Generación C

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La crisis económica a escala mundial muestra sus primeras consecuencias. Aumenta el desempleo y disminuye el poder adquisitivo. Estos no son los únicos problemas que se avecinan: el incremento del trabajo informal y de la delincuencia serán una constante en las próximas generaciones.
Investigadores locales, nacionales y extranjeros pronostican que la piratería, el trabajo informal, el narcotráfico y la delincuencia organizada serán una salida a la precariedad. La transformación de las coordenadas éticas provocará que los jóvenes busquen dinero mediante cualquier actividad, por lo que la delincuencia podría crecer si las autoridades no implementan políticas de juventud y de desarrollo social.
La investigadora del Departamento de Estudios Socioculturales del ITESO, Rossana Reguillo, señaló que los menores de 18 años son “carne de cañón para el narcotráfico”, por lo que estos grupos podrían dirigir esfuerzos para incorporar a jóvenes a sus filas y convertirlos en sicarios o narcomenudistas a cambio de ese ingreso económico que buscan. “Lo que puede detectarse en este momento es una extrema vulnerabilidad de los jóvenes en el sentido de que se han convertido en algunos países de América Latina, y de manera muy especial en México, en ‘carne de cañón’ para el narcotráfico. El narco recluta a sus sicarios, a sus soldados más sacrificables de entre las filas de los jóvenes más precarizados de los barrios populares. Se está produciendo un fenómeno el cuál apenas estamos pudiendo entender de qué está hecho”.
Los jóvenes con escasa educación son los más afectados. Reguillo, quien también es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), dijo que “esto ha llevado a muchos jóvenes de sectores especialmente urbano-populares y también semiurbanos a buscar mecanismos de acceso y de adscripción a la sociedad de múltiples maneras. Entonces ahí vamos a encontrar cómo se ha incrementado, por ejemplo, la participación de los jóvenes en el mercado de la piratería”.
José Antonio Pérez Islas, investigador del Seminario de Educación Superior de la UNAM, dijo que las generaciones actuales ven con normalidad situaciones riesgosas como la delincuencia, por lo que para algunos resulta igual trabajar en cierta empresa que en las drogas. “Esta es una generación que nació en el riesgo y en la crisis. Los jóvenes actualmente están mejor adaptados a las situaciones de riesgo, por lo tanto nuestra preocupación debería ser educarlos en el riesgo y no protegerlos del riesgo. La actual crisis tiene efectos como que se cambian las coordenadas éticas, entonces, trabajar para el narcotráfico o trabajar para otra empresa, en algunos casos pudiera ser lo mismo, no se cuestiona. Muchos jóvenes juegan en este doble papel”.
La educación debe tener por objetivo disminuir la pobreza, pero el resultado ha sido el contrario: la ha perpetuado, opina el investigador de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Martín Hoppenhayn. “Un problema particular que viven los jóvenes es el eslabón que vincula la educación con el empleo o el tránsito de la adquisición de capacidades al acceso a oportunidades. La educación está súper segmentada. Nos encontramos hoy día que la educación en los jóvenes no está surtiendo un efecto de reducir la pobreza de una generación a la siguiente, sino de perpetuarla, lo cual resulta muy inquietante sobre todo en sociedades como las nuestras que están marcadas por niveles altísimos de desigualdad”.
Es grave que la incidencia del desempleo entre los jóvenes es 2.5 veces mayor a la incidencia del desempleo en los adultos, por lo que la juventud tiene unas barreras inmensas de acceso al mercado laboral, comparado con los adultos. “La inserción de los jóvenes en el campo laboral es mucho más precaria, con niveles más bajos de productividad y sin ninguna protección social”, destacó Hoppenhayn.
Para Rossana Reguillo, la solución a la crisis económica no puede ser un paliativo: “Tiene que ser una decisión política condensada entre poderes y ciudadanía de cuál es el modelo económico que queremos para el futuro. Puedes intervenir y poner una fábrica en una zona paupérrima o aumentar el número de escuelas, hacer pequeñas inversiones en estos lugares, pero los datos están claros: capital escolar no se traduce necesariamente en acceso a empleos adeudados. Esto va a agudizarse de no revertirse este modelo y vamos a ir viendo como esto se va a agravar y la solución del ‘sálvese quien pueda’ en términos económicos le va a pegar a los jóvenes”.
Sin embargo, el panorama de las repercusiones en los jóvenes de la crisis económica no es del todo negativo. El director de la División de gestión empresarial del Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas (CUCEA), Adrián de León Arias, sugiere fortalecer el desarrollo empresarial juvenil. “Un efecto positivo es que los jóvenes y los estudiantes podrían motivarse a desarrollar sus propias empresas. Habría que buscar una coordinación con todos los sectores que promueven el desarrollo empresarial como los municipios, el gobierno del estado y las universidades para ofrecer verdaderos programas de desarrollo empresarial”. El universitario enfatizó que lo ideal es que se creen empresas que apoyen la solución de necesidades y no sólo busquen crear empleos. Cuando los jóvenes no tienen capacidad económica para establecer su propia empresa, pueden optar por continuar preparándose académicamente con cursos de desarrollo empresarial.
En la actualidad, los jóvenes en Iberoamérica están desatendidos socialmente. Son la llamada “Generación de la crisis”, porque nacieron en un periodo en el que el consumismo y la mercadotecnia están presentes en la construcción de sus realidades pero con menor poder adquisitivo. Ellos piensan que se avecinan tiempos difíciles.

LOS JÓVENES Y LA CRISIS…

“Me ha afectado más en ponerme nerviosa. No he tenido ninguna repercusión económica, pero me siento muy nerviosa por lo que va a venir, todo el tiempo estás pensando en que tienes que guardar dinero, que tal vez va a desaparecer del banco o que no sabemos si nos vamos a estar muriendo de hambre el próximo año. He dejado de comprar cosas y he tratado de ahorrar lo más posible e incluso de no salir. Estoy previniendo porque no sé lo que va a pasar”.Jackelyne, empleada, 29 años

“He sentido consecuencias de la crisis porque dependemos de una tía que está en Estados Unidos, ella tiene la crisis allá y le dan menos horas de trabajo y pues son menos ingresos para nosotros aquí. Nuestros ingresos se han reducido un 30 por ciento, he dejado de comprar por ejemplo ropa y cosas necesarias, porque cosas lujosas no te vas a comprar”.Efraín, estudiante, 20 años

“La crisis me ha afectado mucho, tengo un bebé y todo sale muy caro. No sé cuánto ha aumentado pero ya no me alcanza, eso es un hecho. Como padre de familia tengo que buscar otra opción, yo me dedicaría al comercio informal pero la delincuencia es el otro camino ya que te ofrece una solución, ciertamente la delincuencia es una solución, no la correcta pero es la opción que queda, no te queda de otra, tu sabrás si quieres batallarle o no”.
Víctor, empleado, 33 años

“Aún no siento que me afecte la crisis, pero el bolillo ya lo subieron. El próximo año veo que va a ser medio pesado por lo que se dice pero a lo mejor están haciendo más grande el asunto, como de pánico… pero por si las dudas hay que ahorrar y no endeudarse, puesto que si no hay lugar dónde trabajar, ¿qué vamos a hacer?”
Erika, madre soltera, 32 años

“La crisis me afecta porque uno ya termina su carrera y quiere empezar a tener sus propias cosas y sin tener un trabajo estable y un ingreso económico no puedes tener esa seguridad para empezar con tus propios gastos. En mi familia ha repercutido mucho la crisis, ya no te dan el mismo dinero por que tienen que seguir pagando las mismas cuentas. Espero que haya más empleo para los chavos que salen de una carrera y quieren empezar a ser independientes”.
Sandra, estudiante, 21 años