Los dioses en mi cabeza

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060814 CYR CELEBRACION DE LA SANTA CENA EN LA LUZ DEL MUNDO EN LA COLONIA HERMOSA PROVIDENCIA. FOTO GIORGIO VIERA.

Ana vio al Diablo: “Me sucedió un viernes santo, cuando me dirigía a un templo. Su rostro era como de piedra verde, de la textura del molcajete. Su expresión era de un odio profundo. Lo alcancé a percibir de reojo. Supe que era el Demonio por el miedo que tenía. Hasta los vellos se me erizaron”.
Para Ana la experiencia fue tan real como la existencia de ella misma o la de sus vecinos. Lo considera un aviso divino, algo que un ser superior le permitió experimentar para encarrilarse por el buen camino. Lo que ignora es que esa experiencia tal vez sea un episodio psicótico.
Los pacientes con psicosis pueden tener alucinaciones que algunos podrían calificar como manifestaciones demoníacas o místico-religiosas. Las personas llegan a suponer que contemplan espíritus malignos, ángeles, a Dios, Jesucristo o la virgen. Estos trastornos tienen causas múltiples: factores genéticos, golpes en la cabeza o epilepsia.
Las “visiones” no son uniformes. Varían según la educación recibida, el grado de religiosidad y las vivencias personales. En diferentes épocas hubo santos y grandes pecadores que podrían encajar en diferentes esquemas psiquiátricos.
“Dime cuál es tu subconsciente y te diré cuál es tu futuro delirio”. Las visiones no pueden ser completamente originales, porque no son diferentes al contexto sociocultural y religioso dentro del cual está el paciente, afirmó Sergio Villaseñor Bayardo, jefe del servicio de psiquiatría, del Hospital Civil Fray Antonio Alcalde.

Definir la psicosis
La psicosis es definida como una pérdida de contacto con la realidad. Lo que todos perciben generalmente, no lo capta igual el hombre o mujer con este padecimiento. “Tú y yo podemos ver que la puerta está emparejada, pero un paciente psicótico percibe que una influencia maligna la está empujando y quiere meterse. Es lo que muchos llamarían locura”.
Hay varios tipos de locura. Unas son breves, transitorias, de unos cuantos días o semanas. Se presentan cuando hay desequilibrios biológicos, problemas hormonales o metabólicos o un golpe cráneo-encefálico. Otro tipo de psicosis, como los trastornos bipolares, no son de alta gravedad, pero requieren tratamiento médico. De acuerdo a diferentes clasificaciones de especialistas, entre las psicosis se encuentra la esquizofrenia y el trastorno delirante.
“Las personas que presentan psicosis empiezan a aferrarse a la realidad, pero no pueden. Es como si quisieran agarrarse con las uñas a una pared de azulejos. Se van deslizando poco a poco, hasta que caen en otra dimensión, en otro mundo que justifican mediante ilusiones ”.
Los psicóticos de todo el mundo cuando empiezan a sentirse frágiles buscan un sentido de identidad y pertenencia. Saben que son ellos, pero al mismo tiempo, que no lo son. Están perplejos porque perciben cambios y creen que otra persona habita dentro de ellos.
Para las personas que entran a una crisis, la religión constituye un refugio importante, en el que encuentran consuelo.
De acuerdo con Freud, el origen de la religión puede ubicarse en la actitud que tiene el niño ante el padre y la madre, con los que se siente protegido, aliviado y que le resuelven sus problemas. En el contexto católico se habla de Dios padre, de una madre virgen. La relación es de padres a hijos, que responde a la necesidad de hallar alivio a la angustia existencial y certezas ante la muerte.
El especialista aclaró que las actitudes pro religiosas pueden estar relacionadas, en algunos casos, con el bienestar individual y la felicidad, y en otros, con psicopatologías. “Es fácil que la gente emocionalmente alterada se vuelva a la religión para ayudarse a resolver sus problemas”.

Esquizofrenia
“En una de sus crisis estaba tan molesta, que tuvo que bajarse de la cama. Sintió entonces una intensa lucha interna, una lucha de dioses. Una mitad de su cuerpo pertenecía a Dios y la otra al Diablo. Tenía la sensación de que se estaba separando. Además escuchaba decir al Diablo que iba a ganar la pelea. Los olores que percibía y que ella relacionaba con el maligno, se mezclaban: por un lado olor a azufre y por el otro, a sexo. Se sentía poseída por el demonio. Gritaba y forcejeaba con ella misma”.
El caso está documentado en Apuntes para una etnopsiquiatría mexicana, de Sergio Villaseñor Bayardo. La paciente, con nombre desconocido, es del sexo femenino, de 33 años, con esquizofrenia. Por lo general esta enfermedad se desarrolla con lentitud durante meses e incluso años. Inicialmente los síntomas a veces son imperceptibles. Por ejemplo, la persona puede sentirse tensa, tener problemas para dormir o falta de concentración. Se vuelve aislada y retraída, no hace ni conserva amistades. A medida que la enfermedad progresa aparecen los síntomas psicóticos, como delirios, creencias o pensamientos sin fundamento real, alucinaciones (escuchar, ver o sentir cosas no reales).
Juana de Arco tal vez fue esquizofrénica. Algunos de sus biógrafos cuentan que a los 14 años empezó a oír voces que le hablaban, después a ver resplandores. Se le “aparecieron” el arcángel Miguel, santa Catalina y santa Margarita, quienes le indicaron que debía salvar a Francia y al rey. “Hay muchos enfermos mentales que luego fueron considerados santos, y viceversa”.
A medida que se desentraña la compleja fisiología del cerebro, cuyos hemisferios desempeñan funciones diferentes, se ha ido comprendiendo mejor al ser humano. “Por ejemplo, si la función del hemisferio derecho es mediada por la del izquierdo, da origen a la creatividad intelectual. Si el hemisferio derecho funciona solo, da lugar a la creatividad artística. Si la función del hemisferio derecho no puede expresarse, buscará salida en los estados de trance o en la esquizofrenia”.

La bouffée delirante
Cada año alrededor de 50 turistas son hospitalizados en Jerusalén por algún episodio psicótico. Muchos reportan experiencias místicas. “Llegan a creer que son alguna figura religiosa. Hay una relación específica entre el significado de Jerusalén como un lugar central en la experiencia religiosa y la naturaleza del episodio psicótico”, aseveró Sergio Villaseñor Bayardo.
La bouffée delirante es una patología caracterizada por la eclosión brutal de un delirio rico y polimorfo en sus temas y mecanismos. En ocasiones se asocia con trastornos de la conciencia y estados de ánimo. Hay confusión mental, alucinaciones e ideas delirantes. Quienes lo padecen pueden creer que están en contacto directo con Jehová, o en el caso de los católicos, con Jesucristo. Esta psicosis es muy aguda, intensa y breve

Epilepsia
“Los ojos de su entendimiento se comenzaron a abrir y, sin percibir ninguna visión, tuvo la inteligencia y el conocimiento de cosas numerosas, tanto espirituales como concernientes a la fe y la cultura profana, y ésta con una iluminación tan grande, que todas esas cosas le parecieron nuevas”. Así describe Héctor Pérez Rincón el éxtasis súbito de san Ignacio de Loyola, en el libro Apuntes para una etnopsiquiatría mexicana.
Algunas reflexiones psiquiátricas sobre ciertas conversiones dramáticas de la historia religiosa pueden relacionarse con la disfunción cerebral. Se afirma, por ejemplo, que Ignacio de Loyola tenía epilepsia, daños en el lóbulo temporal, quizá por su famosa caída del caballo, indicó Villaseñor Bayardo.
“Actualmente es bien conocido que las condiciones extremas, como los focos epilépticos lateralizados en el lóbulo temporal izquierdo, estimulan tanto las experiencias religiosas como místicas. En los sujetos extáticos es evidente la participación del hemisferio derecho y hay mayor función emotiva”.

San Francisco bipolar

Francisco de Asís probablemente padeció trastorno bipolar. Hablar con los animales y sentir que le responden y mandan mensajes, así como desnudarse en público bajo la nieve, no es algo normal, sino síntomas que encajan con esta dolencia. Según diferentes versiones de su vida, este personaje tenía fases depresivas, luego venía la manía y la “iluminación’”, explicó el especialista.
Los trastornos bipolares a veces pueden presentar síntomas similares a los de la esquizofrenia. Tienen múltiples manifestaciones. La persona puede caer en fases de manía o euforia extrema, al mismo tiempo mostrar irritabilidad. “El paciente se enoja fácilmente. Siente que todo lo puede hacer. Se considera omnipotente, omnisapiente, que habla idiomas, compra y vende todo lo que tiene o lo regala”.
Con frecuencia caen en una fase aguda, maniaca, psicótica o simplemente estar deprimidos.
Por lo regular este trastorno es transmisible genéticamente. A veces hay antecedentes de padres depresivos, tíos o abuelos. También lo origina el estrés, la inseguridad, problemas laborales y familiares, pérdidas y duelos.