El pensamiento manual

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Hacia 1904, cuando José Clemente Orozco contaba con veinte años y estando dedicado ya al arte de la pintura, perdería su mano izquierda a consecuencia de un accidente con pólvora. Al verse privado de su extremidad —quisiéralo o no— a Orozco no lo quedó más que empuñar los pinceles con la mano derecha, la cual sublimaría su creación, pese a que la pérdida rondaría para siempre como una presencia fantasmal que guiara a la sobreviviente. Aquel vacío que acechaba flácido entre la vestimenta de Orozco, sería llenado con la obsesión del pintor que a lo largo de su trayectoria se ocuparía en pintar y dibujar manos, en una suerte de exorcismo emocional y lucha de opuestos de habilidades y pensamientos.

Sobre esta idea ensaya Ernesto Lumbreras, en el texto que da nombre a su libro La mano siniestra de José Clemente Orozco. Derivaciones, transbordos y fugas, que bajo el sello de Siglo XXI Editores será presentado este miércoles en el Museo de las Artes de la UdeG.

La idea del libro que ganó el 12° Premio Internacional de Ensayo en 2014, surgió luego de la exposición retrospectiva que se hizo del pintor en 2010 en el Instituto Cultural Cabañas, y en la que colaboró Lumbreras en el catálogo, ya que “me empapé de Orozco, de su legado, y noté que una constante de su obra visual fueron las manos. Más allá de que siempre las pintó con una fuerza expresiva en sus personajes, pero aquí se trataba de manos separadas del brazo, del cuerpo, y que en sí mismas representaban para él un fetiche doblemente simbólico”.

Aunque “la columna vertebral” del volumen es Orozco, en él “participan otros personajes, desde otros ángulos, otras profesiones y otros miradores de reflexión que hablan y dan su testimonio sobre la mano”.

Así como lo plantea en su libro, se aborda el “correlato del imaginario orozquiano”, con “personajes, obras y estudios que han experimentado o analizado, a veces en carne propia, las desgracias de perder una mano […] Por estas páginas desfilarán neurólogos, filósofos, novelistas, escultores, pianistas políticos, mimos, poetas, directores de cine, músicos, pintores, bailarines y hombres y mujeres de otros oficios que se han demorado a la hora de contemplar el lenguaje y las proezas de las manos, intentando desentrañar símbolos y enigmas […] o la perplejidad al descubrir, desde sus áreas de trabajo, los portentos de ese milagro de la anatomía humana”.

A la pregunta de si se puede explicar a cada artista a través de sus manos, Lumbreras dice que “la primera crítica que se le hace a un artista es si sabe o no dibujar manos. Es su reto y examen final. No solamente manos que tengan una verosimilitud objetiva de hiperrealismo. El pintor no compite con la fotografía. Sus manos son las que expresen desde su estética, aunque con cierto apego a la anatomía.

Las manos de Orozco no son de exactitud fotográfica, son expresionistas, y desde esa estética tienen una capacidad de seducción: dicen pero ocultan sobre su vida”.

En el ensayo “El cerebro en forma de mano” de este libro, Lumbreras dice que “el instinto mental devenía de la conciencia de una extremidad curiosa y perseverante. En otras palabras, el primer cerebro registrado en la evolución del hombre no se encontraba en la cavidad craneana sino en esas dos estrellas de cinco puntas de las extremidades superiores […] ¿En dónde quedó nuestra mano pensante una vez que el cerebro creció de tamaño y las diversas partes de su geografía neuronal adquirieron actividades específicas en el funcionamiento del cuerpo humano y de la percepción del mundo? […] Propiciatoria del pensamiento y el lenguaje, se mantiene visible en sus actividades laborales aunque circula, en términos de protagonismos, con la discreción de un obrero que cumple órdenes de ‘allá arriba’. Con ese bajo perfil de diligente operario, la mano puede disponer de tiempo libre para ejercer otras ocupaciones alejadas de la producción y de la usura: el arte, la adivinación, el erotismo, la sanación, la comunicación manual, los juegos de azar, los malabares y un etcétera que no se puede contabilizar con los dedos de ambas manos”.