Parque, en Colombia, y Latin Alternative Music Conference (LAMC), esta última una plataforma para la música en español con sede en Nueva York, constituyen otros claros ejemplos. En México, el Festival Iberoamericano de Cultura Musical Vive Latino se ha convertido en todo un referente para el rock y algunos de sus subgéneros.
La Feria Internacional de la Música (FIM), forma parte de esta serie de esfuerzos. Esta joven plataforma llega a su segunda edición y conserva la apuesta por la consolidación, por el fortalecimiento como un punto de encuentro entre los diferentes actores de esta industria.
Por medio del análisis y el diálogo entre profesionales, la FIM expuso en su primera edición posibles soluciones y alternativas para el desarrollo del mercado musical. La feria representa un espacio para la profesionalización, además de constituirse como un organismo que promueve la cultura. En la misma importa difundir el trabajo de músicos pertenecientes a diversos estilos musicales. Así propicia el contacto con el público. En síntesis, este evento funciona como un escaparate que trabaja para ser cada vez más incluyente y arriesgado.
En la primera FIM ocurrió una situación casi generalizada: la postura de noveles y experimentados músicos por la independencia, por la utilización de nuevos métodos creativos, con imaginación, para dar a conocer su música. Desde el solista que toca en la plaza y vende sus discos, hasta el grupo que decide poner su trabajo gratuitamente a través de la web, y utiliza las redes sociales para promocionarse. La voz común fue poder ejercer un trabajo con libertad y mantener el control de la obra.
La pasada FIM ahondó en el problema que enfrentan los derechos de autor. Los especialistas examinaron los vacios legales y los nuevos modelos de negocio en México que, hasta el momento, significan exclusivamente un paliativo para la industria musical. De esta forma, la feria propició el encuentro y el diálogo con artistas, directivos y público. Al mismo tiempo dejó en claro que los intereses de la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM) y la visión de los músicos se encuentran en direcciones opuestas.
Ciertamente uno de los pendientes para la FIM es volverse cada vez más atractiva para las disqueras trasnacionales, en el sentido de lograr una sinergia total entre las distintas partes.
Entre las novedades más importantes para la segunda edición de la FIM está la Zona de contacto, un nuevo espacio que pretende lograr convenios y acuerdos de trabajo entre músicos y programadores de conciertos nacionales e internacionales. Este ejercicio significa uno de los puntos centrales que define la ruta de la FIM.
Annette Fradera, productora e investigadora, participará en la segunda edición de esta feria. La especialista impartirá el taller Introducción a los derechos de autor para creadores. Fradera dijo sobre la situación actual del mercado musical: “Las trasnacionales no son las mismas de hace 20 años, tiempo en que existía la posibilidad de que firmaran a los músicos, y se llegara a un acuerdo en condiciones más o menos aceptables, en el sentido de que se corría un riesgo por ambos lados. Hoy las disqueras no están corriendo ningún riesgo, porque, en primer lugar, no están pagándole a nadie megaproducciones, salvo a los artistas de catálogo, que tienen resueltas una serie de cosas, como radio y televisión”.
Eduardo Guillot, periodista español, especialista en música, y colaborador de la prestigiosa revista Rockdelux, estará presente en la FIM para hablar sobre el papel del periodismo musical en la actualidad. Guillot, dijo: “Analizaremos lo que ocurre de cara a las nuevas tecnologías digitales, y cuál será nuestro papel dentro de la industria. Es imprescindible que estemos conectados y, que además, sea desde los tres puntos: músicos, académicos y empresarios”.
En la FIM analizarán temas como: Multinacionales y nuevos negocios, Modelos de sociedades de derechos de autor, La música como herramienta de desarrollo social, Música tradicional, Ferias y festivales de música en Latinoamérica y Management y booking en el siglo XXI. Habrá también charlas sobre streaming y un encuentro de programadores de radio. Camilo Lara, Sylvie Durán, Eduardo Meneses, Talles Lopes, Adrián Peregrino, Miguel Jiménez, Aureo Baqueiro y Guillermo Gil, forman parte del grupo de especialistas que participarán en la discusión de estos temas.
La música, el elemento sustancial de la FIM, estará presente en showcases y conciertos que permitirán aproximarse a propuestas de distinto orden: de la música electrónica y los sonidos latinoamericanos, hasta el pop y el rock.
La FIM acierta con la presencia de dos experimentados músicos: Santiago Auserón y Daniel Melero. Conocedor de la fuerza que posee la canción, “Juan Perro” es sin duda uno de los cantautores que ha dejado huella dentro del rock en español, sin que esto signifique limitar su capacidad de creación en un solo género. Melero y Auserón participarán en un panel en el que se discutirán las posibilidades de la canción.
El productor argentino Daniel Melero, colaborador en discos imprescindibles de Soda Stereo, recibirá un homenaje a cargo de Babasónicos.
La feria reunirá a intérpretes del folclor latinoamericano, entre estos Susana Baca, Trío Chicamole y Cimarrón.
La oferta musical también incluye a noveles músicos, como Juan Cirerol, Hello Seahorse! y Carla Morrison, representantes de una generación que recurre a las nuevas tecnologías para la difusión de sus producciones.
Frente a una industria musical que requiere propuestas creativas, la FIM está lista para contribuir con diálogo y acciones que den paso hacia una nueva alineación en la cadena productiva de este amplio mercado. El reto principal es encontrar el punto de equilibrio entre todos los componentes.