La cultura de la legalidad

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Hablando de cultura de la legalidad podemos preguntarnos: ¿Qué es la cultura de la legalidad?, y al tener conocimiento de que las conductas que cotidianamente realizamos, ya sea en forma individual o colectiva, están reguladas por normas jurídicas, cabría otra pregunta, ¿qué tan legales somos?
Ya que es muy difundida la idea de que en México se actúa al margen de la ley, expresiones tales como “las leyes se hicieron para violarse” son de común arraigo en el pensamiento de la gran mayoría de los mexicanos.
Cultura de la legalidad es un tema fundamental en el logro del pleno Estado de Derecho. Concierne a todos ocuparnos de conocer sobre ésta, por lo que se convierte en objeto de discusión en debates, foros y consultas en la búsqueda de su práctica por los mexicanos para lograr, además, el bien común y el cumplimiento de los fines del Estado, así como el fortalecimiento de los derechos humanos y del ciudadano.
Gerardo Laveaga entiende por cultura de la legalidad: “El conocimiento que un pueblo tiene de su derecho, así como los esfuerzos que hacen grupos y facciones —principalmente el gobierno— para difundir o no difundir tal conocimiento, las variables del proceso mediante el que un pueblo acata las normas que lo rigen, los efectos concretos que este ejercicio tiene en la sociedad civil y los límites a los que se circunscribe”. Consecuentemente deducimos que la cultura de la legalidad se encamina a la difusión y cumplimiento del derecho por parte de la sociedad. Por tanto, implica la socialización jurídica, ya que ello representa para el individuo la sujeción de su conducta a la conformidad y obediencia al ordenamiento jurídico, así como su participación como elemento social para preservar y difundir la legalidad. De ahí que también cultura de la legalidad significa que la ética y pensamientos dominantes en una sociedad simpatizan con la observancia de la ley.
Luego entonces, se convierte en un principio fundamental de la sociedad y el Estado de Derecho la adecuada difusión de las normas jurídicas, para que se cumplan éstas, pero principalmente para que los destinatarios de la ley, que somos todos los que habitamos esta nación, ejerzamos los derechos que se estipulan en leyes que no se conocen por falta de una amplia y permanente difusión.
Principios conocidos del derecho tales como “contra la observancia de la ley no puede alegarse, desuso, costumbre o práctica en contrario”, vienen a fortalecer la idea aquí expuesta de que la cultura de la legalidad debe descansar esencialmente en la sociedad y sus relaciones; pero es obligación de todos participar en la difusión del conocimiento del derecho y su aplicación. Pero debe ser compromiso del gobierno participar y facilitar la difusión de este conocimiento. Ya que el postulado que se desprende del principio legal antes descrito impone categóricamente a todos, la obligatoriedad a la observancia de la ley, como un principio igualitario, puesto que no excluye a nadie y éste debe ser un compromiso que se tome de manera consciente y constante en el entendido que somos parte de la sociedad interesada en el cumplimiento de la cultura de la legalidad.
Es fácil concluir que una de las problemáticas más arduas en el panorama jurídico del México actual, es el concerniente a la cultura de la legalidad. Consecuentemente para cambiar las actitudes y hábitos de incumplimiento de la ley, debemos iniciar desde la instrucción elemental a formar a los educandos en el tema de cultura de la legalidad y continuar con la misma en los consiguientes niveles educativos, para hacer de ella precisamente una cultura cotidiana de los mexicanos.