El frenesí y la nostalgia

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090619 HEY CafŽ Tacuba, en la VFG celebrando sus 20 a–os. Foto: Tonatiuh Figueroa

Los vasos de cerveza llenaban el piso, pisoteados y entre charcos. Algunos se tomaban fotos con el escenario ya vacío, pero todavía vibrante de más de tres horas de Café Tacvba. La Arena VFG se vació pronto cuando se acabó “La chica banda”, el público exhausto de tanto brincar, cantar, gritar y aplaudir: tan satisfechos quedaron que no pidieron otra.
El viaje a través de 20 años de canciones que se han metido tan hondo en más de una generación que el grito de la muchedumbre llegó a ahogar la voz de Rubén, quien empezó con el sonido de una jarana en la penumbra. Las pantallas a los costados del escenario desplegaban una a una fotografías de los tacvbos niños, los tacvbos en la secu, los tacvbos en los volantes de sus primeras tocadas, los tacvbos nunca irreconocibles: llevamos sus fisionomías en el subconsciente.
Y entonces, “El borrego”, “Pinche Juan”, “No controles” y “Alármala de tos”, una explosión de speed metal y punk que puso a todos a saltar con las manos en alto, y las letras en la boca y en los oídos: “Siguióla, jalóla, atacóla, golpeóla, tiróla, patéola, pególa, violóla… con una pistola… Alarma, Alármala de tos…”.
El día siguiente era apenas jueves, pero los jóvenes —muchos, que no habían nacido cuando “Rarotonga” ya hacía bailar a la Delegación Naucalpan— ni pensaban en la escuela, y los exactamente igual se habían desvelado sin importarles las clases a lo largo de la década de los 90, ahora tampoco se preocupaban por la oficina ni el trabajo. Para todos la misma flama se encendió en la garganta mientras gritaban “¡Seremos capaces de bailar por nuestra cuenta, seremos capaces de bailar, seremos capaces de pensar por nuestra cuenta, seremos capaces de pensar!”.
La euforia a lo largo del concierto dibujó una gráfica de altos picos seguidos y precedidos de suaves llanuras que permitían respirar, descansar los tensos músculos de las piernas y susurrar en los oídos “Cómo te extraño mi amor por qué será, me falta todo en la vida si no estás”, o bailar de cachetito, tarareando el uno para el otro: “Yo que era un solitario bailando me quedé sin hablar, mientras tú me fuiste demostrando que el amor es bailar”.
Dos horas habían pasado ya, concentrados en sus primeros dos discos, complaciendo las nostalgias de todos. Alejandro Flores, el quinto tacvbo, ya había lucido su violín, su jarana y su voz con cortes de honda raíz folclórica como “Ojalá que llueva café” y “El aparato”. Se apagaron las luces. Salieron todos del escenario y los gritos y los aplausos se impacientaban desde la pista y las gradas, no del todo llenas. Pasaron cuatro minutos. Aparecieron de nuevo Joselo y Enrique Rangel en la guitarra y el contrabajo eléctrico respectivamente, apareció Meme del Real con sus teclados y melotrón, y después de “El espacio” y “Agua”, Rubén desapareció del tubo de plástico inflable dentro y sobre el cual había cantado, Meme asumió la voz principal y la guitarra para cantar un himno de los tiempos recientes: “Eres”.
Pero los cuatro juntos tomaron el escenario cuando le llegó la hora a su primer EP, el disco-homenaje a Los Tres que usa como título un insulto chileno que les dieron en un viaje por allá, Valle Callampa. Y es que después de “Amor violento” se alinearon todos, uniformados de negro, sin instrumentos, dejando que la música siguiera por sí sola, y ejecutaron completita la ya clásica coreografía del video de “Déjate caer”: swing, disco, caderita, pasito atrás, pasito adelante, macarena, vuelta, onda y patada voladora.
Los ánimos eran inmejorables. Casi ni se había notado. “Las flores” y el pequeño discurso de Rubén sobre las estrellas, la gente que se ha ido, la que no pudo estar ahí, todos nosotros y el infinito, habían sido suficiente para esparcir el ánimo de hermandad, misticismo y buena vibra tan característico del rock mexicano en la década pasada. Rubén tuvo que decirlo: “¿Olvidamos algo?”. Y la dejaron ir, “Ingrata”.
Fue apenas la octava noche de su gira 20 años, 20 ciudades. Venían ya encaminados desde el 3 de julio recorriendo Chile, Argentina, Bolivia y Cuba. El DF los había ovacionado en el Foro Sol el sábado anterior y, apenas un día antes, habían festejando en León. Tijuana y Monterrey se repartieron el fin de semana y todavía les quedan tres ciudades de Estados Unidos, cuatro del sur de América y dos en Europa. ¿Qué pasará después del 25 de julio, cuando Barcelona despida esta gira? Son ya dos años desde la aparición de su último disco, Sino.
¿Qué pasará?