La desgracia como identidad

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José Martí, el poeta, el cubano, el revolucionario, el hombre de la ciudad, el amigo, y más… al final es un hombre que buscó una identidad: América Latina.
La geografía latinoamericana es inmensa en su diversidad cultural y nacional, desarrollada sobre la base de intereses, voluntades y sentimientos. Lo anterior son palabras del doctor Pedro Pablo Rodríguez López, historiador y periodista e investigador titular del Centro de Estudios Martinianos, de Cuba, quien dictó el Seminario José Martí, organizado por el Departamento de estudios sobre movimientos sociales del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades.
A pesar de las diferencias entre naciones y pueblos, la identidad cultural debe sobrevivir sobre los Estados, y hasta en la llamada integración o la acción de los gobiernos para promover políticas comunes en distintos campos, como es el caso del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien a juicio del catedrático ha dado un gran aporte cuando ha comprendido y aprehendido las condiciones favorables para esa integración, y ha buscado impulsarla con el signo económico del gobierno.
Las emociones, sentimientos, la psicología social y la propia conciencia de ser pueblos colonizados, y luego de ser sometidos a diversos factores de dominio exterior y compartir la desgracia, son elementos esenciales de identidad y la aspiración a revertir este hecho y el trabajo de la unificación, como es el caso de las independencias latinoamericanas.
Teniendo como ejemplo a José Martí, fundador del Partido revolucionario cubano, le preguntamos al maestro si las revoluciones son necesarias y aseveró que a mediano plazo las revoluciones son imprescindibles. “Por lo general las clases dominantes justifican los regímenes económicos y sociales existentes, así como la dominación extranjera”.
Las revoluciones levantan a los pueblos y siempre existe una figura emblemática como es el caso de Fidel Castro, aunque a juicio del investigador, la Revolución cubana como hecho, es en sí trascendental. Aunque reconoce el poder que ejerce una persona en la decisión de un proceso social de un país, de un pueblo.

Raúl Castro enfrenta
a los huracanes del pasado
A un año de la toma del poder de Raúl Castro, Cuba no es afectada por la crisis financiera en primera instancia sino por los huracanes, literalmente hablando. Y es que tres ciclones —Gustav, Ike y Paloma— han devastado la isla. Aún a la fecha, más de 20 mil personas han sido evacuadas y las lluvias e inundaciones han dejado pérdidas económicas por más de 10 mil millones de dólares. Sobre esta panorámica debe estar trabajando el gobierno cubano, reajustando los planes.
Para el maestro Pedro Pablo Rodríguez López, el gran acierto de Raúl Castro es que ha levantado de nuevo la esperanza de que con el propio esfuerzo de los cubanos se pueda mejorar la vida del país, las personas necesitan pruebas concretas de que la vida se mejore. Agrega que los cubanos han vivido decenios muy duros, ya que el país se quedó solo en los noventa y principios del siglo XXI, lo que hizo que hayan trabajado para subsistir, generando necesidades insatisfechas, agotando al ser humano.

Ante el bloqueo,
Cuba se reinventa
Cuba es un país con alta perspectiva de crecimiento, por varios factores que enumera Rodríguez López: el alto nivel educacional, la formación técnica de primera clase y el afán de conocimiento por parte de la población, que es decisivo.
Quizás en Cuba no existen los recursos económicos para disponer de los medios y la tecnología, pero la gente busca y quiere aplicarla con lo que tenga a su alcance. Y es que el hecho de saberlo condiciona su actuación y el poder de iniciativa de los años de bloqueo.
Añade que el pueblo cubano está acostumbrado a buscar soluciones. “No hay piezas de repuestos para automóviles, entonces se inventan”.
Señala que si lo medimos en términos de capitalismo no tiene sentido y haciéndola artesanal menos, sin embargo, es un desarrollo de inventiva y adaptación muy importante.
Hace referencia al caso de otros países en América Latina que con más recursos hacen menos. Los cubanos se han acostumbrado a que deben trabajar por encima de las dificultades venciéndolas una y otra vez.