Joe Meiser

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En el manifiesto sobre su oficio, Joe Meiser ha dejado claro de antemano cuáles son sus intenciones e intereses artísticos: “Utilizo mi obra para examinar las filosofías de la vida e ideas sobre la mortalidad que vienen de la ciencia, la filosofía y la religión, a menudo tratando de dar sentido a los relatos que se encuentran en conflicto. Nuestra experiencia humana del mundo está plagada de paradojas, y me esfuerzo para capturar esta tensión en mi trabajo. Una preocupación central en mi trabajo es que todo es temporal y en proceso de cambio: las personas perecerán, las ideas se convertirán en obsoletas, y las construcciones físicas finalmente se derrumbarán. De acuerdo con la sugerencia de Sócrates de que la admisión de la ignorancia es el principio de todo conocimiento, mi enfoque es abrazar la incertidumbre y tratar cada proyecto como un acto de cuestionar la exploración”.

Esta percepción del arte y la realidad de Joe Meiser, se podrá apreciar en el Museo de las Artes de la Universidad de Guadalajara, a través de la exposición Historias de creación, destrucción y deliberación, que se abre al público a partir de este 5 de mayo y permanece en el recinto hasta el 16 de agosto. Ésta se realiza además en el marco de la Semana de la Escultura, organizada por el Centro Universitario de Arte Arquitectura y Diseño (CUAAD), el cual también realizará una charla y una Master Class con alumnos de escultura, a cargo del propio artista.

La exposición, hecha con la curaduría de Juan Bastardo y que cuenta con ventisiete piezas, está dispuesta en varios apartados: “Vanitas Series” que contiene diez imágenes y un video de la pieza “Budda” y siete imágenes de “Liminal Construct”. Todas son realizadas digitalmente mediante un software. En el grupo de piezas que pertenecen a “Liminal Construct” se encuentra una escultura de un campanario de plexiglás rojo cortado en láser. También forman parte de la exposición seis cráneos de la serie titulada “Almas de homínidos y simios”. Por último un retrato de Arquímedes en escultura que va acompañado de un video. Este conjunto se titula No interrumpas mis círculos.

De acuerdo a los organizadores, Meiser trae en esta exposición una “exploración acerca de las limitaciones del cuerpo y la mente humana, la transitoriedad de la vida, y las ideas sobre la mortalidad provenientes de la ciencia, la filosofía y la religión que a menudo hacen el intento de dar sentido a los relatos que están en conflicto. Con sus piezas se examina la condición humana y se formulan especulaciones acerca de las cosas que están más allá del horizonte de la percepción”.

Para sus temas, en los que utiliza un programa CAD (Diseño Asistido por Computadora), Meiser hace “una dinámica entre el origen y el contenido de los proyectos, y pone énfasis en la afirmación acerca de lo humano y sus paradojas. Hay un esfuerzo por captar esta tensión haciendo uso de la exageración y la metáfora, creando con ello en la muestra un entorno visual que pretende involucrar en este análisis a públicos diversos”.

Juan Bastardo, quien también es artista y docente del CUAAD, dice que en esta exposición, aunque tenga un número corto de obras, el hilo conductor “precisa en la pregunta de la noción y sentido de la condición humana, de hacia dónde nos ha derivado, para el uso o inclusión de tecnologías, y seguir dando muestra de esta condición de lo humano a través de ellas”.

La poética de Meiser
A la pregunta de si la poética de Joe Meiser responde a ver el arte a través de las tecnologías, Bastardo dice que éstas “han sido a lo largo de la humanidad muy sofisticadas para su momento. Las que ahora encontramos serían como actos de herejía en el pasado. Aquí, la poética, más que con las máquinas tiene que ver con el individuo y su interacción. Joe trata de potenciar un lugar, que puede ser desde el individuo o fuera de éste. El sujeto delibera qué destruye y cómo lo hace, para crear otras experiencias”.

Sobre cómo Meiser logra conmover o perturbar al espectador, Bastardo dice que si el uso de tecnologías ha implicado un sobresalto en la interacción del individuo con las producciones artísticas, “desde ahí, al establecer estas muestras, lo que quiere es generar un dinamismo en ese espacio, pero para la reflexión. Mediado por la obra, el sujeto se pregunta su razón de suceder aquí”.

Y aquí entra en juego la aceptación del espectador ante estas herramientas. “Desde hace más de una década estas tecnologías comenzaron a infiltrarse en el sistema artístico, lo que les ha permitido una recepción buena en diferentes lugares. No sé qué tanto en México trabajos así han sido vistos. Pero al menos el de Meiser, en Guadalajara será la primera vez que haya una interacción del público con ello (tal cual viene la exposición a la ciudad, es única). Y seguramente habrá quienes tengan más o menos apertura a la inclusión de algunas piezas en las que no hay intervención humana”. Pero cree que es “inoperante” que se cuestione si es arte o no por el tiempo en que vivimos, y porque las ideas se pueden hacer tangibles independientemente del medio, además de que no se debe acotar a una sola definición del arte.

Respecto a qué tanto interés hay en la academia sobre la utilización de diferentes tecnologías para el arte, Bastardo considera que en primer lugar debería haber un libre tránsito entre los diferentes campus universitarios para que los alumnos puedan usar las herramientas que consideren necesarias para su proyecto. Ya que no es así, lamenta que todo se reduzca a la “enseñanza tradicional que es un modelo de treinta o cuarenta años atrás. No es malo que se dé lo convencional, pero la inclusión es primordial, y como no se tiene mucho, es uno de los motivos porque se trae la muestra de Joe. Se deben gestar ideas en el núcleo artístico que puedan permear a otras áreas del conocimiento en las que las ciencias puedan participar con el arte, para que haya una explosión de ello, y mayor gama de posibilidades”.

Si esto no se ha logrado, en parte se debe también a que en México hay un “arraigo a revisar el pasado artístico distante o ajeno”, a diferencia de otros países donde se confronta a los individuos —sean estudiantes o público— con su pasado inmediato. Tal hecho podría en cierta medida proporcionar una identidad a los receptores, así que sobre el cuestionamiento de cuánto de ello se consigue con la obra de Meiser que a la vez tiene elementos de universalidad, Bastardo dice que “la identidad en México ha sido obligada por recurrir constantemente a la misma iconografía, diálogos, modos de hacer e interacción con el entorno. La inclusión de los ordenadores que ahora están más al alcance de todos sí puede afectar la identidad, por introducir elementos diferentes en el discurso del arte”. Porque al final estas ideas, y la creación de piezas en las que puede estar presente la mano del hombre o ser anulada por completo, así como el uso de materiales que tradicionalmente se conciben más para uso industrial que de las artes, remite a las preguntas de “¿Qué es esto y qué soy yo?”.