Liderazgo contra violencia de género

En todo el mundo, la representación de las mujeres se mantiene en niveles ostensiblemente bajos en muchos aspectos de la toma de decisiones, señala la ONU, pese a que en años recientes han encabezado muchas de las protestas por los derechos cívicos y políticos y, en algunos casos, el combate contra el Covid-19 en sus países

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El tema a reflexionar propuesto por la ONU para esta edición del Día Internacional de la Mujer, es «Mujeres líderes: por un futuro igualitario en el mundo de la Covid-19», dada su participación como tomadoras de decisión de primera línea, ya sea como jefas de Estado y de gobierno, legisladoras, ministras o secretarias en educación en los países del orbe, o en puestos de gran responsabilidad en el ámbito del sector salud, por citar solo algunos espacios de intervención.

La situación actual del liderazgo femenino puede ilustrarse mejor mediante algunos datos: el informe sobre “Covid-19 y liderazgo de de las mujeres: para responder con eficacia y construir mejor”, publicado por la ONU, señala que, si bien el 70% del personal sanitario y de cuidados sociales está conformado por mujeres, solamente el 30% de ellas se ubica en los puestos directivos a nivel mundial; solo 21 países tienen a una mujer como jefa de estado y de gobierno a pesar de que han demostrado contribuir al logro de una toma de decisiones más inclusiva y una gobernanza más representativa; en los parlamentos están representadas con el 25%; el 24.7% son ministras de salud en el mundo.

«Las organizaciones de mujeres y el activismo feminista han encabezado muchas de las protestas por los derechos cívicos y políticos que han tenido lugar en 2019 y 2020. En todo el mundo, sin embargo, la representación de las mujeres se mantiene en niveles ostensiblemente bajos en muchos aspectos de la toma de decisiones», menciona el documento.

Por primera vez en la historia, el año pasado las mujeres han estado en primera línea de las manifestaciones políticas en la India. Foto: Internet

Asimismo, hace referencia a los casos de siete jefas de gobierno de los países de Alemania, Dinamarca, Eslovaquia, Etiopía, Finlandia, Islandia y Nueva Zelanda, quienes lograron aplanar la curva de contagios del Covid-19 con un estilo de gobernanza más colectivo que individual, más colaborativo que competitivo y más orientativo que imperativo.

Sin embargo, pareciera que la invisibilidad de los resultados de las mujeres en la gestión es una constante que permanece como una etiqueta, pese al talento, trabajo y desarrollo profesional del género.

Lo anterior es particularmente cierto en un contexto donde se han redoblado las cargas de trabajo, porque al desempeño profesional se han agregado las tareas cotidianas en el hogar y otras más, como la atención escolar de los hijos en casa y el cuidado de los adultos mayores, lo que sumado al teletrabajo, hace las jornadas diarias más largas y extenuantes que nunca.

La otra cara de la moneda, que la pandemia ha evidenciado, es el aumento en los casos de violencia de género. De acuerdo con el informe del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública en México, los presuntos casos de violencia de género se incrementaron en un 27.4% al pasar de 3 mil 180 en 2019 a 4 mil 050 en 2020. El número de llamadas a la línea de emergencia 911 relacionadas con incidentes de violencia contra la mujer, también aumentaron de 197 mil 693 a 260 mil 067 entre 2019 y 2020.

Por otra parte, la Red Nacional de Refugios también hace un señalamiento al respecto, debido a que durante el confinamiento (marzo a noviembre de 2020), se incrementó la atención por causas de violencia familiar en un 39% respecto al 2019. Asimismo, brindaron atención integral especializada en los refugios y centros de atención externa a 25 mil 225 mujeres, niñas y niños, familias donde el 87.6% de los agresores fueron los esposos, novios o exparejas.

Ante esta realidad llena de contrastes, con un liderazgo limitado para las mujeres y el aumento de la violencia, ¿cómo transitar hacia esquemas más equitativos de género? Porque no se trata de pelear por una cuota de género, sino de generar las mismas oportunidades para hombres y mujeres, de brindar la confianza, de reconocer el talento y de crear sinergias en la toma de decisiones desde el hogar, el trabajo, la escuela, o en cualquier espacio donde la participación femenina aporte su visión para contribuir al desarrollo del país.

El énfasis deberá ponerse en una educación liberadora, para impulsar la ruptura del techo de cristal que prevalece para las mujeres, propiciar el cambio en la percepción tradicional del papel de la mujer en la sociedad y empoderar a la población femenina para superar cualquier obstáculo que le impida avanzar; sólo el conocimiento permitirá transitar hacia un entorno de convivencia más inclusivo, igualitario y libre.