El universo en un poema

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Franc Ducros, crítico literario y poeta francés, inauguró la semana pasada la maestría en Literatura comparada con el curso “Reflexiones sobre Dante y la Divina Comedia”. El lunes por la tarde comenzó la primera de dos sesiones en una sala blanca, luminosa y larga de Casa Cortázar, donde el saludo de Ducros a los casi 40 asistentes se perdió en el aire para los de las sillas más lejanas. Se disculpó por las deficiencias de su español y se adentró en el tema en su lengua natal. A su lado tomaba notas y traducía cada frase Dulce María Zúñiga, directora del Departamento de estudios literarios.
Antes de llegar a Dante, la conferencia recorrió el camino que, según el también profesor emérito de la Universidad Paul Valéry en Montpellier, anuncia los motivos, los fondos y la poesía en torno a su mítica amada, Beatriz. Mientras explicaba que los cantos de Guido Cavalcanti anteceden a los de Dante como Juan el Bautista antecedió a Jesús o como la flor del almendro antecede a la primavera, la charla se intercalaba con la lectura de algunos textos en provenzal, cuya pronunciación y sintaxis se parece en tal modo al español, que Ducros se deslizaba con toda naturalidad a nuestra lengua y continuaba así hilando ideas.
“La Divina Comedia declaró a la lengua vulgar capaz de decir lo que sólo el latín podía decir, declaró a la poesía capaz de lo que sólo la teología podía explicar: en ella se transcribe el universo, todos los espacios, todos los tiempos, todas las cosas se corresponden”. Y sin embargo, dijo, es un relato personal. Con esta idea de perfecta unidad se explica el hecho de que no exista una tradición literaria que le siga.
Al día siguiente, con la autoridad adquirida desde que en 1993 publicó unas Claves poéticas de La Divina Comedia, Ducros habló alternativamente del tema de la numerología simbólica (tres veces 33 cantos y uno más para concluir), de los símbolos y significados que alberga la figura de Beatriz, pasando por el Infierno como ciudad doliente, una Florencia que con la muerte de su dama se ha quedado sin gracia.
Terminó pronto la charla, esta vez para resolver algunas dudas sobre la situación política de la época y los trovadores provenzales, sobre la distancia del concepto moderno de ciudad tal como aparece en Baudelaire y Shelley, y sobre la Vida Nueva, que usó durante el curso como referencia para señalar las evoluciones estilísticas, simbólicas y teológicas de la escritura de Dante. Y tras la última pregunta, cuando se cercioró de que no quedaran manos tímidas agazapadas, agradeció la asistencia y se llenó la sala del aplauso discreto del público atento.

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