La matemática de los reptiles

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Los reptiles de la gráfica del artista holandés Maurits Cornelis Escher (1898-1972) rozan su vientre con planos geométricos de superficies extrañas, unas veces redes tejidas por imposibles puntos de fuga, otras por figuras zoomorfas. Gárgolas, serpientes, dromedarios, gallos y hasta canguros se acoplan geométricamente en un perfecto teselado ante los asombrados ojos de mexicanos y turistas que hacen grandes filas para apreciar la obra de Escher. El Museo Nacional de Arte de la Ciudad de México exhibe 70 obras del grabador holandés, más 15 obras de artistas que fueron inspiración para Escher o que posteriormente fueron tocados por su arte. Provenientes del Rijksmuseum Amsterdam, las obras de Escher y de su maestro Samuel Jessurun de Mesquita, así como de los artistas Lou Strik y Gerrit Willem Dijsselhof, forman un recorrido que pone en diálogo la expresión y la geometría.
Los mundos del artista es el primer núcleo de la exposición, en el que encontramos piezas tradicionales que demuestran la maestría con la que Escher manejó el dibujo. Un autorretrato de 1929 abre la sala. En él, Escher aparece con increíbles crestas en su cabellera que suavizan las agudas líneas de su rostro, especialmente la de su severa y quebrada nariz. Siguen piezas tan conocidas como Manos dibujando (1948), Naturaleza muerta con esfera (1934), y Ojo (1946) obra deslumbrante que hace un zoom a la mirada anónima que guarda un cráneo. La sala titulada Paisajes reales e imaginarios expone piezas que fueron resultado de los viajes que Escher realizara a partir de la década de 1920 alrededor de Italia. Ciudades colgadas de grandes monolitos disparan la fantasía que atraviesa la realidad italiana de provincias como Calabria. Los paisajes de Escher parecen surgir de la intención de un retratista, sin embargo, a lo largo de un mismo trazo, la reproducción de lo real se transforma en juegos de paralelas concéntricas o disparos de líneas rotas que se vuelven explosiones de ficción. Destacan las piezas: Vitorchiano nel camino y El segundo día de la creación, (1925). En la primera, un hombre sedente observa las líneas repetidas de una hipnótica meseta coronada por edificios, mientras que en la otra, Escher enfrenta las aguas del cielo y la tierra en un duelo extraordinario de puntos y líneas que oscurecen e iluminan la furia vital del océano.

Decoración e infinito
Geometría, decoración e infinito y Perspectivas fantásticas son los nombres de las últimas dos áreas de la exposición. En ellas encontramos lo más popular de la obra de Escher. Sus icónicas criaturas que ahora se reproducen y mercantilizan en infinidad de productos decorativos, detienen la mirada de todos. Las filas de asistentes reducen la velocidad para tratar de comprender la lógica matemática que hace posibles aquellas alucinantes imágenes. La diversidad de reptiles que imaginó Escher, se exhiben teselados ante quienes no terminamos por comprender cómo consiguen escapar de la prisión bidimensional para convertirse en aves, nubes o gas. Los patrones de geometría proyectiva en los que Escher basa sus ilustraciones, fueron incorporados a su obra a partir de los mosaicos árabes y españoles que decoran la arquitectura que lo inspiró. Escher realizó un viaje a España en 1936 y de entre todo lo que pudo ver y aprender dejó muy clara su fascinación por los azulejos de la Alhambra. Los polígonos coloridos que cubren muros y pisos de edificios andaluces se convirtieron, bajo la mirada creativa del artista holandés, en figuras animales cerradas que sin huecos o superposiciones se extienden sobre planos infinitos. Es importante destacar el esfuerzo del Munal por buscar la interacción de los asistentes, quienes nos convertimos en divertidos constructores de los diseños de Escher, al ensamblar las piezas animales que forman obras como División regular del plano (1957), Contraste (1950) o Animalito rodante (1951).
Escher llevó al límite los patrones matemáticos que encontró en los mosaicos, sus variaciones se trasladan y rotan hasta producir reflexiones complejas de la geometría espacial. Las figuras que Escher hace nacer de la mano que dibuja otra mano, son animales distorsionados en su anatomía, seres en movimiento eterno que recorren con silenciosos pasos de insecto, el anillo de moebius. La exposición Escher y sus contemporáneos permanecerá abierta hasta el próximo 4 de marzo, una visita imperdible.