La radio que chochea

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Esto fue un trabajo más para… ¡el matacursis!”. Ésta era la frase con la que se cerraba el sketch de “El matacursis”, del famoso programa La pitaya ye-ye (1994). Quien quiera que lo haya escuchado, sabrá la función de este personaje en el mundo creado por los moneros Trino y Jis en colaboración con el periodista y guionista Luis Usabiaga Suárez. Lo mismo puede decirse de los auto-promocionales de Radioactivo (1992-2004) “Juguetes radioactivos (ofensivos e inhumanos)”, ¿quién podría olvidar la “Barbi Condechi”?
En contraste con dichos programas –tan entrañables para algunos–, la tendencia actual de la radio mexicana puede dividirse en dos, según nos indica el doctor José Manuel Ramos Rodríguez, investigador del Departamento de ciencias de la comunicación de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla: la radio hablada y la de sinfonola; la una tiene un presentador y uno o más invitados (noticieros, programas de análisis, crítica, etcétera); la otra transmite solamente canciones y anuncios. De ambas, es la radio hablada la que ha tenido mayor presencia a escala nacional.
“La radio hablada comienza a tomar mucha fuerza a raíz de 1985, año del terremoto en la ciudad de México; muchas radiodifusoras que eran simplemente de presentación de música, empezaron a tener mucha interacción hacia la gente, a hacer más radio hablada, propiciado por lo que estaba pasando a raíz del terremoto”, señala el doctor Ramos Rodríguez.
Dentro de esta radio hablada, seria y solemne, ya no hay espacio para las propuestas humorísticas que tanto éxito tuvieron en los años noventa y principios del 2000, como los ya mencionados programas de La pitaya ye-ye, transmitido en 1994 en Radio Universidad de Guadalajara, o la estación Radioactivo 98.5 en la ciudad de México, que incluso llegó a estar al aire unos meses en nuestra ciudad.
Los programas de La pitaya ye-ye consistían en una serie de cápsulas humorísticas que parodiaban otros programas de radio e incluso de televisión, ridiculizándolos mediante la sátira; por ejemplo, parodiaban el famoso talk show de Cristina poniendo en evidencia lo ridículo de los temas (conflictos y situaciones risibles), así como los pagos realizados a los invitados del programa. En Radioactivo el humor era un poco diferente, pues al tratarse de una estación, se tenían una serie de programas sobre temas específicos; sin embargo, entre las transmisiones se intercalaban auto-promocionales que hacían parodia de los comerciales de la empresa de Juguetes Mi Alegría o de la publicación de noticias de famosas personalidades como Quién, así como diversos falsos comerciales de productos inútiles, entre otros.
El doctor Ramos nos menciona que el concepto de Radioactivo tiene un antecedente: “Antes de Radioactivo realmente estuvo W FM, y tenía este tono –que luego en Radioactivo se tomó y se potenció mucho más– de un cierto humor juvenil, pero muy simpático. Los promocionales que hacían eran realmente muy creativos e ingeniosos, y con mucha relación con su audiencia. Hasta antes de W FM, la radio para jóvenes, digamos el grupo objetivo eran jóvenes, la hacían viejos; W FM fue la que empezó a tener locutores, productores y creativos jóvenes”.
Como radioescucha, uno se pregunta cómo es posible que estos programas desaparezcan de la radio comercial, junto con tantos otros, si se trata de programas con alto rating y aceptación de la audiencia. Al respecto, el académico señala tres grandes factores que influyen en que un programa se quede o no al aire: “Entran en juego varios aspectos y no es fácil generalizar, es una cosa muy de casos particulares. [Pero] yo creo que es la no afectación de los intereses de los grupos de poder, el rating, y podría haber también alguna cuestión como de simpatías o de favoritismos personales”.
Para la estación Radioactivo, al menos, el problema fue la censura: “Fue famosísimo un evento en Radioactivo, hicieron un programa divertidísimo burlándose de lo que ahora es el World Trade Center, y antes fue el Hotel de México, en avenida Insurgentes. Pasaban los años y no terminaban la construcción. De pura broma ellos proponían que no se llamara World Trade Center sino el Wall Plant Center, […] pintaban muy creativamente que en vez de ese edificio se hiciera un jardín vertical. La gente que vivía por ahí, tan harta de años y años de la construcción, que lo tomó en serio, hicieron manifestaciones y pararon Insurgentes, y pararon la circulación, y eso les trajo una censura terrible”.
Actualmente, el panorama posible para estos programas en radio es incierto, pues en la radio, al menos, “la tendencia general es de no-cambio” porque “la radio en México siempre ha sido muy cómoda, muy ‘la ley del menor esfuerzo’; es muy difícil que una empresa se interese por motivar nuevos formatos, nuevos géneros, y en televisión yo creo que no, ahí sí están ávidos de nuevas cosas, pero la radio siempre ha sido muy floja. En sus orígenes, fue un dinero tan fácil de recoger que no hay necesidad [de innovar]; y en cambio la televisión, súper competida, después la televisión de paga, con ochenta mil formatos nuevos, ahí sí hay que estar innovando constantemente” afirma José Manuel Ramos.
A pesar de ello, gracias a la tecnología, existen nuevos medios para hacer radio, como el podcast o la radio por internet, que se ha convertido en los refugios de este tipo de programas y contenidos humorísticos, incluso para aquellos ya desaparecidos.

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