Javier Moreno

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En entrevista con este semanario, Javier Moreno, director del diario con más de 30 años de historia, habla del reciente cambio en el formato y diseño del periódico, de “salvar” al periodismo con el uso de las nuevas tecnologías y del papel que la prensa juega en la consolidación democrática.

¿Por qué cambiar el diseño de El País?
Lo decidimos por responsabilidad con nosotros mismos. Porque estamos convencidos de que cambiar y adaptarnos a las necesidades de nuestros lectores de ahora, y sobre todo de las necesidades futuras de los próximos 10 o 15 años del periódico, era fundamental para seguir jugando el papel que ha jugado el periódico desde su nacimiento en 1976: vertebrar el debate democrático en España y contribuir a una sociedad más igualitaria, justa, abierta, más plural y tolerante.
Para ello era necesario seguir manteniendo esa conexión con nuestros lectores, que están cambiando rápidamente, igual que está cambiando España y los modos en los que nos relacionamos. La tecnología lo ha revolucionado todo. Estamos inmersos en un cambio tan acelerado, que llegamos a la conclusión de que el periódico tenía que cambiar si quiere seguir manteniendo ese papel.

¿Cómo ha logrado El País ser un periódico imparcial?
El País es imparcial, pero no equidistante. Es un periódico que tiene un modelo de sociedad muy claro, que sabe lo que prefiere para los ciudadanos españoles y también para los de otros países. Es un modelo que defendemos con ahínco, independientemente de los gobiernos. Eso no quiere decir que seamos un periódico de partido, ni que nos dé igual qué partido gobierne.
Las opciones que ha defendido el periódico en su historia se pueden identificar como de centro-izquierda. No tenemos ningún problema en decirlo. Que ese modelo de sociedad se haya identificado o coincidido con las opciones que defiende el Partido Socialista Obrero Español, no es óbice para que El País sea independiente. No somos un periódico de partido ni que defienda al gobierno socialista por ser socialista. ¿Cómo se hace eso? Pues defendiéndose de las presiones que todos los gobiernos ejercen -los de derecha e izquierda-, porque desean ver mejor reflejada, en su opinión, sus acciones de gobierno. Ha habido gobiernos de derecha -el primero del señor Aznar-, que llevó esta presión hasta un punto que no es tolerable democráticamente, porque intentó acabar con El País y con el grupo que lo sustenta.

¿De qué manera periódicos como El País contribuyen a generar sociedades democráticas, en donde las personas no crean que la democracia consiste en solo votar?
Ese es el punto clave. La democracia no consiste en votar y punto. El que se produzca una elección no permite concluir inmediatamente que el sistema es democrático en su totalidad. Para ello hacen falta más cosas: respeto a las minorías, tribunales independientes, instituciones que funcionen, organismos reguladores que hagan cumplir la ley. Eso es lo que define la calidad de la democracia.
En construir y elevar el nivel de la democracia juegan un papel fundamental la prensa y el periodismo. Esto puede ser de varias maneras. Una de éstas es llevar a los lectores los hechos. Si no fuese por los periódicos, no llegarían a los ciudadanos, información imprescindible para formarse un criterio. La segunda es sirviendo como banco de pruebas, como espacio común compartido, como foro democrático para debatir y someter a contradicción las ideas y modelos que se proponen, y, por tanto, avanzar de forma consistente y respetuosa con el derecho y la voluntad de los ciudadanos.

¿Hay temas tabú en España? ¿El acoso contra la revista El Jueves habla de que la monarquía continúa siendo intocable?
Creo que la caricatura del príncipe (Felipe de Borbón) es un buen ejemplo de que no existen esos tabúes. La revista la publicó. La reacción de la fiscalía fue desmesurada, excesiva, obsoleta. Además, llegó cuando la revista ya estaba en los kioscos. En términos de difusión en medios electrónicos fue imposible pararla. Al contrario, contribuyó a su distribución, porque a los pocos minutos que se supiera que la fiscalía había ordenado la retirada de las revistas de los kioscos, esa caricatura estaba en los buzones electrónicos de toda España.
(…) Pero (el caso) revela algunas cosas preocupantes: primero que todo, (el juicio) se ha dado dentro de la legislación actual, que considera el delito de injurias a la corona, que creo debería suprimirse. No sé si tuvo sentido cuando lo introdujeron en el código penal, pero ahora no tiene ya ningún sentido. De hecho el periódico ha abogado por su supresión, en editoriales sobre el tema.
Lo que prueba es que hay leyes obsoletas, actuaciones de la justicia un poco excesivas. Creo que hay que corregir ciertos aspectos en la legislación, pero queda patente que no hay un tabú, ni siquiera en la monarquía.

El País fue uno de los primeros medios en incorporar un defensor del lector y un reglamento de la redacción. ¿Qué experiencia les ha dejado en la relación con sus lectores?
Para nosotros es un motivo de orgullo que la redacción esté dotada de un estatuto que regule los procedimientos, las relaciones con la dirección del periódico (…) y, por tanto, estos principios estén asumidos por la redacción como colectivo. Eso asegura un trabajo profesional.
Es un contrato en el que uno puede leer las condiciones, leer el producto y decir “no me están cumpliendo lo que me ofrecieron”. Un periódico en última instancia es un contrato entre los lectores y los periodistas, una mirada compartida, como me gusta decirlo.
¿Cómo pasar de la edición impresa a la online?
Cuando abrimos la página web de El País, en mayo de 1996, fue con entusiasmo, pero nadie sabía bien a dónde iba. En aquellos momentos se pensó -y es lo que hacia todo el mundo-, que el periódico en la web era simplemente volcar los contenidos impresos y no se imaginaba uno la cantidad de información adicional que se podía aportar y cómo tratar eso: desde videos, audios, gráficos animados, enlaces con otros sitios de documentación (…), un mundo de posibilidades fabulosas que el periodismo tiene que aprovechar, y seguir siendo el foro donde los ciudadanos debatan democráticamente lo que quieren para sus sociedades, para ese debate que metafóricamente los periódicos en papel han desempeñado en los últimos 200 años. De verdad, cuando vamos a ver todas las posibilidades de eso, pensamos en internet.

¿Cómo evitar que el material online rebase a la edición impresa?
Es una pregunta que nos hacemos todos los días. Lo decidimos caso a caso. No hay un criterio, no puede haberlo. El periódico es algo demasiado artesanal como para tener un vademécum de actuación y de qué hacer en cada caso.
Hay exclusivas que nosotros llamamos “de los cinco minutos”. Son notas que sabemos que por la tarde serán un comunicado o una declaración que ya manejan los otros medios. En eso no dudamos y los colocamos en la web. Hay unas muy elaboradas, imposibles de replicar por otros medios, que no dudamos en poner en internet. Otras fácilmente publicables y que mantenemos hasta el día siguiente en papel.
Se decide caso a caso. No hay, ni creo que lo haya, un listado de cuándo poner o cuándo no. Eso es lo que hemos venido haciendo los periodistas siempre: decidir caso a caso. Esto es un oficio, no es una ciencia.

Javier Darío Restrepo dijo a este semanario que los periodistas deben volverse indispensables ante las nuevas tecnologías…
Estoy totalmente de acuerdo. No tengo ninguna duda de que esto es así. Internet no va a ser la puntilla de los periódicos, sino la salvación del periodismo. Si uno entiende por periódico el papel (en el que está impreso), pues es posible que sí, porque un chaval de 10 años o 12, que juega con el play (station, un juego) y que su mundo es internet y los ordenadores, no sé porque, cuando crezca, tenga que comprar el periódico en papel. A lo que sí aspiro es a que lea El País en internet. No sé si eso es salvar los periódicos, pero al periodismo sí lo salvará.
Como yo lo entiendo, los periódicos no vienen definidos por el papel, sino que un periódico son sus recursos, sus periodistas, sus valores, la mirada compartida con los lectores. Lo que hay ahí también es un periódico. Por tanto, creo que el futuro de los periódicos está en internet.

Hay quienes creen que los periodistas ahora tienen que ser multimedia. ¿Los de El País poseen estas habilidades?
Hemos procurado no convertir (la pagina electrónica) en un circo multimedia. Una redacción es un todo, un equilibrio, un ecosistema delicado que se puede destruir, lo que perjudica su carácter. Lo que hacemos en la web, por ejemplo, es con una base de actuación voluntaria. Hay jóvenes periodistas que tienen más experiencia o que colaboran con colegas de la redacción, en base a una mutua confianza y ayuda. No forzamos a nadie a que vaya a una entrevista con un video y lo edite a la vez.

Muchos medios exigen eso a sus reporteros…
Nosotros no lo estamos haciendo y no creemos que suceda de momento. Otra cosa es que dentro de unos años empiecen a aparecer periodistas capaces de hacer todo, que quieren preparar un gran reportaje en el periódico del domingo, una entrevista con un escritor para Babelia y al mismo tiempo grabar imágenes y elaborar un corto creativo e interesante. Eso está bien, pero no vamos a pretender ahora que todo el mundo sepa hacerlo todo.

¿Cuáles periódicos destacaría de América Latina y de México?
Aquí (en México) hay grandes periódicos. Creo que falta un gran periódico nacional que, desde el punto de vista de atención a los temas, de distribución, de formación del espíritu, represente a todo México. Es una asignatura pendiente. El debate democrático, el fortalecimiento del sistema político de México ganaría mucho con periódicos que jugasen ese papel.
A pesar de eso sigue habiendo grandes periódicos en el DF y en Guadalajara: Público es uno de ellos. En el DF: Excélsior, El Universal, Reforma y La Jornada.
En toda América Latina hay periódicos de una tradición excelente y extensa, desde Clarín o La Nación, en Argentina; El Mercurio, en Chile; en Colombia, El Tiempo, El Espectador, que aunque ahora es semanal, fue en el que Gabriel García Márquez empezó a escribir.

¿Qué opinión le merece el periodismo hecho en México y en Latinoamérica?
La situación es muy distinta en México o en Argentina o Colombia o en otros países más pequeños. Sería difícil englobarlos en una misma valoración. Cada país tiene sus dificultades. México en concreto tiene las suyas: un índice de penetración de periódicos muy bajo y eso está relacionado con la formación de un espacio público de debate.
Tampoco es sorprendente en un país, donde, con todo respeto, han tenido una larga época de gobiernos que se han sucedido a sí mismos en condiciones que, pese a la existencia de votaciones, hay una ausencia de otros elementos que caracterizan la calidad de la democracia, que se podría calificar como una democracia no perfecta y por tanto, el correlato objetivo de esto es la debilidad del conjunto de los periódicos como foro de debate.
Eso está cambiando. Creo que la elección de Felipe Calderón, con todos los problemas que ha habido y los pronunciamientos del IFE y del Tribunal (Federal Electoral), fue una elección democrática con todas las pegas. La de Vicente Fox también. Creo que México está yendo claramente en la dirección de fortalecimiento de las instituciones democráticas, de los organismos y de todos los elementos de la calidad de la democracia y por tanto, la prensa también está en ese camino. Creo que es un buen camino.
No estaban en esta situación tan buena hace 20 años, ni el país políticamente hablando, ni la prensa, con lo cual se refuerza mi teoría de que son dos elementos conjuntos, interrelacionados y que, cuando estamos hablando de mejorar los periódicos y ponerlos al servicio de los ciudadanos, de verdad lo que estamos hablando es de fortalecer la democracia.