La desconocida Frida Kahlo

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Rezar es una pendejada. La confusión una borrachera. La moda un disimulo. La amistad una traición. La religión una idiotez. La vida una aventura. Vino, la alegría. Justicia, cero. El deseo es placer. La envidia, una debilidad”, son algunos conceptos con los que respondió Frida a un test que le aplicó la psiquiatra Emma Dolujanoff, en 1948.
A pesar de la imagen publicitada de Frida Kahlo, la artista mexicana continúa siendo una desconocida para muchos. Conocen sus pinturas, su amor a Diego Rivera, sus prominentes cejas, su actitud desenfadada, su afición a las fiestas y criterio abierto en cuanto a libertad sexual. Sin embargo, su imagen y personalidad es distorsionada por las modas, los prejuicios o las visiones mitológicas, posturas que impiden tener una justa dimensión de la artista.
La crítica de arte, Raquel Tibol, en el libro Frida Kahlo en su luz más íntima, da a conocer varios aspectos de la pintora hasta ahora desconocidos: sus poemas a Diego Rivera, su oficio como maestra de escuela, sus problemas económicos, de salud y su adicción a las drogas y el alcohol.
“Frida era una persona doliente que recurría al alcohol y a las drogas de manera excesiva, porque salía de la depresión y llegaba a la lucidez y la comunicación. Era una persona egocéntrica, en un buen sentido, dado que en un largo periodo se tuvo que acostumbrar al diálogo consigo misma y esto se volvió una forma de ser, expresada en su pintura y literatura”.
Tibol conoció a Frida antes de que le amputaran la pierna derecha. “Cuando yo viví con Frida, en mayo de 1953, le pedí que me dictara su biografía y desde entonces me sensibilice con su lenguaje. Publiqué Apuntes para una biografía de Frida Kahlo, Frida Kahlo, crónicas, testimonios y aproximaciones y Frida Kahlo en su luz más íntima.
Raquel Tibol comentó que la relación tormentosa que Frida vivía con Diego Rivera, se ve expuesta en el siguiente poema: “En la saliva en el papel, en el eclipse, en todas las líneas, en todos los colores, en todos los jarros, en mi pecho afuera, adentro. En el tintero, en las dificultades de escribir, en la maravilla de mis ojos, en las últimas líneas del sol, en todo. Decir en todo es imbécil y magnífico. Diego en mis orines, Diego en mi boca, en mi corazón, en mi locura, en mi sueño, en el papel secante, en la punta de la pluma, en los lápices, en los paisajes, en la comida, en el metal, en la imaginación, en las enfermedades, en las vitrinas, en sus solapas, en sus ojos, en su boca, en su mentira”.
Diego y Frida se casaron en agosto de 1929 y se divorciaron 10 años después. Luego de este divorcio, Frida viajó a Estados Unidos para realizarse la novena operación en su espina dorsal, ya que nació con una malformación llamada espina bífida, que causó que su pierna izquierda se achicara. Además, padecía múltiples dolores corporales por el accidente que sufrió de joven en un tranvía que le lastimó la columna, los labios sexuales, la vagina, la vejiga y que la dejó con daños físicos de por vida.
Entonces Frida pintó La venadita, un cuadro simbólico que representa su novena operación. El venado tiene nueve cuernos, nueve ramas, hay nueve árboles. El nueve es un número cabalístico, que Frida relacionaba con la magia.
La operación salió perfecta, pero Frida era muy enamorada y mantuvo relaciones con un español republicano, caricaturista y pintor: José Bartola, por lo que tuvo problemas con la operación.
Frida y Diego se volvieron a casar el 8 de diciembre de 1940, con el pacto de no tener relaciones íntimas. En ese momento Frida convierte a Diego en su hijo espiritual y lo pinta en sus brazos como un niño pequeño. En el cuadro Las dos Fridas, las venas terminan en el pequeño camafeo que contiene un retrato del infante Diego.
En una de las cartas que escribió Frida a unos amigos de la familia, narra su vida en esa temporada. “Me encuentro regular. Todavía resiste mi espinazo unos trancazos más. En el amor, mejor que nunca, porque hay entendimiento mutuo entre los cónyuges, sin detrimento de la libertad justa para cada uno de los casados. Eliminación total de celos, malos entendidos por la gran cantidad de dialéctica basada en la experiencia anterior. La mosca [dinero], cantidad casi a cero, pero va alcanzando para los menesteres más urgentes, comederas, ropaje, contribuciones, cigarros, y una que otra botella de tequila de 350, de a litro. Trabajo demasiado para mis ímpetus, porque ahora soy maistra en una escuela de pintura. Entro a las 8 y salgo a las 11 am. Dedicó media hora para recorrer la distancia entre la escuela y mi cantón.
“Luego organizo la casa para que se viva en forma decente, que haya comida, toallas limpias, jabón, igual a las 2 pm procedo al trague. Me queda la tarde para dedicarme a la bella pintura. Siempre estoy haciendo cuadruchos, acabo uno y lo tengo que vender para que me ajuste la mosca, y todos los gastos del mes. En la nocturna me largo a un cinemato o a una pinche obra de teatro y regreso a dormir cual piedra, pero a veces el insomnio llega y me lleva a re… He logrado que por mi voluntad firme aminore el alcohol ingerido a solo dos copiosas, en raras ocasiones la ingerencia aumenta y me convierte en una mona con su respectiva cruda matutina”.
Raquel Tibol indicó que Kahlo es una de las artistas mexicanas más completas, un personaje que crea tanto en pinturas como con palabras, dimensiones que otras personas no han logrado. Fue una artista que vivió una relación con universos íntimos, florales, con gran intensidad.

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