Eunice Adorno

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Siempre con un pequeño temblor en los pies, a punto de tomar una nota, marcar un número, contestar una llamada, responder un correo, decidir lo que sigue en la agenda, llegar, irse, hablar, hablar, hablar: un día común de Eunice Adorno apenas tiene espacio para habitar por unos segundos una mesa de café, aunque sin café (“Acabo de comer”) y hacer una conversación de garganta cansada de tanto uso desde el mediodía, y ya casi no queda luz en la tarde nublada, tras las ventanas de la librería Rosario Castellanos. Pero no importa la prisa, porque el suyo es el arte del instante: la fotografía, en cuyo ejercicio empezó por lo alto, en la agencia Cuarto Oscuro, y con el que ha logrado dos veces la beca del Fonca, así como el Premio Fernando Benítez de periodismo cultural en 2010, con la serie Mujeres flores, sobre la vida cotidiana de mujeres menonitas en Durango y que ahora es también un libro, editado por La Fábrica.

Lugares
Tengo dos vidas: nací en la Ciudad de México, pero chica me fui a vivir a Cuernavaca. Ahí hice mi infancia, mi adolescencia; pero también siempre he vivido en el DF. Voy y vengo, y cuando vengo tengo tantas cosas que hacer, que no paro y no alcanzo. También viajo mucho: a veces por trabajo, por exposiciones o por simple visita. Este año me tocó ir al Amazonas, a Alemania por un festival de fotografía y recientemente estuvo lo de la residencia en Nueva York. La cosa es que siempre alargo los viajes, un mes, dos meses… es que allá afuera tengo muchas cosas que me gusta ver: amigos…, tengo más vidas allá. Por eso siempre que hay una oportunidad, me voy.

Prisa
No, no tengo tiempo para estar actualizando algo como Instagram. Y no tengo teléfono inteligente: los pierdo mucho. Por eso tengo que estar revisando el correo constantemente, y es un lío. De hecho tengo abandonado mi blog [desde febrero], porque no dispongo de tiempo.

Proyectos
Ahora estoy en la etapa de iniciar muchas cosas nuevas. De explorar y tener muchas dudas. No me gustaría hablar mucho de ello, porque no soy una especialista ni una investigadora de antropología ni nada por el estilo, además de que todo es tan vago todavía, que sólo se me revolvería. Pero en general es seguir con el tema del Norte, que es un lugar tan lejano y tan diferente para la gente del centro, como yo. Sus paisajes actuales. Pero también me llaman la atención los planetarios, los jardines botánicos, los aviarios, los acuarios… lugares para la conservación, pero también para la observación y el contacto, por lo que necesariamente hay una adaptación para el espectador.

Máquina
Hay diferentes conexiones con las imágenes, diferentes actitudes y procesos. Está el fotoperiodismo, de la calle, la noticia y el espíritu social, que ya pasé por eso; o lo que hago ahora, que son reportajes más a largo plazo, más pausados y documentales. También están quienes hacen proyectos de arte muchísimo más abiertos y en los que trabajan con otros registros, textos, discursos… Hay diferentes materiales e interpretaciones y me parece que todos son válidos, incluso los más virtuales o tecnológicos. No creo que esta facilidad de la tecnología y de que cualquiera pueda hacer foto, sea motivo. Existen la cámara y el filme, pero ahora también la multmedia y el video. Ya no hay manera de ver el arte como otra cosa. Hoy la tecnología va de la mano con éste: no hay vuelta atrás. Pero la máquina y la tecnología no reemplazan el talento, sino que son un medio para la utilización del mismo.