Hidalgo en Guadalajara. La Iglesia católica ante la independencia de México

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A muchos jaliscienses nos extrañó saber que de los recursos destinados a los festejos del Bicentenario del inicio de la guerra de independencia y el centenario de la Revolución, estuvieran considerados apoyos para la conservación de la catedral, no porque no deba mantenerse en buen estado, pues como parte de nuestro patrimonio histórico y como símbolo de la identidad de nuestra ciudad, es un edificio que debe cuidarse, y por lo tanto dedicar recursos a ese propósito.
Lo extraño es que sea parte de las celebraciones de un movimiento social al que la iglesia católica se opuso, en especial a insurgentes que como Hidalgo y Morelos, representaban peligro para los poderosos aliados a la jerarquía eclesiástica, aunque ya no cuando estos mismos grupos optan por la independencia porque los cambios que se dieron en España, ya liberada de los franceses y con directrices más liberales, atentaban contra sus intereses.
Después de la derrota de Aculco, Hidalgo llega a Guadalajara el 26 de noviembre de 1810, con más de siete mil hombres. Aquí organiza el primer gobierno independiente y el 6 de diciembre expidió el decreto que ordenó la abolición de la esclavitud, derogó los tributos que pagaban las castas y las contribuciones de los indígenas y ordenó la publicación del Despertador Americano, primer periódico del movimiento insurgente. Decretos que tendrían poco efecto, por la pronta derrota y retirada de la insurgencia.
Mientras tanto, las tropas de Allende, derrotadas en Guanajuato, llegan a Guadalajara para unirse al ejército de Hidalgo. Luego llegaron los realistas y vencieron a los insurgentes el 17 de enero de 1811, en Puente de Calderón. Abatidos, Miguel Hidalgo con su gente se dirigió a Zacatecas y posteriormente a Chihuahua, donde es condenado a muerte, junto con otros insurgentes.
Recordar estos hechos nos conduce a varias interrogantes: ¿Cuál movimiento de independencia celebraremos los mexicanos? ¿El representado por Hidalgo, Morelos, Mina, Torres, Mercado, Guerrero, Matías Monteagudo o Iturbide? ¿Cuál celebrará la jerarquía católica? ¿O debieran esperarse al 2021, para festejar el bicentenario del triunfo de sus aliados? ¿Esperarán dos años más para celebrar la coronación de Iturbide? O como ocurrió hace doscientos años, ¿unos clérigos participarán en unos festejos y otros en otros?
Con respecto a la participación de la iglesia en ese tiempo, recordemos que Cabañas, entonces obispo de Guadalajara, condena la insurrección de Hidalgo y forma un regimiento integrado con sacerdotes y otras personas (lo que no demerita su filantrópica obra del Hospicio), pero al final participa en la coronación de Iturbide, con cuya propuesta de independencia y nación monárquica sí coincide.
Abad y Quepo, obispo de Michoacán, dicta la excomunión contra Hidalgo: “… como obispo electo y gobernador de esta mitra, declaro que el referido don Miguel Hidalgo, cura de Dolores y sus secuaces,… son perturbadores del orden público, seductores del pueblo, sacrílegos perjuros, y que han incurrido en la excomunión mayor”. La oposición del Vaticano contra la insurgencia americana se manifiesta en la encíclica: Etsi longissimo terrarum, dada por el papa Pío VII en 1816, que declara: “Y como sea uno de sus hermosos y principales preceptos [de la religión] el que prescribe la sumisión a las autoridades superiores, no dudamos que en las conmociones de esos países, que tan amargas han sido para nuestro corazón, no habréis cesado de inspirar a vuestra grey el justo y firme odio con que debe mirarlas”.
Ya derrotado Hidalgo, para que fuera fusilado como un seglar, la iglesia lo degrada de su carácter sacerdotal en Chihuahua, en un ritual en que le quitan el cáliz y la hostia, le raspan con un cuchillo la cabeza, las palmas y los dedos de las manos que habían tocado la hostia y los vasos sagrados, le despojan de los ornamentos sacerdotales y lo entregan a los realistas para su fusilamiento.
Entre los diferentes motivos que se pueden aducir para celebrar la independencia, ¿qué tendremos en común? ¿Qué hechos nos parecen dignos de festejo? ¿Habrá algo en común o cada quien se alegrará por lo suyo? Unos por la sublevación de Dolores, la abolición de la esclavitud y la eliminación de estancos y alcabalas, pero otros por la tortura, la excomunión y el fusilamiento de Hidalgo.
La iglesia católica no es en modo alguno un bloque monolítico. Incluso podemos verla como una convivencia de diversas visiones religiosas y posturas ideológicas a su interior, lo que en cierta forma le ha permitido su larga duración. Esto fue evidente durante la guerra de independencia, en que vemos al clero militando en distintos bandos. Así Hidalgo, Mercado, Morelos y otros curas dirigieron grupos insurgentes, mientras que otros, como Queipo, Cabañas y Monteagudo, defendieron los intereses de los peninsulares y el Vaticano. Esta diversidad de posturas continúa y sin duda se reflejará con motivo de las celebraciones.
Entre los modos de recordar el movimiento de independencia que podrían verse por parte de la iglesia católica, están: asumir las acciones realizadas en ese tiempo, justificar su actitud y acciones, realizar actos de contrición y arrepentimiento o poner en práctica algunos de los ideales del movimiento insurgente, como la democracia, la libertad o la eliminación de privilegios.
Con respecto a los recursos para el bicentenario, quizá una solución justa sería: “A Dios lo que es de Dios y al césar lo que es del césar”. Pero quedaría la duda ¿y qué para quienes no son dioses ni césares?