Las rupturas del arte

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Para Mitsi Nieto Durán, “la capacidad de sorprendernos y de indignarnos tiene que ver mucho con el arte, en la educación de nuestras emociones y de nuestra capacidad sensible. Esto que se ha estudiado y llamado de muchas maneras, nos permite tener algo que se puede conmover y volvernos más humanos”. Y desde ahí se ha hablado otro tanto sobre si el arte es capaz o no de transformar la sociedad.

Tales fueron los tópicos que abordó Nieto Durán, quien es doctora en Ciencias Sociales, durante su conferencia “Arte por la paz”. Hacia una transformación social, que dictó la semana pasada en el Laboratorio de Arte Jorge Martínez de la Universidad de Guadalajara. Esto dentro del 20 aniversario de la licenciatura en Artes Visuales de esta Casa de Estudio.

Nieto Durán señaló que su trabajo se basó en dos corrientes educativas de vanguardia denominadas Educación para la paz y Educación por el arte. Éstas coinciden en que buscan desarrollar una serie de habilidades y actitudes en los sujetos que son propicias para la vida colectiva, tales como la solidaridad, la cooperación, el pensamiento crítico y la autonomía.

La conferencia se basó en la tesis doctoral de Nieto Durán que tuvo el título de “Arte por la paz: entre la liberación y la reproducción”, luego de una investigación de cuatro años, y también desde su experiencia en el organismo civil El Circo Volador, que en el DF ha empleado desde veinte años atrás las dos corrientes educativas mencionadas para prevenir la violencia en poblaciones juveniles.

La investigadora advierte que más allá de los actos violentos que son fácilmente identificables en nuestra sociedad, existe también una violencia estructural que abarca nuestra cotidianidad, entre los que se contemplan el rechazo o la discriminación, a nivel incluso de las instituciones educativas o el arte, que a su vez reproducen modelos de desigualdad entre quienes pueden o no acceder a ellos.

Pero si hay algo por hacer para lograr que el arte pueda combatir cualquier acto de violencia, éste no debe concebirse sólo como una enseñanza estética o técnica, sino en los valores que son transmisibles a través de él. Para ello, debe predominar en el proceso el diálogo y un pilar educativo fundamentado en el pensamiento crítico, el cual pretenda “las posibilidades abiertas en el arte; que no produzca certezas y sí rupturas, y así facilitar una cultura de paz”. Porque además de la necesidad de que exista más cultura estética, “el arte por sí solo no puede cambiar el mundo”.