Las relaciones de género en un mundo global

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La dominación de la mujer y la desigualdad entre los sexos son problemas globales, y para nada superados. Si bien existen situaciones diferentes en cada área del planeta, la comparación internacional pone en relieve que los matices generales son los mismos, asegura Ronald Pfefferkorn, de la Universidad de Estrasburgo.
“No hay una situación totalmente original o particular. Por ejemplo, en América Latina o en México. Los cambios son generales. En las últimas décadas hemos visto que en todos los países la tasa de actividad de la mujer ha subido y hay una mejora general de sus condiciones. Incluso en sociedades donde tradicionalmente tiene un papel muy débil, como en el mundo árabe”.
Pero estos cambios son muy lentos y endebles: “Muchas veces se piensa que en Europa la situación es mejor, pero no es exactamente así. Si analizas, por ejemplo, a Francia: ahí hay cosas que han cambiado muy poco, como la repartición del trabajo doméstico. Los hombres hacen lo mismo que hace 30 años, es decir, muy poco”.
En muchos aspectos ha habido retrocesos, indica Jacqueline Heinen, profesora emérita de la Universidad de Versailles Saint Quentin. “En el oeste de Europa hubo mejoras con respecto a hace 40 años, en particular en la asistencia a las mujeres, gracias a que con la Unión Europea se extendieron muchas medidas favorables a las legislaciones del sur del continente. Pero con la crisis económica actual hay una tendencia a cortar los presupuestos en este marco, porque no es prioritario”.
Agrega que “en el norte, donde hubo más socialización de estas medidas y una mayor división del trabajo entre hombres y mujeres —lo que no quiere decir que hay igualdad—, se ve que la tendencia liberal también introdujo soluciones individualistas y basadas más en cuestiones de dinero. Entonces la división de clase, que no era tan sensible en esos países, poco a poco se convirtió en algo evidente”.
Según ambos académicos, un papel preponderante en la relación entre hombres y mujeres lo revisten el trabajo, las divisiones sociales y las políticas públicas. “Hay que tomar en cuenta la importancia de la articulación de las relaciones de género con las relaciones de clase. Una mujer que tiene una posición favorable en la sociedad no está en la misma posición que la doméstica o la obrera”, explica Pfefferkorn.
“La cuestión del trabajo es central, porque mucha de la dominación y explotación de la mujer pasa por él. En la situación concreta hay oposiciones y diferencias fuertes entre hombres y mujeres, no solo en el trabajo doméstico, sino también en el trabajo profesional. Se puede notar en cada sociedad que las mujeres están empleadas en cierto tipo de trabajos que son menos valorados que los de los hombres”.
En este sentido, Heinen opina que “en Europa hay un inicio de mercado del empleo para hacer tareas de niñera y doméstica, lo que no existía hace 10 años. Esto quiere decir que no solo hubo cambios en las cosas positivas que existían en las legislaciones, sino que también en el ámbito social y cultural”.
En esto –agrega– influyó la migración, que proporcionó mano de obra femenina, muchas veces con altos niveles de estudio, para emplearse en las tares domésticas.
Con respecto a cómo podrían actuar los Estados para reducir las desigualdades entre los sexos, Pfefferkon dice que las políticas públicas tendrían que favorecen la salida del espacio doméstico y la autonomía de las mujeres. Medidas como los permisos parentales, incentivando su utilización por parte de los hombres, la imposición por parte del Estado de salarios equitativos y reformas legales, que por lo menos en el papel, digan que los hombres y las mujeres son iguales, van en este sentido positivo.
Sin embargo –concluye Heinen–, “si esto no se acompaña con un cambio de actitud y de prácticas de los hombres en la vida cotidiana y privada, no vamos lejos. Las mujeres van a tener buenos puestos de trabajo, pero seguirán con su carga doméstica, con una doble jornada laboral. Falta todavía mucho. Es un proceso paulatino que requiere de un conjunto de soluciones, porque hay configuraciones sociales y culturales diferentes”.