José Luis Galván

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Le gusta mantener un perfil bajo, no llamar la atención. Pero su obra habla sola: los claroscuros, el realismo clásico y los motivos tradicionales de madonas, retratos y bodegones se mezclan con maquinarias, fantasía y un vasto simbolismo. José Luis Galván es un joven pintor tapatío egresado de diseño gráfico del CUAAD, pero que cambió el rumbo hacia el pincel casi de inmediato. Empató el primer lugar del Salón de Octubre pasado con Dan Montellano, y su exposición Siete pecados se exhibe en la última sala de el ex Convento del Carmen hasta fin de mes.

Óleo
En la escuela de diseño aprendí varias teorías de representación y técnicas de ilustración como acrílico y acuarela. Pero luego me metí a un curso en el Cabañas para aprender óleo, porque como que tiene esa cualidad de que es arte: los artistas pintan al óleo. De hecho fue hasta entonces que hice obras que se consideraran como tal.

Pecados
Cada pecado me tomaba, como a un actor: con la ira estaba siempre muy enojado, incluso casi corté la tela con la espátula, del ímpetu. Con la pereza no me podía despertar, tenía una flojera terrible… es el único cuadro con el que llegué a visitas mientras pintaba, sentía que no estaba trabajando de verdad; de hecho me quedé con la impresión de que no está terminado, me faltaron elementos. Tal vez también con la lujuria tuve mi etapa. Los que no me tomaron a mí directamente fueron la soberbia y la avaricia, porque los modelos fueron los indicados. Con la avaricia, elegí a un amigo que es muy muy tacaño, y con la soberbia, ella la encarnó completamente: cuando llegó al estudio pidió una pose, ángulo e iluminación específico.

Clasicismo
Yo no tengo un título de artista, tengo que ganármelo. Tal vez es un trauma mío, pero creo que por eso intento imitar a los grandes maestros. Yo empecé como espectador, venía mucho al Ex Convento y veía obras que me interesaban desde que entraba a la sala pero al acercarme no había nada más, no se descubría nada nuevo con una segunda vista, eso era todo. Y entonces me decía: “O no soy tan culto o me están engañando”. Así que decidí hacer el arte que no veía en las exposiciones. Me parece que por el ansia de los artistas de escuela de dar la contra a lo que consideran clásico, luego no llegan a nada. Huyen de lo antiguo, pero es más difícil de hacer. Yo quiero que mis cuadros tengan varios niveles de expresión, puedan verlos por una hora o dos, encontrar cosas nuevas al acercarse, símbolos.

Textura
Para Siete pecados me obsesioné un poco con que la tela quedara completamente llana: sellé los lienzos con una y otra capa hasta que quedara completamente lisa, que se sintiera como si pintara sobre un globo. Ahora estoy tratando de dejar eso y explorar la textura de las pinceladas, los grumos. Lo que sigue va a ser completamente diferente, como juegos visuales que transformen un poquito las cosas.

Balance
El arte me cansa. Es muy serio. Para mí es muy estresante. Por eso me gusta hacer cosillas de ilustración de vez en cuando. En eso sí que me pregunten que qué represento: nada; me divierto. Pero luego de un tiempo me harto y siento que estoy perdiendo el tiempo, que debería estar pintando. Y así, el balance me mantiene cuerdo.