La participación política de las mujeres en el proceso electoral 2012

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El proceso electoral 2012, tanto en los ámbitos federal, estatal, municipal y diputaciones locales, se ha caracterizado por una mayor participación de mujeres candidatas. Al menos, en cada una de las posiciones aparece una mujer. Ejemplo: la candidata de la derecha a la presidencia de la república, Josefina Vázquez Mota; la candidata a la gubernatura de Jalisco, íngeles Martínez, así como quienes contienden por otras posiciones de elección popular, desde presidentas municipales y regidoras.
Definitivamente se puede asegurar que es la primera elección en la entidad, en donde existe una mayor presencia de mujeres y sin duda es un acierto para una sociedad incluyente con cara al siglo XXI, pues las sociedades modernas reconocen la importancia de la participación de las mujeres en la vida pública.
Sin embargo, ¿están realmente preparadas para la participación política y la vida pública en Jalisco? En sociedades en donde el respeto y la inclusión de las mujeres es una forma de vida en la cotidianidad y las legisladoras juegan un papel importante en los puestos de representación con un profundo respeto, resalta el caso de María Teresa Fernández de la Vega, expresidenta del gobierno de Zapatero, mujer con una madurez intelectual y política, que la hacen digna representante del género.
En México con qué se cuenta. Con una candidata de derecha, sin identidad ni comprensión de la cultura de género, que responde más a los intereses de sus colegas varones, en cuya invitación al voto muestra una debilidad y descrédito hacia el género, con bromas de mal gusto. Su campaña no es de mujeres, sino de hombres que posicionan a una mujer.
Si la reflexión la hacemos en la entidad (se puede en este momento, grosso modo hacer), al menos dos categorías de análisis caracterizan a las mujeres en la participación política.
La primera se trata de aquellas candidatas que muestran convencimiento y una congruencia con la ideología de los partidos políticos a los que pertenecen, así como una clara identificación a su clase social. Son mujeres con la camisita bien puesta, que han sabido representar y dignificar con su trabajo diario para convencer a los votantes de la entidad y de la zona metropolitana de Guadalajara. Son auténticas, propositivas y activas. Por lo general toman el trabajo de una forma responsable y formal.
La segunda categoría se trata de un grupo de mujeres que le entran al juego del poder. Son improvisadas, que en vez de dignificar la causa social, no cuentan con una posición ideológica congruente partidista ni de género. En este universo de candidatas, son por lo general mujeres que brincan de un partido a otro, que lo único que buscan es el poder por el poder. De ahí que en una elección se les ve que postulan en un partido y en el siguiente proceso electoral en otro. Luego no se sabe de ellas.
A este grupo se le califica como de candidatas golondrinas. Tienen otra característica: muchas de ellas también ven sus postulaciones como un negocio familiar, en el que por lo general dan empleo a sobrinos, hijos, esposos, nietos, que ven en este asunto un modus vivindi familiar y no como una real intención social. Ante su falta de profesionalismo, son adictas a los apoyos esotéricos y ayudas espirituales, lo que debilita su visión asertiva en política de una manera profesional.
Puede existir una tercera categoría, constituida por las que comparten un poco las características anteriores. Pero por el momento interesa identificar estos dos grandes grupos, para comprender los tramas de la política local, para que la participación de las mujeres sea cada vez más clara y que la toma de decisión sea responsable, por el bien de las mujeres en la entidad, para que se puedan elaborar políticas públicas incluyentes en beneficio de la mayoría de las mujeres jaliscienses.