Los marcianos tocan en GDL

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BANDA JAZZ TROKER O ALGO ASI

De nada serviría ponerse nostálgicos con el recuerdo del bar Copenhagen 77 y el Arthur’s Copenhagen que funcionaban como pequeños escaparates de jazz de la ciudad de Guadalajara, y que daban foro a músicos locales y externos de este género casi todos los días. Ni tampoco vale quedarse con la grata memoria de haber escuchado a Carlos de la Torre o al trío Vía Libre, sino para tener respeto por otros momentos jazzísticos de la ciudad y con ello acercarse a los nuevos creadores de la síncopa tapatía.
Imperdonable no hablar aquí de Sara Valenzuela, la incansable promotora de jazz que desde hace veinte años se echó a las espaldas la tarea de difundir la música que, como ella dice, en un comienzo le hacía pensar en las películas de Woody Allen.
 A Valenzuela, desde su trinchera que es Radio UdeG, le ha tocado defender e invitar a escuchar una música que al menos en México no vende mucho. Aun así, ella sabe que a pesar de las inconstancias que a veces dependen del humor y de los gustos de las autoridades culturales sí ha habido “movimiento” en la ciudad, pero hay que estar “creando público”, y éste sólo se enganchará si constantemente se escucha jazz en vivo, no es lo mismo tener el disco que verlos tocar —otro tanto igual dirán de otros géneros— pero el hecho es que sólo el jazz sin lo impredecible, sin la improvisación, simplemente deja de ser. Quizá por ello mismo, a algunos les parece como comenta Sara, “música de marcianos”, compleja y hecha para las finísimas personas intelectuales, pero no, aunque su ejecución sea complicada no pasa así con su percepción: “te gusta o no te gusta”.
Además, según Valenzuela, otra de las cualidades de los jazzistas es que gracias a su buena preparación pueden tocar varios géneros y corrientes, y ello les permite involucrarse en varios proyectos y sin ponerse celosos de que unos funcionen más que otros, igual a lo que pasa en todo el medio cultural.
Por otro lado, Valenzuela está convencida de que no sólo hay que hacer conciertos, sino también ofrecer la parte educativa con clínicas, cursos, conferencias, para que los músicos nuevos tengan las herramientas para desarrollarse, pues así, dice,  se crea la cercanía entre los grandes y los que empiezan, ya que a veces se tiene la falsa idea de que siempre fueron buenísimos y nunca pasaron hambres. Partiendo de tal idea, ha estado realizando esas labores educacionales a través de Tónica, en compañía de Gil Cervantes.
Después del breve examen de conciencia de lo que ha vivido Sara Valenzuela, está convencida de algo: que el público cada vez es más exigente, que no les gusta sólo el jazz tranquilo y tradicional, sino que quieren probar cosas nuevas, y de que los músicos si quieren llegar a él deben olvidarse del poco apoyo de las disqueras y los medios. No queda otra que ser creativos y buscarse un espacio propio.
En Guadalajara, pocas bandas de jazz  se están arriesgando en crear cosas nuevas, y no quedarse sometidos a lo que pueda considerarse la manera correcta de hacer esta música. Una de ellas es San Juan Project, agrupación creada a finales de 2007, y que define su música como “un poco de electrónico, con sampleos de jazz, y beats urbanos como hip hop”, y que dicen tomar ideas de gente como Depeche Mode, Saint Germain, Calvin Harris y la inolvidable Ella Fitzgerald; por otra parte, admiran a Miles Davis, y a Antonio Sánchez y Brian Lynch que el mes de agosto estuvieron en la ciudad dando clínicas y un concierto en el Teatro Diana.
Para San Juan Project, el jazz está asociado a la palabra libertad, es estar en un campo de juego “donde podemos sacar toda la creatividad sin preocuparnos por una fórmula”. Sin embargo, hay algo que sí les preocupa y es el poco apoyo y difusión para su música, y les parece absurdo que en Aguascalientes haya un festival de jazz importante y aquí no, siendo que la ciudad es más grande. Parece que la ciudad se conforma con el festival del mariachi.
Si hay algo en lo que cree firmemente San Juan Project es que se tiene que escuchar cualquier tipo de música, pero que sea buena: “Somos fans del talento, no de las caras bonitas ni de lo prefabricado”. Y están seguros de que la gente debe tener acceso a toda la gama de productos que hay y que los empresarios deben invertir en ellos y no sólo en los que resulten masivos.
Por lo pronto, San Juan Project está concentrado en la salida de su primer EP que llevará el mismo nombre del grupo y que han estado realizando con una compañía independiente, aunque dicen estar en pláticas con Universal para la distribución; y en el futuro, dependiendo cómo se les den las cosas, pensarán en la grabación de un LP. Pero mientras eso pasa, dicen que “hay que moverse, tocar donde se pueda, y darle a la gente otra opción de música”.

Salchicha, zanahoria y
un panecito Bimbo
Otra de las bandas de jazz que están en ese afán de no estancarse y que han estado haciendo mucho ruido, es Troker, con su sonido particular en el que mezclan jazz con rock, funk y con cualquier género que les venga en gana, pues ante todo buscan la honestidad y originalidad, ya que dicen estar hartos de que todos los grupos suenen igual, como los músicos que estén de moda y sin nuevas propuestas: “Es un reciclaje increíble”. Aunque se saben llenos de influencias como cualquiera, van por lo que les gusta y que suene bien, en palabras de Gil Cervantes, uno de sus integrantes y también creador de la Gil Cervantes Jazz Orchestra (GCJO), Troker “es la fusión de meter lo que quieras, meter una salchicha con una zanahoria y luego un panecito Bimbo, pero con coherencia”.
Aunque este ecléctico paladar de tiendita de la esquina les ha atraído críticas por parte de otros músicos, que piensan que han profanado la esencia del jazz, lo cierto es que para entrar y sostenerse en la escena de la improvisación se necesita precisamente eso, y hacerse de una suerte de manual de guerra, al cual han querido sacarle el mayor provecho no sólo en la manera de hacer música, sino también en la que se da conocer, y así, con respecto a otros jazzistas que se quedaron acostumbrados a realizar las cosas a su vieja idea, les han sacado ventaja: “La diferencia es el internet, la facilidad de hacer música ahora, y la facilidad de promover tu música, cosa que antes era otra dinámica, no se quedan relegados como músicos, pero sí se quedan relegados en la manera de trabajar las nuevas tecnologías”. Y es que aseguran que algunos músicos pecan de querer ser descubiertos y desear que los hagan estrellas, pero eso lo más seguro es que “no va a pasar, tienes que hacer tu trabajo sin esperar que alguien te venga a rescatar”.
En ese mismo sentido, de quitar poses anquilosadas al jazz, Troker se ha ido a tocar a los barrios populares, donde supuestamente a la gente no tendría porque agradarle algo  más que la banda El Limón, para darse cuenta de que a todos les llega a gustar el jazz, y que los prejuicios están más bien en la mente de los empresarios de la industria disquera; que para que este género pueda interesar a las personas se requiere de la exposición, de llevar la música a todos como lo harían con lo que se piensa vendible. Así, si hubiera una gran difusión de lo que se cree no comerciable, “en vez de oír cien veces a Belinda, podrías escuchar a Gato Gordo o Radaid”.
Aun así, sabiendo que Troker está dispuesto a tocar donde los pongan, por otra parte están conscientes de que no hay lugares con una mediana capacidad con los requerimientos mínimos para poder realizar pequeños conciertos todos los días, como un verdadero club de jazz, los que hay son muy grandes y “es complicado estar llenando teatros cada semana”, normalmente son foros como cafés, restaurantes o galerías de arte que por moda programan esa música, pero que lo que menos les preocupa son los músicos: “Quitan un par de mesas y dicen aquí acomódense muchachos”.
Estando así las cosas, Troker ahora está metido en su nueva producción que llevará el nombre de El Rey del Camino, que esperan presentar oficialmente el próximo año en la Ciudad de México y en abril en Guadalajara, a través del sello Intolerancia, producción que suena como ellos dicen “muy troker”, pero también grunge y progresivo, con marcadas influencias de Frank Zappa y King Crimson.

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