Julio Medem y su cine con libertad

En esta edición del FICG el cineasta español recibió el Mayahuel al Cine Iberoamericano

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Foto: Fernanda Velázquez

La naturalidad es una de las características del trabajo del cineasta Julio Medem, y el motor que lo impulsa es su inquietud por lo desconocido. El escritor y director de cine nacido en San Sebastián, España, en esta edición 36 del FICG recibió el Mayahuel al Cine Iberoamericano.

Su primer largometraje Vacas ganó el Goya al Mejor Director Revelación en 1992. Su tercera película, Tierra, fue seleccionada para el Festival de Cannes en 1996. En 1998 estrenó Los amantes del círculo polar, convirtiéndose en un éxito de taquilla en España. Otros de sus filmes incluyen Lucía y el sexo y Ma Ma, con Penélope Cruz.

Durante una entrevista para Gaceta UDG, al responder sobre cuál es, según su punto de vista, su sello personal como cineasta expresa: “Soy como soy, y no puedo ser de otra forma».

Foto: Iván Lara

Siempre en cada película intento hacer algo que no hice nunca, hacer algo diferente para experimentar”.

“No me la pongo fácil, me la pongo difícil porque me gusta. Me gusta buscar dentro de mí lo desconocido. Mi sello los demás lo podrán describir mucho mejor que yo, porque me da pudor decirlo”.

¿Cuáles son sus mayores logros como cineasta?

Son dos: uno es conseguir libertad creativa, y a eso está unido conseguir productores que confiaban en mi creatividad y en mi libertad, y me han dejado libre por eso. Yo soy también un privilegiado, desde el principio he tenido productores muy fuertes y muy potentes que confiaban en mí. No me han corregido, ni me han llevado a sitios que a la mejor son más convenientes para ellos o más comerciales, y luego curiosamente han ganado también mucho dinero porque mi cine se ha vendido mucho.

He gozado del privilegio de poder ser libre y de que mis productores, además, me querían libre y siendo yo.

Foto: Fernanda Velázquez

Para los cineastas, ¿cuáles han sido las ventajas y desventajas de las plataformas como Netflix?

La situación en la que yo escribía un guion y buscaba un productor para grabar una película, después el estreno en salas, y luego se vendía en circuito internacional, era un sueño. La gente va menos a salas y va a ir menos. Me cuentan que ahora con la pandemia hay un efecto rebote en el que a la gente le dan más ganas de salir para ver cine que en 2019, pero es verdad que en España, aunque se ve cine, son menos las personas que acuden a salas. La gente consigue historias contadas en imágenes en las plataformas, y eso perjudica al cineasta que hace películas, ya que es mucho mejor que éstas se vean en salas. Yo ya me he adaptado a esta situación. Ya estoy escribiendo series. 

Ahora se están viendo mucho más que antes (digamos diez años) historias contadas en imágenes. Son historias que tienen más tiempo. Hay un gran desarrollo, muchos personajes. Lo cual está muy bien porque se parece más a lo literario, a la novela por la extensión. El cine tiene la ventaja de que es muy sintético, en diez minutos, en una sentada, en dos horas tienes que contar una historia. Si está contada en menos tiempo tiene un valor de representación que es muy grande, en una serie se pierde un poco, aunque hay algunas que manejan la cualidad de la síntesis.