Energías renovables vs. combustibles fósiles

En México, pese a los acuerdos internacionales para reducir las emisiones, se están adoptando medidas que apuntan hacia el detrimento del medio ambiente y que se ha demostrado que impactan en la salud de los ciudadanos

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En México la necesidad de promover energías limpias tiene distintas implicaciones, dado que más del 90% de la energía se genera mediante combustibles fósiles y el impacto de esta medida se refleja en el ámbito social, económico, ambiental y de la salud.

Por una parte, se reconoce el nivel de la pobreza energética en los hogares del país, a partir de los datos que identifica el organismo Greenpeace, donde se dice que más del 40% de familias no cuentan con el recurso energético necesario para cubrir sus necesidades básicas[1], lo que conlleva buscar alternativas para cumplir con la suficiencia energética de manera sostenible.

Este mismo organismo y el Centro de Investigación en Energía y Aire Limpio (CREA), elaboraron un estudio sobre los costos económicos y de salud del uso de combustibles fósiles, donde señalan que aproximadamente 4.5 millones de muertes prematuras al año en el mundo son atribuidas a la contaminación atmosférica ocasionada por la quema de combustibles fósiles, principalmente por carbón, petróleo y gas. El costo de ésta contaminación es de 2.9 billones de dólares al año, que representa el 3.3% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial[2].

Por otra parte, ante el cambio climático y los compromisos pactados a nivel internacional para encaminar los esfuerzos de alcanzar un calentamiento global menor a 2 grados centígrados para el año 2050, los combustibles fósiles se convierten en una amenaza para su cumplimiento, dado que el aumento en la demanda cada vez es mayor.

En este sentido, la generación de energías renovables ya sea solar fotovoltaica, eólica o bioenergía, entre otras, es una opción viable económicamente y sustentable en un país como México, donde el clima es uno los mejores aliados para su producción.

Foster y Elzinga (s.f.) señalan que el 80% de la demanda de energía en el mundo se satisface mediante los combustibles fósiles y el sistema energético genera dos tercios de las emisiones globales de CO2. De mantenerse la proporción actual de combustibles fósiles, y si la demanda se duplica para el año 2050, las emisiones superarán la cantidad de carbono que se puede emitir.

Dichos autores reconocen la reducción de los precios y del impacto medioambiental de la generación de energía eólica o solar fotovoltaica para el sistema eléctrico mundial, aunque advierten que no se puede esperar que estas energías tengan la capacidad para sustituir en su totalidad a los combustibles fósiles, tal es el caso de la producción de cemento y acero, donde las tecnologías alternativas no están disponibles a la escala necesaria, requerida para su producción.

Señalan que la apuesta sería aplicar la técnica de “secuestro de carbono”, que reduciría las emisiones en un 16% anual para el 2050. Estos esfuerzos permitirían combinar la energía proveniente de los combustibles fósiles y la generada mediante las energías limpias, lo que ocasionarían un menor daño ecológico[3], ya que las energías renovables son un medio eficaz para reducir la emisión de gases de efecto invernadero.

El compromiso de México, establecido como meta en la Ley de Transición Energética sobre la generación de energías limpias, es alcanzar en 2024 el 35% del total de la generación eléctrica y para el 2050 el 50%. Estas metas se ven lejos de lograr ante la posición del gobierno federal por continuar la insostenible apuesta por los combustibles fósiles.

Una muestra de ello es el análisis que realiza Greenpeace del proyecto de presupuesto de egresos 2021, donde se observa que el 11.6% de los recursos se dirigen a la explotación de hidrocarburos y 1.1% están asignados para atender el cambio climático; sin embargo, de estos recursos etiquetados para el cambio climático, más del 70% se dirige a transporte de gas natural, actividad que genera emisiones que causan el calentamiento global, mientras que desde el presupuesto de la Comisión Federal de Electricidad se considera solo el 0.3% para proyectos de inversión de energías renovables[4].

Además, se establecieron nuevas reglas para la intervención del sector privado en la generación de éste tipo de energía. La situación es compleja, en un clima de incertidumbre, donde no se ve por ninguna parte el beneficio que tendrá la sociedad con la adopción de medidas que apuntan hacia el detrimento del medio ambiente y que se ha demostrado que impacta en la salud de los ciudadanos, es necesario alzar la voz.

NOTAS

[1] Greenpeace (2020). ¿Cuál es el potencial de México en energía renovable? Recuperado el 27 de octubre de 2020 en: https://www.greenpeace.org/mexico/blog/8329/cual-es-el-potencial-de-mexico-en-energia-renovable/

[2] Greenpeace (2020). Aire tóxico. El precio de los combustibles fósiles. Recuperado el 28 de octubre de 2020 en: https://es.greenpeace.org/es/wp-content/uploads/sites/3/2020/02/GP-Toxic-Air-Briefing-Spain.pdf

[3] Foster S. y Elzinga D. (s.f.). El papel de los combustibles fósiles en un sistema energético sostenible. Recuperado el 27 de octubre de 2020 en: https://www.un.org/es/chronicle/article/el-papel-de-los-combustibles-fosiles-en-un-sistema-energetico-sostenible

[4] Greenpeace (2020). El futuro no es una prioridad: el proyecto de presupuesto para 2021 ajeno a la emergencia climática. Recuperado el 28 de octubre de 2020 en: https://www.greenpeace.org/mexico/noticia/9079/el-futuro-no-es-una-prioridad-el-proyecto-de-presupuesto-para-2021-ajeno-a-la-emergencia-climatica/